lunes, 11 de enero de 2010

Néstor Kirchner ya habría ordenado un operativo de control de daños

Por Carlos Tórtora


La crisis desatada sigue con final abierto pero Néstor Kirchner ya les habría ordenado a Aníbal Fernández, Miguel Ángel Pichetto y Agustín Rossi un operativo de control de daños.


Desde que Martín Redrado se acuarteló en su despacho del BCRA, en Olivos empezaron a exigir a los gobernadores del oficialismo que salieran a denunciar un complot de Redrado y Cobos con claras intenciones destituyentes.

Sólo Jorge Capitanich y, con menos entusiasmo, Daniel Scioli asumieron la defensa pública de la postura oficial. Sergio Uribarri (Entre Ríos) Gildo Insfrán (Formosa), Mauricio Klos (Misiones), Juan Manuel Urtubey (Salta) y José Luis Gioja (San Juan) se hicieron los distraídos. Ni que hablar de la casi la totalidad de los senadores y diputados del Frente para la Victoria. También se escuchó fuerte el silencio del Vicegobernador de Buenos Aires Alberto Balestrini.

La sensibilidad de la dirigencia peronista para detectar las fugas de poder es extraordinaria. En dos semanas más, el gobierno pretendía arrimar a algún acuerdo con el Senador pampeano Juan Carlos Verna y su colega María Higonet, para evitar que éste se vuelque ostensiblemente hacia el Peronismo Federal, que lideran en el Senado Alberto Rodríguez Saá y Juan Carlos Romero, y desempate el conflicto a favor de la oposición. La vulnerabilidad actual del gobierno hoy podría empujar a Verna hacia la vereda de enfrente de Kirchner.

El silencio peronista alcanza incluso a Eduardo Duhalde, tal vez porque no le alcanza el tiempo para atender los llamados de los caciques del conurbano. Kirchneristas y peronistas disidentes se preguntan lo mismo. ¿Están a punto de aparecer uno o varios Redrados en las filas del PJ?

Lo cierto es que la dirigencia tiene los ojos puestos en el día después. A partir de hoy se verán las reacciones de los mercados en relación a la crisis de las reservas. Si la desconfianza se adueña de la City y los títulos argentinos se desbarrancan, algunos analistas señalan que podrían aparecer voces críticas en el oficialismo. El resurgimiento de los miedos económicos de la clase media es históricamente el preludio de las crisis políticas.

Plan B

En el PJ disidente también corren especulaciones sobre los probables efectos políticos de los temblores en el mercado. La ingeniería montada por Kirchner después del 28-j apuntaba a reconstruir una fuerza electoral importante para el 2011 sobre la base de aumentar el gasto en clientelismo social y sostener la estabilidad de las variables económicas.

Ambas cosas hoy están en duda, aun cuando los camaristas en lo contencioso administrativo terminen revocando los fallos de la jueza María José Sarmiento. Crecen entonces las posibilidades de que Kirchner desempolve el plan B, esto es, sorprender antes de fin de año anunciando un drástico adelantamiento de las elecciones presidenciales para el primer semestre del 2011, dada la magnitud de la crisis y la supuesta urgencia para que la sociedad se manifieste políticamente.

Una operación similar -aunque en gran escala- a la ya ejecutada el año pasado con el adelantamiento de las elecciones de octubre a junio. La obvia intención sería producir el mayor desorden posible en las filas opositoras, donde recién se empieza a discutir sobre alianzas.

Si el plan B toma cuerpo, en los próximos meses Cobos sería el principal beneficiado, por encabezar hoy las encuestas. Todo lo contrario podría ocurrirle al PJ disidente, donde las hipótesis de fórmulas presidenciales se multiplican todos los días.

Como ya es evidente, la lucha de Kirchner ya no apunta a conservar el poder sino a retener el PJ y ser el jefe de la oposición. También esto es cada vez menos probable. Y tambien hoy, a la velocidad actual de la crisis, las elecciones de octubre del 2011 parecen a un siglo de distancia.

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