lunes, 4 de enero de 2010

Al matrimonio Kirchner le está pegando muy duro su desatención al clamor social

Por Hugo E. Grimaldi



Es un clásico bien local, más allá de la vigencia universal del viejo refrán español: cada uno pondera la cuestión de acuerdo a como le haya ido en la tienda y en el caso de la Argentina de 2010, la cita servirá tanto para juzgar la acción del Gobierno, como para procesar los fallos de la Justicia.

A la hora de visualizar el año nuevo, todo indica que en estos dos aspectos las tensiones serán cosa de todos los días para los argentinos a quienes, en general, no les gusta perder ni al juego de las bolitas.


Por eso, cada situación que afecta a la comunidad se torna siempre en algo de vida o muerte, en un proceso que pasa primero por todos los filtros de las conveniencias individuales, incluido en primer lugar el bolsillo y luego las desconfianzas subjetivas y los prejuicios ideológicos que están llevando a muchos al descrédito malintencionado o al antisocial expediente de no acatar la Ley.

En materia de imagen gubernamental, el malhumor colectivo, que parte del agobio económico generalizado que potencian de modo irrefrenable la inflación y las fábulas orquestadas en el INDEC por esconderla y por otro lado la falta de apego de un Estado que pretende ser tutor, pero que sólo parece atender las necesidades del poder, mientras se desentiende del clamor social por los temas más urticantes como la seguridad y el empleo, le está pegando muy duro al matrimonio Kirchner.

Esta mezcla entre desatención y mentiras, que buena parte de la sociedad ha procesado como una injuria, ha sido un cóctel explosivo que le ha quitado cada vez más margen de maniobra al Gobierno de Cristina Fernández, mientras su esposo asegura que tiene una imagen positiva de 50 por ciento y que por eso se puede ilusionar con una candidatura.

En cuanto a la reaparición fulgurante de la Justicia como contrapoder de la República, a fines del año anterior, ello parece ser una consecuencia natural del adelanto de las elecciones y del cambio de las mayorías legislativas.

Para encarar el año que se inicia, entonces, deberían agendarse como prioritarias las acciones del Poder Judicial, ya que sus movimientos serán piezas clave del futuro inmediato. En ese aspecto, si bien van a ser muy importantes los hechos políticos que ejecutarán el Gobierno y la oposición en el Congreso, así como decisivas las resoluciones que se tomarán en materia económica o bien para reencauzar la situación social o tal vez para terminar de descarrillar una vez más, no menos vital resultará la acción de la Justicia para que retorne el equilibrio natural de los poderes, en un tiempo en el que todas las decisiones del Ejecutivo bien podrían terminar en los Tribunales.

Las últimas jornadas del año viejo han sido muy claras al respecto, a partir de denuncias opositoras y de varios fallos que han comenzado a marcar la cancha de la política, entre ellos cuatro en contra de los efectos de la Ley de Medios, y a manifestar el conflicto entre los poderes, a los que ya se le han sumado, desde la calle, la discusión, sobre el comportamiento de fiscales y jueces. El más emblemático fue la decisión de cerrar la causa por presunto enriquecimiento ilícito de nada menos que el matrimonio presidencial, algo que hizo zapatear a toda la oposición y opinar a medio país.

Más allá de los peritos que desplazó la propia Corte por no ser confiables, de fiscales que no apelaron y de una conducta poco ortodoxa del juez, nadie puede ser sospechado por ganar dinero, ni mucho menos por declarar todo lo que tiene sin apelar a subterfugios de desviar la propiedad de los activos al exterior o hacia terceros, tal como hicieron los Kirchner.

Esa es su obligación y en todo caso el compromiso resulta mayor debido a quiénes se trata, aunque el principal problema de esa declaración jurada es que hubo valorizaciones fuera de toda lógica, lo que hubiera merecido una explicación de los interesados, al menos para salvar la parte ética.

Por su parte, la Corte -quien había sido interesada por los senadores opositores a que intervenga en temas federales- le ha pedido a la Presidenta que le informe sobre los antecedentes del Decreto 2010, llamado pomposamente Fondo del Bicentenario y habilitó día y hora en medio de la Feria judicial.

En materia de imagen, el matrimonio está convencido que si repite las recetas de 2005 para crecer otra vez a tasas chinas (7 por ciento de mínima), el bolsillo social los premiará nuevamente y así podrán dar pelea hasta el final.

Pese a la extrema voluntad de avanzar como una topadora para recuperar todo el terreno perdido, ya se verá si en esa cruzada los Kirchner son capaces de tirar todo por la borda para sustentar su proyecto personal o si en los últimos metros de la carrera se conformarán con ser buenos ganadores -o aún perdedores- pero siempre dentro del sistema democrático.

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