viernes, 15 de enero de 2010

Existe unanimidad en defender las reservas del País en tanto el gobierno se empeña en arriesgarlas

Por Carlos Manuel Acuña


Hace pocos días dijimos en estas columnas que la crisis desatada por el gobierno crecería de manera exponencial hasta tal punto, que muchos observadores comenzaban a considerar que podía pensarse en un recambio gubernamental -siempre dentro del marco de las instituciones- habida cuenta que papelones aparte, la situación se convertiría en inmanejable y demostrativa de la incompetencia del elenco oficialista.

A medida que transcurren las horas, la evolución de los acontecimientos toma el carácter de un verdadero sainete con su carga de tragicomedia por todo lo que está en juego y ya convirtió en irreversible la profundización del aislamiento internacional de la República y por si hiciera falta, ratificó el desconocimiento técnico -incluso para los temas menores- del que hacen gala los funcionarios kirchneristas.

Desde todo el arco opositor que va desde una izquierda tradicional hasta una cuasi derecha que todavía navega a dos aguas, existe unanimidad en defender las reservas del País en tanto el gobierno se empeña en arriesgarlas con tal de permanecer en el poder y evitar que sus clientes políticos se sumen a las actitudes de protesta que otra vez sacaron a relucir las capuchas y garrotes.

Nuevamente, el economista Agustín Monteverde emitió su diagnóstico negativo sobre la marcha de la economía, en tanto otros analistas del enorme problema creado en la Argentina por sus propias autoridades, coinciden en sus apreciaciones pesimistas, vaticinios concurrentes y el abrumador peso de argumentos que no hacen mella en Cristina. Por lo contrario, la Presidente, con la coherencia de su estilo agresivo y voluntarista y el del ahora silencioso Néstor Carlos, insiste en su postura y se muestra intransigente.


Reunión secreta

Sin embargo, durante la madrugada de anteayer y en secreto, el ministro Julio De Vido, mano derecha del gobierno, pidió al dirigente radical Sanz que actúe como punta de lanza de una tregua para buscar una solución al conflicto que crecía hora a hora y se acentuaba apenas los Tribunales se ponían en marcha.

Según se comenta, entre otras cosas De Vido informó que la Argentina tendrá problemas con el suministro de gas y tuvo palabras referidas a la posibilidad de problemas con Brasil y Chile, por lo que proponía alinearse en una acción común que agrupara a oficialistas y opositores.

Esto no pudo confirmarse pese a la realidad de los problemas citados, pero lo concreto es que ayer mismo desde la oposición se lanzaron señales para lograr un consenso mínimo, temperamento que todavía está en vigencia pese a ciertas manifestaciones de agotamiento por la falta de correspondencia pública por parte de gobierno y la certeza de que malpagaría una actitud en tal sentido pues pese a la intervención ministerial, se la interpretaría como una debilidad.

Agreguemos que dentro de un espíritu conciliador podría ubicarse la propuesta de Diego Guelar para superar las diferencias del pasado que se mantienen artificialmente vivas y traumáticas por razones ideológicas, en tanto nadie olvida que el ahora dirigente del PRO es hermano de quien financió parte de las actividades montoneras en los setenta.

En el otro extremo se ubica al izquierdista y cerebral Secretario Legal y Técnico de la Presidencia de la Nación, Carlos Zannini, quien se ha convertido en el máximo impulsor del proceso que se ha desatado, lo que no es ignorado por los protagonistas gubernamentales que reciben los cachetazos de la opinión pública pero no se animan (todavía) en señalar con el dedo a un amigo tan íntimo del matrimonio presidencial.

En consecuencia, éste respalda a Zannini aunque a esta altura de las circunstancias no son pocos los legisladores que se aprestan a "abandonar el barco" y tienen expresiones bastante duras de lo que opinan de los Kirchner. Así, se escuchó en la intimidad de un despacho decir "me importa un pito lo que piense el loco (por Néstor Carlos)" al mismo tiempo que reflexionaba sobre la lealtad que le debía a otro legislador importante para la estrategia del oficialismo.

También interviene la geopolítica

Como ya se ha dicho, es innecesario abundar en explicaciones y detalles acerca de lo que sucede, pues la situación es tan cambiante que lo que se escribe en un momento se modifica al siguiente y así sin solución de continuidad, los analistas viven un calidoscopio lleno de cambios y extrañas combinaciones, algunas impensables por su inconsistencia e implícita contradicción.

Esto hace que algún estudioso de la vida pública de La República Enferma se haya dedicado de un tiempo a esta parte a recopilar discursos, frases sueltas, medidas y contramedidas de gobierno, detalles de las persecuciones inconstitucionales a militares, policías y civiles, presentaciones judiciales, medidas económicas y sus graves consecuencias pero sobre todo ciertos pasajes de los discursos de Cristina y de su marido, con miras a escribir en un futuro cercano un libro que pondrá de relieve las características de inferioridad, incapacidad, incultura y deshonestidad del actual elenco que ejerce el poder. Su título, sería la primera frase utilizada para presentar este comentario.

Lo único cierto y permanente es la "caída libre" en que se ha colocado a la Argentina y la sana reacción -todavía contenida- de la opinión pública y la población en general: según cuatro encuestas que aparecerán dentro de poco, demuestran que más del 90 por ciento opina en contra de los personajes venidos desde el Sur para sentarse en Olivos a planificar sus negocios.

Mientras tanto, debemos insistir en que el factor geopolítico forma parte de este escenario difícil y peligroso. Después del sano y constructivo proceso protagonizado por un pequeño pero decidido País como es Honduras, empezó a modificarse el escenario estratégico del continente y la línea progresista que bajaba desde el Ecuador y llegaba hasta Buenos Aires, ingresaba en un proceso de deterioro cada vez más acelerado.

El gobierno de la primera de las Repúblicas mencionadas tiene progresivos problemas sociales y económicos, en Nicaragua ya surgieron movimientos que reclaman la renuncia de Ortega, en el Perú -un tradicional aliado de la Argentina- los embates contra Alan García que dio un giro de 180 grados al discurso que lo llevó al fracaso en su anterior presidencia, sale airoso de los embates que le genera la izquierda y mantiene su plan de rearme para defender su soberanía e intereses; en Venezuela, Hugo Chávez, el folclórico mentor del Socialismo del Siglo XXI ya debe ingeniar al máximo su dialéctica para explicar las razones del quiebre energético y el récord inflacionario que carcome su economía, en el Brasil, por tercera vez es rechazado el embate por imponer una revisión de la Guerra Revolucionaria derrotada hace cuarenta años, en el Uruguay, al menos en apariencia Mujica aplacó su verborragia dialéctica, en Chile, este Domingo será importante para un futuro donde la derecha no duda un instante en calificarse como tal y entre tanto en el Paraguay Lugo parece más entretenido en revisar debajo de polleras ajenas que en iniciar acciones ideológicas en reemplazo de las sexuales.

Bolivia continúa con su disgregación indigenista y especula con el precio dependiente de su gas y las ansias rioplatenses de "la media luna de las tierras fértiles" a la que aspiran chilenos y brasileños mientras nosotros, obligados por el desarme y la carencia de una política exterior, miramos desde lejos.

Sin embargo, algunas versiones no confirmadas y que de ser ciertas demostrarían aún más la profundidad de la crisis en que estamos metidos, sostienen que los actuales tres jefes de Estado Mayor pasarían a retiro para alejarse del país de la mano de los Kirchner que los designarían en embajadas en África y Oceanía.

Las malas lenguas -o las buenas, según se mire- aseguran que se trataría de una suerte de buscada indemnidad para el futuro, cuando llegue el momento de rendir cuentas por la tolerancia con que se asistió al desmantelamiento de cada una de las Fuerzas, a la caída de sus presupuestos, a la muda aceptación de las agresiones jurídicas y políticas y a la permisividad con que se aceptó la alteración cultural respecto del rol histórico que les cupo en todas las ocasiones.

Hace pocos días, Martín Balza volvió a conocer lo que se opina de él en los medios militares.

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