sábado, 30 de enero de 2010

Las virulentas agresiones de los Kirchner se convierten en un blindaje protector del Vicepresidente

Por Carlos Tórtora


La férrea decisión del matrimonio presidencial de polarizar la política nacional entre ellos y Julio Cobos está dando resultados.


Como suele suceder con los ataques de los gobiernos que se desmoronan, las virulentas agresiones se convierten ahora en un blindaje protector del Vicepresidente.

Días atrás, la especulación sobre su renuncia era válida. Ahora sencillamente no puede renunciar porque su permanencia en el cargo representa la esperanza de un cambio para amplios sectores de la sociedad.

Kirchner, al querer echarlo, lo atornilló en su sillón. Sin polemizar y diciendo lo mínimo, Cobos parece capitalizar las torpezas del gobierno con una facilidad que ningún otro político tiene. Su posición institucional le facilita también ganar puntos.

Ahora preside la Comisión Especial que debe dictaminar, ya no sobre la continuidad, sino sobre la conducta de Martín Redrado como Presidente del Banco Central. Es casi inevitable que el kirchnerista Gustavo Marconato vote por el mal desempeño y Alfonso Prat Gay a favor de la actuación de Redrado respecto de las reservas. Entonces Cobos desempatará, pero ahora ¿anotándose otro triunfo político? como hubiera sido si Redrado no renunciaba previamente.

Una fila de lesionados

Curiosamente, la primera línea de la oposición sufre tanto más que el gobierno por el estrellato de Cobos. Deslucido, Mauricio Macri quedó a trasmano de las tendencias de la opinión pública, haciendo coro con CFK y Aníbal Fernández para pedir su renuncia. Elisa Carrió se descolocó todavía más y llegó a felicitar a CFK por haber suspendido un compromiso internacional de primer orden -el viaje a China- por su desconfianza al vice que ella misma eligió.

El enceguecimiento de Macri y Carrió se explica por la casi imposibilidad de ambos para limitar el juego del Vicepresidente. Carrió es el mejor ejemplo. Ella pide el juicio político a Aníbal Fernández por el triple crimen de General Rodríguez, pero el gobierno prácticamente no le contesta y sólo se dedica a atacar a Cobos.

La madeja radical

Los más complicados por la polarización Kirchner-Cobos son los propios radicales. Ernesto Sanz y Ricardo Alfonsín, entre otros, venían predicando que debía terminarse el doble rol de Cobos como opositor y vicepresidente. O sea que aquél debía renunciar.

Después de la ofensiva kirchnerista de los últimos días, a la plana mayor radical no le quedó más remedio que solidarizarse con Cobos. Acostumbrados a que las decisiones deban tomarse siempre dentro del partido, los radicales sufren, porque su mejor candidato juega con sus propias reglas y, en la práctica, es casi incontrolable.

Si se mantiene la tendencia actual, la UCR puede verse obligada a sostener a capa y espada la continuidad del Vice en su cargo en defensa de las instituciones. Prácticamente lo contrario de lo que Sanz y Gerardo Morales querían hacer.

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