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miércoles, 10 de febrero de 2010

La política nacional ha perdido el sentido de su existencia

Por Omar López Mato

“I am the owner of my fate
I am the captain of my soul”


Invictus - William E. Henley

No somos dueños de nuestro destino ni capitanes de nuestras almas, navegamos rumbo a la tormenta, guiados por nuestra propia estulticia, sumergidos en antinomias y enfrentamientos pasados, empapados en la cultura del hincha que considera que el oponente es un enemigo, y como tal no merece ni justicia.

Vivimos inmersos en un mundo de odios que nos cuesta evitar porque desde nuestra conducción no existe una cultura superadora, solo la mezquina intención de ganar como sea la próxima elección.

Guiados por el espíritu futbolero de vencer a toda costa, valiéndose de cuanto artificio delictivo esté a mano –desde el cohecho hasta la mano de Dios, con perdón del Señor–perdemos la finalidad de lo que estamos haciendo.

El deporte pierde su esencia de competencia de caballeros, de espectáculo para entretener, convirtiéndose en un coliseo de gladiadores. Eso de que “que gane el más mejor” quedó enterrado entre los yuyos de las canchitas de barrio.

De la misma forma la política nacional ha perdido el sentido de su existencia: generar la dirigencia que conduzca al país hacia un estado de bienestar y progreso.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Kirchner no sólo administra la caja sino tambien los archivos, y no tiene escrúpulos en usarlos


Por Carlos Tórtora

Ayer, la postura de Alfonso Prat Gay en contra de la remoción de Redrado y la de Julio Cobos aconsejando su destitución, le dieron nueva vida al Acuerdo Cívico y Social.

La plana mayor de la UCR, informada de lo que iba a pasar, horas antes del dictamen arremetió con una denuncia penal contra uno de sus correligionarios, el presidente interino del Banco Central, Miguel Pesce, acusándolo de haber intentado poner en marcha en forma irregular el Fondo del Bicentenario.

domingo, 17 de enero de 2010

La improvisación constante de la gestión de los Kirchner

Por Nelson Castro

La saga Redrado amenaza con alargarse en el tiempo, y con ella la crisis institucional. Mientras, la caja –la fortaleza de los Kirchnerestá dando señales de agotamiento. El desgaste también afecta a la oposición.



El legislador del Frente para la Victoria, quien, como otros, debió dejar de apuro sus vacaciones para asistir a la reunión de la comisión bicameral de Seguimiento de los Decretos de Necesidad y Urgencia, bramó: “¿Quién fue el loco al que se le ocurrió una cosa así? ¡Esto está todo mal! ¡Acá lo que había que hacer era esperar hasta marzo y tratar el tema en las sesiones ordinarias del Congreso! ¿Por qué tanto apuro si el primer vencimiento de la deuda es en agosto?”.


Esos dichos contienen la esencia del culebrón político que se está viviendo en la Argentina y que cada día se empantana un poco más.

“Nadie le advirtió a la Presidenta del embrollo que se podía armar con el Fondo del Bicentenario para el Desendeudamiento y la Estabilidad”, afirman voces que habitan la Casa Rosada. Ese nadie tiene nombre y apellido: Amado Boudou.

Tampoco Martín Redrado planteó objeciones el 14 de diciembre pasado cuando, en una conversación privada media hora antes de hacer el anuncio público, la Dra. Cristina Fernández de Kirchner lo anotició de la creación del Fondo. Lo que sí hizo Redrado fue advertirle sobre la necesidad de contar con la opinión técnica de la Asesoría del Departamento de Legales del Banco Central.

Ahora se sabe que entre 2008 y 2009 hubo varios intentos del Gobierno de avanzar sobre las reservas del Central. “Quisieron transformar al banco en otro INDEK, pero no pudieron”, cuentan quienes conocen algunas de esas maniobras frustradas.

Así las cosas, el Gobierno se ha expuesto, gratuitamente, a un segundo revés político en el término de un mes y medio. El primero aconteció el 3 de diciembre último durante la sesión de jura y constitución de comisiones en la Cámara de Diputados. Esto es un signo inequívoco de que el matrimonio presidencial sigue sin percatarse del nuevo mapa político emergente del resultado electoral del 28 de junio. A eso hay que sumarle la improvisación constante de la gestión de los Kirchner, quienes tampoco previeron la evolución política, institucional y jurídica de este embrollo.

Hablando del aspecto judicial de esta saga, allí hay también una trama que merece ser narrada. El amparo concedido el viernes 7 de enero por la jueza María José Sarmiento, por el que Martín Redrado fue repuesto en su cargo, descolocó al Gobierno. Pero lo que sucedió con la apelación lo descolocó aún mucho más. “Allí hubo quienes se comportaron como verdaderos analfabetos del derecho”, explica alguien que conoce al dedillo tanto los vericuetos procesales como el devenir de tribunales.

El Gobierno apostó al juez Carlos Grecco, uno de los tres miembros de la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo. La idea era que, una vez que el magistrado habilitara en forma insólita un día de fin de semana para recibir la apelación del Poder Ejecutivo, se procedería con toda celeridad. “Se esperaba un fallo revocatorio de la medida cautelar dictada por la jueza Sarmiento para ese mismo fin de semana, lo que hubiera sido un escándalo”, cuenta esa misma fuente.

Ocurrió entonces algo inesperado para el Gobierno cuando los abogados de Redrado recusaron a Grecco: el juez, sorpresivamente, se excusó y quedó fuera del caso. Hubo, pues, que aguardar hasta el lunes 11.

Pero allí ya terció otra vez la jueza Sarmiento, sin cuya participación ninguna apelación podía prosperar. Esto alargó las cosas hasta el miércoles 13. El Gobierno confiaba en que el fallo favorable de la Cámara saliese ese día. Tal como lo había anticipado esta columna, el fallo iba a ser dos a uno a favor de la remoción de Redrado.

Ahí, entonces, apareció otro obstáculo. Fue la recusación que el diputado por PRO Federico Pinedo presentó contra el juez José Luis López Castiñeira, otro de los integrantes de la Cámara, cuyo voto el Gobierno descontaba a su favor.

Hubo entonces una contrapropuesta de la Cámara: el tribunal solicitaba a PRO que levantara la recusación del Dr. López Castiñeira y, a cambio, ofrecía promover una reunión con los titulares de ambas cámaras legislativas para buscar, a través de un acuerdo, una salida política al caso.

En PRO se discutió esto por espacio de una hora y se llegó a la conclusión de que nada garantizaba que, una vez levantada la objeción sobre el magistrado, la Cámara no fallase a favor de la destitución de Redrado. Por lo tanto, la respuesta fue negativa.

Todo este devenir le ha creado al Gobierno otro problema. En primer lugar porque la causa ha vuelto a la Dra. Sarmiento. En segundo lugar porque esto hace que Martín Redrado tenga más tiempo para presentar su defensa. En tercer lugar porque, al alargarse los tiempos, el caso pasará al nuevo juez que entra de turno este mes de feria: el Dr. Ernesto Marinelli, un juez controvertido, quien viene de perder un concurso para ascender a camarista en un trámite también controvertido, en el que el kirchnerismo le dio la espalda.

Por lo demás, la prometida gestión de la Cámara hubiera sido totalmente nula. Como lo expresó el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Fellner, y circuló ampliamente en todos lados: “Si convoco a la Cámara, el loco me echa”. Por si alguien no lo sabe, el apodo de “el loco” corresponde a Néstor Kirchner.

En el ámbito legislativo las cosas también son complejas.

Antes de la reunión de la bicameral, el miércoles, la oposición mantuvo una reunión tendiente a unificar posiciones. Allí se decidió buscar una vía de negociación con el oficialismo en pos de bajarle decibeles a la confrontación y encontrarle una salida a esa situación.

La idea era tratar los dos decretos de necesidad y urgencia –el de creación del Fondo del Bicentenario y el de la remoción de Redrado– en sesión plenaria por parte de ambas cámaras del Congreso. La defensa que se hizo no fue de la persona de Martín Redrado –que tiene pocos adherentes en el Congreso– sino de la autonomía del Banco Central y el respeto a las normas concernientes al rol del Congreso en la remoción del presidente de la entidad.

Tres fuentes diferentes confirman que hubo un principio de acuerdo entre el oficialismo y el radicalismo. La ecuación era así: a cambio de que el oficialismo convocara al Congreso para tratar los dos decretos de necesidad y urgencia, el radicalismo se comprometía a aprobar la remoción de Martín Redrado. Esto fue lo que salió a denunciar Elisa Carrió y que originó un ida y vuelta de conversaciones y aclaraciones al interior del Acuerdo Cívico y Social que dejaron algunos rasguños de una interna siempre compleja.

Otro que se molestó con sus correligionarios fue Julio César Cleto Cobos. El vicepresidente siempre recuerda que en aquella desagradable reunión en la Casa Rosada, en la que Cristina Fernández de Kirchner le reprochó su voto “no positivo” y le dio el adiós de su gobierno, se acordó mantener un marco de respeto institucional entre ambos.

Cobos siente que ese marco se ha roto totalmente; las evidencias abundan. Lo que el vicepresidente también debería reconocer es que cometió un grueso error al anunciar su futura precandidatura presidencial por el radicalismo.

El episodio del juez federal de Nueva York Thomas Griesa embargando fondos del Banco Central depositados en la Reserva Federal de ese Estado primero, y luego levantando esa medida, ha generado un capítulo más dentro del patetismo de toda esta situación.

La aparición en simultáneo del ministro de Economía, Amado Boudou, y de Martín Redrado autoadjudicándose los méritos por el segundo de los fallos tiene reminiscencia de una disputa entre colegiales. Lo cierto es que quien estuvo permanentemente al habla con el estudio de abogados de Nueva York que defiende a la Argentina fue Redrado, quien sigue firme en su postura de no renunciar.

En el medio de todo este zafarrancho, ha sido muy interesante el aporte hecho por Mario Cafiero. El ex diputado ha venido siguiendo con atención y perseverancia todo este tema de la deuda.

La Presidenta cometió un grueso error de información –cosa habitual en ella– al ignorar que el llamado “megacanje” de la deuda implementado por Domingo Cavallo en 2001 tiene curso judicial avanzado, a tal punto que el Tribunal Penal Federal N° 1 tiene citado a declaración indagatoria, para febrero próximo, al poderoso banquero estadounidense David Mulford, quien tuvo un papel principalísimo en aquella cuestionada operación.

En ese contexto, Cafiero le envió una carta documento a Martín Redrado: en ella, lo alertaba de las consecuencias legales a las que se vería expuesto en caso de autorizar la transferencia de dinero hacia el Fondo del Bicentenario sobre el que hay denuncias judiciales en curso. Según Cafiero –y lo que el sostiene es compartido por técnicos que trabajan para el gobierno– la situación de las reservas del Banco Central sería la siguiente:

* 8 mil millones de dólares que pertenecen a los depósitos en el sistema bancario.

* 15 mil millones de deudas de diversa índole.

* 5 mil millones en garantías por créditos otorgados al país entre 2006 y 2007.

* A esto hay que agregar los 16 mil millones que en total puede disponer el Gobierno a partir del Decreto de Necesidad y Urgencia 2010.

Con estos números, las reservas del Banco Central, que funcionan como respaldo de toda la cantidad de pesos circulantes en el país, quedarían sensiblemente disminuidas y no alcanzarían para cumplir con la mencionada cobertura.

Los que conocen la realidad que se vive en Olivos dan cuenta del ambiente irrespirable que allí reina. Todos son reproches del matrimonio presidencial hacia otros. Autocrítica no hay ninguna.

Los flancos débiles afloran por doquier. El archivo es, a su vez, fatal para la Presidenta. Sus expresiones en la sesión del 19 de diciembre de 2001, en donde defendió la facultad del Congreso para autoconvocarse y prorrogar las sesiones ordinarias, así como su posición expresada en la sesión de junio de 2002, de oponerse al uso de reservas para pagar deuda externa, han expuesto, una vez más, sus contradicciones.

Se nota falta de análisis crítico. Hasta en el vocabulario de sus discursos, en los que aparecen expresiones que no sorprenderían en Aníbal Fernández, la Presidenta ha bajado su nivel.

Nada de esto se acepta en la intimidad del matrimonio presidencial, por donde pasa el núcleo del poder. Allí, lo que se vive es la conciencia clara de que sin el Fondo del Bicentenario el proyecto presidencial de Néstor Kirchner se queda sin caja. Y sin caja, ese proyecto tiene el destino inexorable de la nada

sábado, 16 de enero de 2010

Mientras el Gobierno persista en saltear la obligada consulta al Congreso, Redrado permanecerá en su sillón

Por Julio Blanck


Martín Redrado está colgado de un hilo y lo sabe. Su sobrevida como presidente del Banco Central se debe, sobre todo, a la increíble torpeza con que el Poder Ejecutivo pretendió removerlo, incluyendo el hecho de ignorar los pasos que ordena la ley para hacerlo.


Refugiado en medidas dictadas por la Justicia, Redrado hace equilibrio sobre esa delgada porción de legalidad que todavía lo sostiene.


En términos políticos, hasta sus defensores se preocuparon por aclarar que no lo defendían a él sino a su investidura. Incluso, radicales y peronistas disidentes han hablado con emisarios kirchneristas sobre los posibles candidatos a reemplazarlo.

Mientras el Gobierno persista en saltear la obligada consulta al Congreso en el proceso de destitución, Redrado permanecerá en su sillón. Está decidido a hacerlo soportando cuanta presión le tiren encima. Lleva así 9 días, casi una eternidad.

Este economista liberal con fuerte ambición política, a quien Néstor Kirchner sentó al comando del Banco Central hace seis años, aprovechó cada resquicio de estos días para fortalecer su barrera de defensa. Así, buscó acreditarse el mérito por la medida favorable obtenida ayer en el juzgado de Nueva York, respecto del embargo a las reservas.

En una curiosa simetría, el ministro Amado Boudou intentó ningunearlo, afirmando un tanto puerilmente que había sido "el directorio del Banco Central" el que había tramitado ante el juez Griesa. El directorio, casi es obvio recordarlo, le responde a la Casa Rosada y acaba de vaciar de atribuciones a Redrado en su última reunión.

"Ellos creen que me matan, yo creo que se suicidan" y "soy más duro de lo que parece" fueron frases de Redrado, ayer. Parecen palabras de quien está pensando más en un futuro a construir que en un presente que se va terminando.

Otras Notas:
Megaoperativo mediático para Kirchner 2011
Según el Código Penal, los Kirchner y sus funcionarios recibirán de 5 a 20 años de prisión
Afiches ultra K asocian a Cobos con Redrado para desprestigiarlos
Gobierno y oposición juran que todo lo hacen por la patria
Cristina: La señora del Micrófono que incomoda a sus seguidores
Ayer retumbó la orden de Cristina: ninguna negociación con los opositores
Comenzaron las operaciones contra la jueza Sarmiento
El Gobierno administraba como propias las reservas del Banco Central
Existe unanimidad en defender las reservas del País en tanto el gobierno se empeña en arriesgarlas

Según el Código Penal, los Kirchner y sus funcionarios recibirán de 5 a 20 años de prisión

Por Gonzalo L. Villalobos


La manipulación de los fondos reservados a través de los DNU ha puesto en evidencia la forma discrecional en que el matrimonio presidencial y sus socios en la función pública, manejan las normas en provecho de sus caprichos e intereses.

Pero esta vez, no sólo ha crispado a los integrantes de la oposición, sino que ha tocado la fibra de algunos jueces, y ha conmovido a la población.

La Juez Sarmiento, en equilibrado cumplimiento de su deber, frenó el apoderamiento de las reservas, y la denostación de la Ley que regula a las mismas a través del Banco Central.

Muy serias y valiosas acciones judiciales han sido interpuestas para frenar el avance kirchnerista sobre el Poder Legislativo, y ahora también sobre el Poder Judicial, obviando los mandatos constitucionales y viendo todo del color de su voluntad y capricho.

Así han accionado desde San Luis, ante la Corte Suprema; el Peronismo Federal, la UCR, la Coalición Cívica, ante la Justicia Federal; todos tratando de evitar el defalco, y la opresión y sometimiento de los Poderes Legislativo y Judicial, solicitando el amparo de la Justicia que ponga fin al atropello.

Tal vez sea hora entonces de recordar leyes que protegen al pueblo argentino de aquellos que ponen en peligro la vigencia de la Constitución…

El artículo 210 bis del Código Penal, incorporado a través de la Ley de Defensa de la Democracia, sería de precisa y correcta aplicación al caso… y a los personajes.

Y así reza el artículo de mención: “Se impondrá reclusión o prisión de 5 a 20 años al que tomare parte, cooperare o ayudare a la formación o al mantenimiento de una asociación ilícita… cuando la acción contribuya a poner en peligro la vigencia de la Constitución Nacional…”.

Y la norma exige no menos de dos características como son: “a) estar integrada por diez o más individuos;… e) operar en mas de una de las jurisdicciones políticas del país; … g) tener notorias conexiones con otras organizaciones similares existentes en el país o en el exterior; h) recibir algún apoyo, ayuda o dirección de funcionarios públicos”.

La tipificación de esta figura penal, en el caso del matrimonio presidencial, creo que es obvia atento a las circunstancias que se viven día a día y que han quedado plasmadas a través de los DNU y sus nefastas consecuencias.

Si a ello le sumamos la “repercusión social del hecho”, veo un merecido pero triste destino para nuestros gobernantes, lo único seguro, es que si se aplica la ley, no estarán solos…

Queda pues en manos de jueces y fiscales probos, el requerimiento a implementar.

Otras Notas:
Afiches ultra K asocian a Cobos con Redrado para desprestigiarlos
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Existe unanimidad en defender las reservas del País en tanto el gobierno se empeña en arriesgarlas
Según opiniones de la Presidenta vertidas en sesiones del 2001 el Congreso...

Gobierno y oposición juran que todo lo hacen por la patria

viernes, 15 de enero de 2010

Existe unanimidad en defender las reservas del País en tanto el gobierno se empeña en arriesgarlas

Por Carlos Manuel Acuña


Hace pocos días dijimos en estas columnas que la crisis desatada por el gobierno crecería de manera exponencial hasta tal punto, que muchos observadores comenzaban a considerar que podía pensarse en un recambio gubernamental -siempre dentro del marco de las instituciones- habida cuenta que papelones aparte, la situación se convertiría en inmanejable y demostrativa de la incompetencia del elenco oficialista.

A medida que transcurren las horas, la evolución de los acontecimientos toma el carácter de un verdadero sainete con su carga de tragicomedia por todo lo que está en juego y ya convirtió en irreversible la profundización del aislamiento internacional de la República y por si hiciera falta, ratificó el desconocimiento técnico -incluso para los temas menores- del que hacen gala los funcionarios kirchneristas.

Desde todo el arco opositor que va desde una izquierda tradicional hasta una cuasi derecha que todavía navega a dos aguas, existe unanimidad en defender las reservas del País en tanto el gobierno se empeña en arriesgarlas con tal de permanecer en el poder y evitar que sus clientes políticos se sumen a las actitudes de protesta que otra vez sacaron a relucir las capuchas y garrotes.

Nuevamente, el economista Agustín Monteverde emitió su diagnóstico negativo sobre la marcha de la economía, en tanto otros analistas del enorme problema creado en la Argentina por sus propias autoridades, coinciden en sus apreciaciones pesimistas, vaticinios concurrentes y el abrumador peso de argumentos que no hacen mella en Cristina. Por lo contrario, la Presidente, con la coherencia de su estilo agresivo y voluntarista y el del ahora silencioso Néstor Carlos, insiste en su postura y se muestra intransigente.


Reunión secreta

Sin embargo, durante la madrugada de anteayer y en secreto, el ministro Julio De Vido, mano derecha del gobierno, pidió al dirigente radical Sanz que actúe como punta de lanza de una tregua para buscar una solución al conflicto que crecía hora a hora y se acentuaba apenas los Tribunales se ponían en marcha.

Según se comenta, entre otras cosas De Vido informó que la Argentina tendrá problemas con el suministro de gas y tuvo palabras referidas a la posibilidad de problemas con Brasil y Chile, por lo que proponía alinearse en una acción común que agrupara a oficialistas y opositores.

Esto no pudo confirmarse pese a la realidad de los problemas citados, pero lo concreto es que ayer mismo desde la oposición se lanzaron señales para lograr un consenso mínimo, temperamento que todavía está en vigencia pese a ciertas manifestaciones de agotamiento por la falta de correspondencia pública por parte de gobierno y la certeza de que malpagaría una actitud en tal sentido pues pese a la intervención ministerial, se la interpretaría como una debilidad.

Agreguemos que dentro de un espíritu conciliador podría ubicarse la propuesta de Diego Guelar para superar las diferencias del pasado que se mantienen artificialmente vivas y traumáticas por razones ideológicas, en tanto nadie olvida que el ahora dirigente del PRO es hermano de quien financió parte de las actividades montoneras en los setenta.

En el otro extremo se ubica al izquierdista y cerebral Secretario Legal y Técnico de la Presidencia de la Nación, Carlos Zannini, quien se ha convertido en el máximo impulsor del proceso que se ha desatado, lo que no es ignorado por los protagonistas gubernamentales que reciben los cachetazos de la opinión pública pero no se animan (todavía) en señalar con el dedo a un amigo tan íntimo del matrimonio presidencial.

En consecuencia, éste respalda a Zannini aunque a esta altura de las circunstancias no son pocos los legisladores que se aprestan a "abandonar el barco" y tienen expresiones bastante duras de lo que opinan de los Kirchner. Así, se escuchó en la intimidad de un despacho decir "me importa un pito lo que piense el loco (por Néstor Carlos)" al mismo tiempo que reflexionaba sobre la lealtad que le debía a otro legislador importante para la estrategia del oficialismo.

También interviene la geopolítica

Como ya se ha dicho, es innecesario abundar en explicaciones y detalles acerca de lo que sucede, pues la situación es tan cambiante que lo que se escribe en un momento se modifica al siguiente y así sin solución de continuidad, los analistas viven un calidoscopio lleno de cambios y extrañas combinaciones, algunas impensables por su inconsistencia e implícita contradicción.

Esto hace que algún estudioso de la vida pública de La República Enferma se haya dedicado de un tiempo a esta parte a recopilar discursos, frases sueltas, medidas y contramedidas de gobierno, detalles de las persecuciones inconstitucionales a militares, policías y civiles, presentaciones judiciales, medidas económicas y sus graves consecuencias pero sobre todo ciertos pasajes de los discursos de Cristina y de su marido, con miras a escribir en un futuro cercano un libro que pondrá de relieve las características de inferioridad, incapacidad, incultura y deshonestidad del actual elenco que ejerce el poder. Su título, sería la primera frase utilizada para presentar este comentario.

Lo único cierto y permanente es la "caída libre" en que se ha colocado a la Argentina y la sana reacción -todavía contenida- de la opinión pública y la población en general: según cuatro encuestas que aparecerán dentro de poco, demuestran que más del 90 por ciento opina en contra de los personajes venidos desde el Sur para sentarse en Olivos a planificar sus negocios.

Mientras tanto, debemos insistir en que el factor geopolítico forma parte de este escenario difícil y peligroso. Después del sano y constructivo proceso protagonizado por un pequeño pero decidido País como es Honduras, empezó a modificarse el escenario estratégico del continente y la línea progresista que bajaba desde el Ecuador y llegaba hasta Buenos Aires, ingresaba en un proceso de deterioro cada vez más acelerado.

El gobierno de la primera de las Repúblicas mencionadas tiene progresivos problemas sociales y económicos, en Nicaragua ya surgieron movimientos que reclaman la renuncia de Ortega, en el Perú -un tradicional aliado de la Argentina- los embates contra Alan García que dio un giro de 180 grados al discurso que lo llevó al fracaso en su anterior presidencia, sale airoso de los embates que le genera la izquierda y mantiene su plan de rearme para defender su soberanía e intereses; en Venezuela, Hugo Chávez, el folclórico mentor del Socialismo del Siglo XXI ya debe ingeniar al máximo su dialéctica para explicar las razones del quiebre energético y el récord inflacionario que carcome su economía, en el Brasil, por tercera vez es rechazado el embate por imponer una revisión de la Guerra Revolucionaria derrotada hace cuarenta años, en el Uruguay, al menos en apariencia Mujica aplacó su verborragia dialéctica, en Chile, este Domingo será importante para un futuro donde la derecha no duda un instante en calificarse como tal y entre tanto en el Paraguay Lugo parece más entretenido en revisar debajo de polleras ajenas que en iniciar acciones ideológicas en reemplazo de las sexuales.

Bolivia continúa con su disgregación indigenista y especula con el precio dependiente de su gas y las ansias rioplatenses de "la media luna de las tierras fértiles" a la que aspiran chilenos y brasileños mientras nosotros, obligados por el desarme y la carencia de una política exterior, miramos desde lejos.

Sin embargo, algunas versiones no confirmadas y que de ser ciertas demostrarían aún más la profundidad de la crisis en que estamos metidos, sostienen que los actuales tres jefes de Estado Mayor pasarían a retiro para alejarse del país de la mano de los Kirchner que los designarían en embajadas en África y Oceanía.

Las malas lenguas -o las buenas, según se mire- aseguran que se trataría de una suerte de buscada indemnidad para el futuro, cuando llegue el momento de rendir cuentas por la tolerancia con que se asistió al desmantelamiento de cada una de las Fuerzas, a la caída de sus presupuestos, a la muda aceptación de las agresiones jurídicas y políticas y a la permisividad con que se aceptó la alteración cultural respecto del rol histórico que les cupo en todas las ocasiones.

Hace pocos días, Martín Balza volvió a conocer lo que se opina de él en los medios militares.

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jueves, 14 de enero de 2010

El gobierno estaría pensando en un plan B si la justicia les da la razón

Por Gustavo Sylvestre

Al menos en dos oportunidades el Gobierno recibió las advertencias del Banco Central. La primera, horas después del decreto presidencial, la segunda, la semana pasada. Decían que no era fácil abrir la cuenta en el banco para el Fondo del Bicentenario si no se pasaba por el Congreso.


Después llegó el decreto sacando del Banco Central a Redrado. Algo pasó por la cabeza de Néstor Kirchner porque el funcionario pasó, de la noche a la mañana, de ser “amigo” a “enemigo” íntimo.

En la city se comenta que en noviembre el ex Presidente le mandó un “mensaje” al jefe del Central para que se aleje voluntariamente. ¿Fue amenazado Redrado con un “carpetazo”? Nadie lo sabe, pero no accedió al pedido y respondió que hasta septiembre iba a cumplir con su mandato. ¡Y ya se sabe lo que pasa con los que no cumplen las órdenes del kirchnerismo!


Blejer llegó al país y se habría reunido el martes pasado, en forma secreta con el Ministro de Economía Amado Boudou. En ese encuentro se pasó revista a la situación actual y futura del Banco Central y éste le habría planteado al Ministro que le gustaría asumir en septiembre con un acuerdo político de por medio.

Blejer contactó en los últimos días a algunos amigos que tiene en el duhaldismo, quienes le habrían sugerido que no acepte, a lo que respondió que tenía un compromiso patriótico y que iba a aceptar. Nunca imaginó que se iba a armar una crisis institucional así.

El gobierno estaría pensando en un plan B si la justicia les da la razón. El Vicepresidente Miguel Angel Pesce quedaría a cargo interinamente hasta septiembre y allí ubicarían a otra figura, si Blejer finalmente rechaza la aceptación. Los nombres que circulan son los de Carlos Fernández, ex Ministro de Economía y Roberto Felleti, actual Viceministro de Economía.

A todo esto Redrado sigue en funciones, mandó a apelar la decisión del juez Griessa, quien podría ordenar descongelar los fondos en las próximas horas lo que sería un triunfo político, y se muestra como previsible, confiable, racional y como el garante de que nada se ha disparado financieramente. “Todo está bien por la solidez del Banco Central”‘ dice.

Anoche algunos oficialistas insinuaban que los directores del Central afines al Gobierno avanzarán sobre Redrado e insistirán con el Fondo del Bicentenario.

No es bueno el clima interno del Gobierno. Varios ministros susurran que “otra vez se están forzando las cosas inútilmente”. Y son varios los que se muestran “cansados” de las imposiciones sin consultas previas. Un ultrakirchnerista comentó, “si la Presidenta le hubiera aceptado la renuncia a Redrado cuando este planteó el tema, no se habría originado este conflicto”, ...pero fiel a su estilo habrá pensado -este no me va a renunciar a mi, se va a ir cuando yo quiera-, y ahora tenemos este conflicto innecesario”.

Está demostrado, pareciera que el kirchnerismo no puede vivir sin el conflicto. Pero los tiempos van cambiando, y el Gobierno juega peligrosamente con fuego, mete incertidumbres donde no las había y espanta las buenas perspectivas económicas que se abrían para este año en el país. Además, se cierra a los consejos positivos que les dan desde la oposición o desde sectores cercanos a ellos. Las cosas deben ser como ellos quieren o no son.

La oposición, si bien se muestra unida frente a la opinión pública, tiene divergencias sobre como hay que actuar frente al conflicto. Por lo pronto son muchos los que piensan que “es una locura una autoconvocatoria de la Cámara de Diputados para este mes”. La primera en advertirlo fue Elisa Carrió, que mandó a decir que: “Si quieren perder la votación y hacer el ridículo convoquen para el 20, si son racionales esperen a febrero”. Este consejo va ganando adeptos. Un peronista disidente le dijo a Ricardo Alfonsín: “Vas a tener que presidir una sesión de la cámara autoconvocada por la oposición”, a lo que el diputado respondió: “Yo no, que la presida Fellner”.

Carrió cree. además, que es “una payasada” la convocatoria de Cobos a los bloques de la oposición en el Senado, y que el Vicepresidente sólo busca un posicionamiento político. Las diferencias son cada vez mayores entre ellos y no hay vuelta atrás.

La “doble posición” de Cobos como Vicepresidente y candidato presidencial comienza a inquietar a los radicales tan apegados siempre a la institucionalidad. Alfonsín le pidió que renuncie y otros en privado se lo han sugerido, incluso aquellos del riñón cobista.

Sostienen que comenzará a hacer mella en su figura porque no se podrá mantener mucho tiempo en el delgado equilibrio que intenta mostrar. Desde el peronismo disidente, que alguna vez cercanos a Cobos, en privado se refriegan las manos y dicen: “La estrategia de Kirchner de decir ‘Cobos estuvo con nosotros y se desilusionó, pero en lugar de renunciar se pasó a la oposición’, en algún momento va a dar resultado.

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domingo, 10 de enero de 2010

Pocas cosas generan más "clima destituyente" que desconocer la ley y patotear a las instituciones.

Por Julio Blanck



El Gobierno decidió por decreto usar las reservas para pagar deuda, desconociendo al Congreso. Avanzó con esa medida ignorando a la Justicia, incluso a la Corte Suprema que le pidió informes a la Presidenta sobre las razones que sostenían su decisión.

Echó al titular del Banco Central arrasando el procedimiento ordenado por la ley, porque no hizo la obligada consulta a una comisión parlamentaria. Y cerró el círculo con una virtual intimidación a la jueza que frenó los procederes ilegales, con presencia policial en su domicilio y seguimiento callejero.

No es el ejercicio de la suma del poder público, como el que la Legislatura de Buenos Aires le otorgó a Juan Manuel de Rosas en marzo de 1835, cediéndole las funciones legislativas y judiciales. No es, pero se le parece bastante. Y con semejante deterioro del imperio de la ley, quedamos un paso más cerca de la selva.

Todo sucedió con el Congreso en receso premeditado, porque la Presidenta lo mandó de oportunas vacaciones al no convocar a sesiones extraordinarias. Cinco días después de terminar las ordinarias se publicó el decreto de necesidad y urgencia que habilita a pagar deuda con las reservas. El Gobierno libera así otros 6.569 millones de dólares -que había hecho aprobar en el Presupuesto con destino al pago de deuda externa- para volcar a un gasto público que ya está derrumbando la leyenda del superávit fiscal, base sólida de los buenos tiempos kirchneristas.

Para recuperar aquella bonanza perdida se aplica este manotazo a las reservas: hay que volver a llenar la caja para mantener en la fila a sindicalistas, intendentes y gobernadores, y hacer política sobre los sectores más vulnerables de la población.

La jueza María José Sarmiento, al suspender la liberación de reservas hasta que se pronuncie el Congreso y reponer provisoriamente a Martín Redrado en la presidencia del Banco Central, le puso una dosis de legalidad y sentido común a este desaguisado.

La tentación kirchnerista de demonizar a quien se les oponga puede patinar feo con la doctora Sarmiento, que acumula tres décadas de trabajo impecable en la Justicia y más de quince años como magistrada, con fallos que disgustaron al gobierno de Carlos Menem, como disgustan esta vez al de Cristina.

Ahora vienen las apelaciones del Gobierno. La decisión pasará a la Cámara Contencioso Administrativa. Hombres que ya han lidiado con los camaristas que pueden entender de inmediato en el caso, suponen que el kirchnerismo obtendrá allí resoluciones favorables. Esto abriría instancias más altas de apelación. Lo único seguro es que esta historia sigue.

La jueza Sarmiento actuó ante un amparo presentado por diputados de la oposición. La política buscó el escenario de la Justicia para frenar a los Kirchner. En los tribunales consiguieron más que lo que ellos mismos fueron capaces de construir en el Congreso. Pero el éxito transitorio no oculta la dificultad de los opositores para encontrar algo más que el discurso mediático, a la hora de alzar un muro contra el singular avance en pleno retroceso que está produciendo el Gobierno desde las elecciones de junio.

El kirchnerismo, con su torpeza política habitual, enfocó todos sus cañones contra Julio Cobos, a quien cree ver detrás de cada tropiezo de sus turbulentas iniciativas. La última fantasmagoría que le atribuyen a esta rara especie de vicepresidente opositor es la resistencia de Redrado a liberar las reservas.

Las diatribas de Aníbal Fernández tuvieron esta vez el acompañamiento enfático de la misma Presidenta. Y se sumó, inefable, el propio Kirchner. Pero la acusación de conspirar contra el Gobierno suena desmesurada para el talante político de Cobos. Estamos fregados si los que gobiernan entienden que conspirar es pretender que funcione el Congreso.

Enfocándolo como enemigo casi excluyente, quizás el kirchnerismo le termine haciendo un nuevo favor a Cobos. Lo coloca en la posición del rival más temido, el que los puede destronar. Justo lo que parece estar buscando una amplia mayoría social que, en junio pasado, votó a las listas que se opusieron al Gobierno. Francisco de Narváez puede contar cuánto beneficio electoral genera ser considerado por los Kirchner como el adversario principal.

En todo este desbarajuste, de manera inesperada y a contrapelo de su trayectoria, Redrado tomó un papel relevante y apareció defendido por sectores económicos y políticos que nunca se hubiesen aglomerado a su alrededor. Es otro milagro Kirchner.

Desde empresarios notorios -exceptuando a los favorecidos del universo kirchnerista- hasta sectores de la izquierda extraparlamentaria coincidieron en defenderlo. Por cierto, unos cuantos políticos ejercieron esa defensa al borde de la náusea. El neto perfil liberal de Redrado, su pensamiento económico y su currículum político, los habían puesto siempre en la vereda de enfrente.

En estos días Redrado habló con mucha gente. Pidió consejo a dos ex jefes de Gabinete del kirchnerismo, Alberto Fernández y Sergio Massa. Habló en público y en privado con los radicales. Y hasta trataron de ayudarlo Jesús Rodríguez y Enrique Nosiglia. Cada uno por su lado intentó convencer al vice del Banco Central, el radical K Miguel Pesce, de que no se subiera a la jugada kirchnerista. No fueron escuchados.

Otros opositores eligieron un camino diferente. Eduardo Duhalde llamó a Mario Blejer, de vacaciones de esquí en Europa. quien encabezó el Banco Central en el comienzo de su presidencia. Blejer es el elegido por Néstor y Cristina para suceder a Redrado. En círculos del Gobierno se dice incluso que fue quien aconsejó al matrimonio acerca de cómo lograr financiamiento extra este año, acudiendo a las reservas.

Fuentes peronistas aseguran que Blejer le dijo a Duhalde que no asumiría en el Banco Central con el actual escándalo político y jurídico. Duhalde, dicen, le prometió comprensión, si llegaba en esos términos. ¿Alianza inesperada entre el peronismo disidente y los Kirchner? Nada de eso. Sucede que Duhalde y otros hombres que participaron en estas consultas, como Felipe Solá y Alfredo Atanasof, creen que Blejer, de excelentes contactos en el establishment financiero internacional, puede poner algún límite a la acción de los Kirchner. Prefieren eso antes que la continuidad de Pesce o la llegada del viceministro de Economía, Roberto Feletti, que "están dispuestos a firmar cualquier cosa que les ordenen".

Redrado venía manteniendo un equilibrio difícil con Cristina. Antes, en 2005, había acompañado desde el Central la decisión de Néstor, cuando se pagó la deuda al FMI con 10.000 millones de dólares de las reservas. Según el propio Redrado recordó a sus amigos, también había resistido al menos otros dos intentos de Kirchner por hacerse de las reservas. Uno de ellos en 2006, cuando el entonces presidente pensó por primera vez en nacionalizar YPF. La idea quizás no lo haya abandonado del todo.

Cuando se le pagó al FMI hubo apoyo del Congreso y un acuerdo con el Banco Central enhebrado por Alberto Fernández. Esta vez las cosas se hicieron distinto. Redrado contó que lo llamaron para avisarle del decreto "media hora antes" de anunciarlo. Tampoco tuvieron en cuenta sus objeciones, entre ellas la referida a la extrema vulnerabilidad en que quedarían las cuentas argentinas en el exterior, al alcance de los fondos buitre.

Después de varios días sin poder hablar con Cristina, Redrado se reunió con ella el lunes pasado. Fue el último y fallido intento por convencerla con sus argumentos. Al día siguiente arrancó la topadora que le tiraron encima.

Si Redrado terminó curiosamente defendido por sectores del progresismo opositor que rechazan el pago de la deuda, no menos curiosa fue la defensa que desde el progresismo oficialista se hizo de la decisión de pagar esos compromisos.

Son horas de confusión en el kirchnerismo. Los gestos de fuerza, la acción restallante frente a cierta morosidad opositora, parecen empezar a no alcanzar. La realidad electoral de junio tardó seis meses en hacerse efectiva. Y ahora empieza lentamente a extenderse.

Un gobierno de minoría sigue siendo un gobierno legítimo. Ahora reaparecieron la victimización y la intención de envolverse en una épica forzada y sin sustancia. Pero algo está claro: pocas cosas generan más "clima destituyente" que desconocer la ley y patotear a las instituciones.

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sábado, 9 de enero de 2010

Como si fuera un mucamo lo quisieron despedir a Redrado

Por Roberto García

Antes de partir, hace pocos días, el primer enviado oficial de Barack Obama al país, Arturo Valenzuela, planteó: “Me preocupa la inseguridad jurídica en la Argentina”. Se escandalizó el kirchnerismo por ese diagnóstico hasta enrojecerse con las típicas diatribas contra el imperialismo, a pesar de que el funcionario norteamericano sólo amplificaba lo que infinidad de personas repetían hace tiempo.


Pero el episodio recuperó la esencia del dogma de Néstor Kirchner, expresado en España al poco tiempo de asumir como mandatario: no miren lo que digo, sino lo que hago. Y, al margen de palabras huecas, esta semana el kirchnerismo se permitió avalar a Valenzuela con la expulsión del cargo a Martín Redrado, titular del Banco Central, encendiendo una revuelta judicial, institucional, legislativa, política, seguramente económica.

Justo cuando parecía que el país se recomponía por el empuje internacional, llegó la equivocación malhadada, esa que según el perverso Tayllerand es más grave que el crimen.


Como si fuera un mucamo lo quisieron despedir a Redrado.

Con la prepotencia de patrón bonaerense, Aníbal Fernández lo apremió diciéndole que su jefa Cristina le había aceptado la renuncia –la cual el titular del Banco Central no había presentado– y que, en su lugar, ya había designado a Mario Blejer. “No me voy nada, soy el custodio de las reservas, tengo autonomía”, replicó Redrado, acantonándose en el edificio que preside para arrebato furioso del matrimonio.

No podía creer el dúo que ese mosquito le provocara una de las peores crisis, los conmoviera y les dejara una roncha que, es de confiar, no sea un bulto negro como la peste.

A ellos, ocurrirles este desatino, si son peso pesado que se cargaron militares, Iglesia, Justicia, Menem, De la Rua, Duhalde. Pero esa categoría boxística merece una revisión: esos poderosos han sido víctimas de mosquitos imprevisibles, como Juan Carlos Blumberg en su momento, Julio Cobos con la l25, Felipe Solá y Francisco de Narváez en la última elección.

De ahí que, enardecidos, además de insistir con otro decreto y una reunión de Gabinete (un acontecimiento extraordinario en sus vidas) para echar a Redrado, le hicieran decir a sus lenguaraces: “El titular del Banco Central cree que las reservas son de él, le pertenecen; se equivoca, son de este Gobierno, este Gobierno las acumuló”. Como si fueran propias, como si fueran los fondos de Santa Cruz.

Ese criterio sobre la titularidad de las reservas era, justamente, una de las razones por las cuales Redrado se oponía al último decreto de Cristina (tomar financiamiento del BCRA, en exceso a lo que autoriza la Carta Orgánica y se autodispensa del incumplimiento de esos límites), el DNU ya famoso sobre el Fondo del Bicentenario, el cual en un principio el propio titular del BCRA no sólo aceptó sino que hasta aplaudió en la ceremonia ad hoc, sin advertir que se trataba de una chambonada jurídica.

Tampoco él estuvo serio en esa ocasión, lo empujó la voluntad de congraciarse con la Rosada. Luego, claro, le llegaron las prevenciones y empezó a demorar la ejecución de la medida, o sea el traslado de unos 6.500 millones de dólares del Central al Tesoro.

Dilación que enojó al Gobierno, reclamante de ese dinero con una urgencia inusual –no hay compromisos inminentes con acreedores internacionales–, como si tuviera que salvar un asiento contable desconocido (como el del cajero infiel de un banco que saca plata de la caja para reponerla al final del día).

Más allá de la exigencia y la postergación, Redrado se apoyaba –se apoya, hay un dictamen jurídico de su propia institución que lo respalda– en que existe un riesgo cierto de que las reservas del BCRA sean embargadas por la existencia de un documento público que probaría –al menos una parte de las reservas– su aplicación a pagar obligaciones del Tesoro (como lo confesó el número dos del Banco Nación, Roberto Feletti).

O sea, que no tienen fines monetarios o propios del BCRA, son –como dicen los voceros oficialistas– reservas que acumuló el Gobierno, son de los Kirchner, como los fondos de Santa Cruz.

A Redrado, al margen de cálculos personales y contactos con opositores (desde el radicalismo a Francisco de Narváez, en los últimos meses), de una inquietud por la espiral inflacionaria en ciernes, derivada de esa decisión (de la cual no se preocupó demasiado en los últimos años de servicio a la pareja oficial), lo acometió otra realidad de sus abogados: podrían imputarle administración fraudulenta, incumplimiento de deberes y, sobre todo, malversación junto al resto del directorio, lo que además de prisión implica una multa de 20 al 50% de la cantidad distraída, unos l.300 millones de dólares en el caso de pena mínima.

Algunos entienden que Redrado actuó en consonancia con la opinión de Marcos Moiseeff (habría recomendado la vía parlamentaria como complemento de la instrucción del Ejecutivo), controvertido ideólogo legal del BCRA como gerente de asuntos legales, con influencia en los fueros de Capital Federal, especialmente en el Contencioso Administrativo, que será el que entienda en el amparo que presentará el expulsado titular del Central. Aunque más decisiva fue, dicen, una abogada de apellido Urquiza (otro dato para el galimatías: Moiseeff es el jefe de Abelardo Giménez Bonet, el abogado que representa al Central ante la UIF, escenario de la nueva batalla del Gobierno contra el monopolio Clarín por el tema del JP Morgan).

Como Redrado entonces se protegía con un “no me ordenen que cometa un delito”, lo echaron como a la primera mujer de Carlos Menem. Y, si no hubo necesidad de fuerza pública, fue porque el funcionario evitó una confrontación física –aunque de la CNV, cuando se atrincheró en su momento, hubo que echarlo del mismo modo– y se montó con un pedido de amparo a un limbo jurídico del cual piensa volver como titular del organismo otra vez, repuesto por el Congreso, la Justicia o la Santa Madre.

Ya logró ayer que la ahora reconocida jueza Sarmiento lo restituyera temporariamente en el puesto, ya que la Cámara –se asegura– modificará ese fallo. Algo así como el procurador de Santa Cruz, al que apartaron hace años del cargo Néstor Kirchner y Carlos Zanini, y a quien luego la Corte obligó a devolverle los atributos.

El entuerto judicial ahora se ramifica, igual que la discrepancia de poderes con el Legislativo (empiezan este lunes en el Senado): la misma jueza impidió que se aplique el DNU sobre las reservas, como señalaba Redrado, y su propio caso ingresó por demanda del Ejecutivo a la tutela de Norberto Oyarbide, el magistrado que saca todas las bolillas que los Kirchner quieren para sus exámenes, naturalmente por sorteo. Lo que se dice un casino, según el término italiano.

Le tocó a Miguel Pesce, el vicepresidente del Central, la fallida operación del traspaso de fondos (evitada tambien por trabas de la propia línea del banco), curiosamente un radical allegado a Cobos, luego “albertista” de Fernández –por lo tanto sobreviviente–, hoy a cargo de la institución con otros directores de ausencia repetida (Farías) o el presunto conocedor financiero Chodos, heredero de la patria contratista de la Cámara de la Construcción, quien habría sido el numen del DNU cuestionado por Redrado (aunque otros le atribuyen la autoría del engendro a Pesoa, el hombre que le llena los oídos de números a Néstor).

Claro, hasta la llegada del reemplazo, Blejer, quien dijo sí con demasiada facilidad y ahora se pregunta si no debe hacer públicas sus condiciones de economista ortodoxo para que alguien lo tome con seriedad.

Ya que no alcanza con otro comunicado de Adeba a su favor, como el poco explicable que este núcleo de bancos emitió reclamando la dimisión de Redrado. Sobre todo, si se lo compara con lo que ocurrió en 200l, cuando se lo pretendía despedir a Pedro Pou del BCRA (hecho que ocurrió finalmente siguiendo los procedimientos parlamentarios y con Pou pudiéndose defender) y la asociación de bancos de entonces afirmaba que esa expulsión debía ser por una causa clara, no por razones políticas ni por imputaciones falsas de lavado de dinero. Igual, ese proceso aceleró la brutal crisis posterior de la economía.

Sin comparar, lo cierto es que ahora los Kirchner aparecen disminuidos y con un núcleo técnico que los defiende en público que inspira reserva: los expertos Gullo, D’Elía (las reservas están para gastarlas en planes sociales), De Petri (no deben ser ciertas las versiones que lo asocian al hermano de Ricardo Jaime en una empresa de construcción), la diputada Conti (hablando de carpetas contra Redrado cuando, se supone, también Redrado debe tener carpetas sobre movimientos de capitales de ciertos personajes), al tiempo que el ministro Boudou se muestra como lo que parece ser: volátil, superficial, insolvente para explicar las medidas. En la AFA, como se sabe, los equipos de primera C no ganan los campeonatos de la primera categoría.




Lo deberían saber en Presidencia, ahora que disponen de fútbol para todos. Ya que tanta improvisación para gastar más (ya suman este mes 20% más de lo que era el gasto preelectoral), disponer y repartir no se explica sólo con la idea de lograr nuevas adhesiones de la gente. Justo cuando a éstas hoy –en apariencia, según las encuestas– no se las consigue con dinero

La presidenta se expone a un juicio político por abuso de poder

Por Alfredo Leuco


Una vez más la dinastía Kirchner utilizó el cuchillo de carnicero para hacer cirugía fina, eligieron la violación antes que la seducción. Una vez más resolvieron cavar trincheras sin darse cuenta que la tierra que removieron los fue tapando a ellos.


La búsqueda de consenso social hace mucho que no les interesa. Pero ya no respetan ni las formas ni las normas. Chocan contra la realidad a los topetazos, en forma ciega y se lastiman a sí mismos. ¿O alguien cree que al finalizar este conventillo los Kirchner van a quedar mejor parados ante la opinión pública?

Los Kirchner avanzan a como de lugar. A las patadas si hace falta. No escuchan. Por eso el gobierno esta cada vez mas solo y aislado. La realidad no se cambia con decretazos. Nadie está por encima de la leyes y mucho menos los gobernantes que son los primeros que tienen que respetarlas.

Cristina Fernández no debe dividir para reinar. Debe cohesionar para gobernar. Alfonso Prat Gay fue durísimo en su definición cuando dijo que “entre la monarquía y la patota decidieron gobernar lo que les queda por decretazos y llevándose puestos en el camino la Constitución, el Congreso, el Banco Central, las reservas y la división de poderes”.

Es tan delicada la situación innecesaria y caprichosa que han generado los Kirchner que la presidenta se expone a un juicio político por abuso de poder como ha dicho Elisa Carrió.

Pero también es cierto que la dirigencia opositora que posiblemente autoconvoque al Congreso de la Nación también debe tener un comportamiento prudente, racional y moderado que no lastime las instituciones mas de lo que ya fueron lastimadas.

No pretendo dramatizar pero la crisis que inventaron desde el gobierno es de magnitud porque implica un conflicto de poderes. Y porque la historia reciente indica que frente a este tipo de situaciones los Kirchner reaccionan de la peor manera. Aceleran. Huyen hacia delante. Redoblan la apuesta. Desafían a todos y por eso paga altísimos costos políticos.

Eso se refleja en las encuestas donde 8 de cada 10 argentinos son muy críticos de los Kirchner cuando en los países vecinos como Uruguay, Chile y Brasil, 8 de cada 10 habitantes son muy elogiosos con sus gobiernos.

Hay que poner racionalidad y estatura republicana a todo este vodevil. Hay que sacarlo de la lucha en el barro y colocarlo en la mesa del dialogo y las negociaciones. Hay que poner paños fríos y no jugar con fuego. No dejarse extorsionar por el oficialismo pero tampoco potenciar las divisiones.

Estamos asistiendo al lamentable espectáculo de la degradación de las reglas del juego. ¿Es un anticipo de la vetocracia con que piensa manejarse el gobierno? ¿Es la demostración de lo que se viene para un año de un gobierno con menos dinero para disciplinar y con menos diputados para legislar?

El estado de derecho acaba de recibir un cachetazo brutal. Toda la dirigencia política tiene la responsabilidad histórica de evitar que los Kirchner tiren del mantel. Hay que ayudarlos a que gobiernen aunque ellos no se dejen ayudar.

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Néstor, sin reservas no hay operativo clamor Kirchner 2011

Por Juan Pablo De Santis
Editor de FortunaWeb

El decreto presidencial que removió a Martín Redrado de la presidencia del Banco Central, además del puntapié de un nuevo conflicto institucional, fue un reflejo ante el dolor. Tanto Néstor Kircher como Cristina Fernández han utilizado la caja como instrumento de gobierno y saben que la necesidad de financiamiento es imprescindible para llegar a las próximas elecciones nacionales sin mostrar debilidades económicas, que destruyan sus posibilidades de reelección.


Argentina se encamina a una reducción acelerada del superávit primario, el ancla fiscal del -a veces incierto- “modelo” económico.

En 2010 hay vencimientos por U$S 13.000 millones, y los U$S 6.529 millones del Fondo del Bicentenario le resultan necesarios al Gobierno porque cada vez tiene menos fuentes de financiamiento: Los mercados de capitales internacionales -aunque el canje esté en pleno proceso- todavía están cerrados, el país sigue con calificación de mercado especulativo y emitir deuda aún es caro. Más allá de los argumentos, en noviembre de 2008 la solución fue estatizar las AFJP; en diciembre de 2009, el 13% de las reservas del Banco Central.

CONTABILIDAD CREATIVA

Si se consideran los últimos dos años, el gastos del Estado ha sido casi el triple que sus ingresos. En los 11 primeros meses de 2009 (los datos de diciembre no se terminan de publicar), los ingresos crecieron 12,2% frente al año pasado, pero los gastos, 30%.

En noviembre el Gobierno imputó como ingresos propios U$S 2.500 millones que envió el Fondo Monetario Internacional (FMI) como ampliación de capital por la crisis financiera internacional. No se trata de ingresos genuinos, sino de la necesidad de imputar recursos de capital para capear déficit de presupuesto. No es la primera vez, en enero de 2009 hizo lo mismo con los fondos de las expropiadas AFJP.

Contar estos fondos como ingresos fue un recurso para no blanquear el deterioro de la situación fiscal. Sin estos, el déficit primario de noviembre hubiera sido U$S 1.315 millones y se habría convertido en el primer mes de la era kirchnerista en mostrar cuentas en rojo.

El deterioro crónico del superávit primario (la resta de ingresos contra egresos) no es un asunto menor: cuando este comienza a dar negativo, se presenta la necesidad de pedir dinero prestado para pagar intereses de bonos y préstamos. Este último camino -si no se corrige- es un espiral: deuda para pagar más deuda.

Por otra parte, el Fondo del Bicentenario es un mecanismo indirecto de financiar del gasto público: si se garantiza deuda con reservas, la necesidad del Gobierno de realizar un ajuste para bajar el gasto destinar más dinero a pago de compromisos será mucho menor.

Tampoco es casual que en los últimos tres meses del año pasado Argentina redobló sus esfuerzos por volver a conciliar con los organismos multilaterales de crédito: lanzó un canje de deuda y estrechó su acercamientos con funcionarios del FMI.

LA PALABRA PROHIBIDA

Aunque en febrero de 2009 Néstor Kirchner bramaba “no queremos plata del FMI ni que la regalen”, y en octubre apoyó las gestiones de Amado Boudou con el Fondo.

Después de la última crisis local, los políticos argentinos han aprendido qué tan indigesta puede ser la semántica económica. Nadie que busque una (re) elección pronunciará la palabra “ajuste”. La pedagogía de la experiencia es clara: el último en hacerlo de modo explícito fue Ricardo López Murphy, que en 2001 fue eyectado del ministerio de Economía tras quince días de mandato.

Queda claro que Kirchner tratará por todos los medios de no realizar ningún cimbronazo para reducir gasto, por eso el Gobierno redobla sus esfuerzos por volver cuanto antes a los mercados internacionales de deuda voluntaria. Es decir, necesita financiamiento porque cada vez tiene menos fuentes y cualquier matiz de la palabra prohibida dificulta sus chances de competir en 2011.

También persiste el sinsabor de que los últimos dos intentos por subir ingresos o bajar gastos [ajuste implícito] produjeron un desgaste político intenso y cáustico. Visto con prisma económico, la derrota en la batalla por implantar retenciones móviles fue una suerte de rebelión fiscal del sector privado agroexportador. Por último, el intento por quitar subsidios a servicios públicos -electricidad y gas- terminaron suspendidos por la Justicia y con fuerte malestar en usuarios que recibían facturas con altos incrementos.

Los Kirchner entienden que las cuentas en rojo no suman votos. La vuelta a los mercados favorecerán las perspectivas económicas, pero también tiene un objetivo más inmediato: asegurarse que cualquier medida económica poco popular, en caso de que deba tomarse, sea después de las próximas elecciones.

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miércoles, 6 de enero de 2010

¿Quién será capaz de reemplazar con éxito un gobierno de manejo discrecional del poder político y económico?

Por Luis Majul

¿Cómo llegará el Gobierno al final de su mandato, dentro de casi dos años? ¿Quién será capaz de reemplazar con éxito a Cristina Fernández, después de casi ocho años de manejo discrecional del poder político y económico? Estas son las dos preguntas desesperadas que se repiten en los círculos de quienes manejan los grandes negocios de la Argentina, pero también entre los profesionales que deben tomar decisiones de mediano y largo plazo.



La respuesta a la primera pregunta es que hoy no existe razón de peso para dudar de que esta administración gobernará hasta el último minuto. Es más, quizás Néstor Kirchner ensaye durante este año su último intento de reconciliación con la clase media, parado en los pronósticos de crecimiento de la economía, y con la firme intención de presentarse como candidato a presidente en 2011.

Aunque la mayoría de los analistas afirman que su imagen negativa es irremontable, la intención del ex presidente aportará cierta fortaleza política a la gestión de su mujer. Es decir, la percepción de que el Gobierno todavía no renunció a administrar la Argentina. Un remake de la presión que Kirchner ejerció sobre Cristina Fernández para abandonar el gobierno en 2008, después del "voto no positivo" del vicepresidente Julio Cobos es una posibilidad que hoy no tiene en la cabeza ningún integrante del círculo íntimo del matrimonio presidencial.



La respuesta a la segunda pregunta es más incierta. Todavía faltan las internas abiertas y después la campaña presidencial, pero muchos argentinos y no solo los que necesitan información de primera mano, intuyen un panorama complejo y poco auspicioso.

Daniel Scioli y Mauricio Macri están golpeados, pero de ninguna manera fuera de carrera. ¿Francisco De Narváez logrará que la Corte falle a favor de su pretensión de ser Presidente a pesar de haber nacido en Colombia? Lo de Eduardo Duhalde ¿va en serio o está destinado solo a ‘sacar al loco‘, como dice que le reclamó un productor ganadero?

 Julio Cobos sigue primero en las encuestas pero ¿podrá gobernar la Argentina un radical de buenos modales sin una alianza con los sindicatos de Hugo Moyano, los gobernadores peronistas y los dirigentes sociales cuyo poder se asienta en los planes que recibe el Gobierno?

Carlos Reutemann sigue sumido en su mutismo habitual, pero ¿podrá conducir un gobierno con bomba de tiempo incluida un hombre tan especial, tan poco comunicativo que se encierra durante semanas en su casa de campo y no le atiende el teléfono a alguien que no sean sus parientes?

Por lo pronto, el velocísimo y sospechoso sobreseimiento en la causa por presunto enriquecimiento ilícito del matrimonio presidencial es leído por quienes deciden como una muestra de que el kirchnerismo todavía no murió, y que su capacidad de daño sigue intacta.

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domingo, 3 de enero de 2010

Los protagonistas políticos del verano según Nelson Castro

Por Nelson Castro

“Serán dos años a pura campaña”, reconocía sobre el filo de la noche vieja un funcionario K de paladar negro. Horas antes, un acólito de Eduardo Duhalde expresaba exactamente lo mismo. Así se fue 2009; y así comenzó 2010.



Néstor Kirchner saturará la geografía de la provincia de Buenos Aires con actos y discursos. Lo alienta para dicho cometido el anunciado crecimiento de la economía, consecuencia directa del paulatino fin de la crisis financiera mundial.

En el imaginario del ex presidente en funciones anida la esperanza de que ese repunte le permita tender puentes con buena parte de la clase media, de la que su lejanía es creciente, sin la cual será imposible ganar la elección presidencial de 2011.

Nadie tiene la bola de cristal, pero lo cierto es que, para alcanzar ese objetivo, deberá hacer muchas cosas distintas a las realizadas en éstos dos últimos años. Y hasta aquí, nada indica que ese cambio, casi copernicano, esté en vías de producirse.

En el cómodo reportaje que concedió en la última semana del año que pasó, no hubo en Néstor Kirchner el mínimo atisbo de autocrítica. Es más, su afirmación de que su imagen positiva está entre el 48% y el 52% fue una demostración de su falta de contacto con aquella parte de la realidad que le es adversa. Las encuestas de las consultoras contratadas por el Gobierno tienen números que lo dan, en el mejor de los casos, veinte puntos por debajo de esos porcentajes.

Esto lo saben también todos los funcionarios del Gobierno: los más cercanos y los más lejanos. No obstante, ninguno se atreve a decírselo al matrimonio presidencial. Todos saben que a quien lo hiciera le aguardaría el sinsabor del ninguneo y un horizonte de renuncia inexorable. “Si no, que le pregunten a Ocaña”, confesaba en voz muy baja un hombre del Gobierno que también calla cuando está frente Cristina y a Néstor Kirchner. .

Ya con el presente navideño que le hizo el juez federal Norberto Oyarbide, consistente en apresurado sobreseimiento en la causa vinculada al espectacular incremento patrimonial, el matrimonio presidencial se sintió lo suficientemente liberado como para compartir una cena de fin de año con uno de los empresarios más beneficiados durante la administración de los Kirchner: Lázaro Báez, el hombre que de ser empleado del Banco de Santa Cruz, en 1991, pasó a ser dueño de hoteles, medios de comunicación y adjudicatario de importantes obras públicas en la Patagonia. A buen entendedor, pocas palabras.

Sólo la falta de una Justicia verdaderamente independiente en la provincia de Santa Cruz permite explicar que la sociedad tácita existente entre el matrimonio presidencial y Báez siga inconmovible.

Otra cosa, en cambio, sucede con la Corte Suprema, cuya independencia los Kirchner lamentan.

En este sentido, los últimos hechos que incluyen las fuertes críticas por el episodio de desobediencia al juez laboral José Sudera protagonizado por el jefe de gabinete, Aníbal Fernández; los cuestionamientos al jefe de peritos contables de la Corte, quien firmó el dictamen que abrió las puertas al presuroso sobreseimiento del matrimonio presidencial en la causa relacionada con el aumento impresionante de su patrimonio; y la exigencia a la Presidenta para que explique por qué autorizó el pago de deuda externa con reservas del Banco Central, algo que no está permitido por ley, han alarmado y perturbado al Gobierno, cuyo enojo motivó las declaraciones del ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández, quien dijo textualmente: “Me apena mucho escuchar a la Presidenta diciéndoles a los jueces que no se dejen presionar, presionándolos”.

Eduardo Duhalde será otro de los protagonistas políticos del verano. Sus contactos con los barones justicialistas del Conurbano bonaerense son crecientes. Serán el objeto que más se habrán de disputar él y Kirchner. La situación de muchos intendentes es realmente difícil.

Han perdido mucho poder en sus respectivos municipios como consecuencia de haber acompañado al ex presidente en funciones en su desastrosa campaña electoral de junio pasado y en su escandaloso engendro de las candidaturas testimoniales. Muchos han perdido poder político dentro de los concejos deliberantes y esto pone en riesgo seriamente tanto su dominio, como así también su poder político territorial.

Por lo tanto, han decidido cobijarse bajo el ala de Duhalde, a quien han tomado como tabla de salvación. Dialogan con él casi a diario. En esas conversaciones hablan pestes de los Kirchner. Duhalde los escucha y les pide que ni se les ocurra levantar la voz. De hacerlo, la represalia K sería terrible.

Una fuente que conoce el justicialismo al dedillo describía así a la situación: “El apresuramiento de Duhalde tuvo un motivo: no quiso dejarle la cancha libre a Néstor Kirchner para que manipulara el justicialismo de la provincia a su antojo”.

La imagen del ex presidente en funciones es mala. La de Duhalde, peor. Pero lo cierto es que al interior del justicialismo bonaerense, su irrupción en el escenario político ha sacudido el panorama bonaerense y, en especial, el del Conurbano.

Como se dijo, son varios los intendentes que, en lo íntimo, han celebrado la vuelta al ruedo de quien supo ser caudillo en esas atribuladas comarcas. “Es cierto, la imagen es mala pero trabajaremos para mejorarla; los juicios contra Carrió y D’Elía, por las acusaciones que ambos le hicieron referidas a su vinculación con el narcotráfico, han sido parte de esa estrategia”, explicaba un dirigente del peronismo que habrá de hacer campaña al lado del ex presidente.

Lo que todavía no está claro es qué papel van a jugar Francisco de Narváez y Felipe Solá. En uno de los reportajes que concedió Duhalde en los últimos días de 2009, reveló algo que era prácticamente desconocido: en aquellos días intensos de su breve presidencia, cuando desesperaba por encontrar un candidato que pudiera vencer a Carlos Menem, una de las opciones fue la del entonces gobernador Solá, quien declinó la oferta.

En el medio de este torbellino está Daniel Scioli. Nadie sabe bien hacia donde irá; “él tampoco”, reconoce alguien de su cercanía. Las humillaciones a las que lo sigue sometiendo Néstor Kirchner no acaban nunca. La última fue el par de modificaciones que el ex presidente en funciones hizo introducir en la Ley de Reforma Política de la provincia de Buenos Aires. Las finanzas del primer Estado hacen agua. Néstor Kirchner ya ha hecho saber que se encargará de que la sangre no llegue al río. Lo hará, claro está, a su manera; es decir, a último momento, con el agua al cuello. “Néstor no puede darse el lujo de que la provincia se incendie, ahora que él es uno de sus representantes en el Congreso”, afirmaba alguien con despacho en Balcarce 50.

Scioli también estará ocupado con la campaña. Sería bueno, sin embargo, que dedicara la mayoría de su tiempo a gobernar. La inseguridad nuestra de cada día ya se cobró una vida en el comienzo de año en La Matanza. El gobernador tiene un menudo problema con la Policía Bonaerense. Las declaraciones suyas y del ministro Carlos Stornelli, señalando que desde que se había denunciado un complot policial para desestabilizar a su Gobierno el delito había disminuido, ha puesto en jaque a toda la institución y ha significado, en los hechos, una contradicción que ha torpedeado los cimientos de su política de seguridad basada, equivocadamente, en darle más poder a la Policía.

Por su parte, Carlos Reutemann sigue caminando la provincia de Santa Fe y hablando con gente del justicialismo. Tiene buen diálogo con Felipe Solá y con Francisco de Narváez. No se habla con la senadora Hilda González de Duhalde ni con su esposo, a quien le seguirá contestando por los diarios.

Antes de hacer algún anuncio, el ex piloto de Fórmula 1, que competirá en la interna del PJ por la candidatura a presidente, quiere ver cómo se para el Gobierno a partir de marzo y cómo van a estar las cosas con el campo. En el sector, su imagen sigue creciendo y, mucho más aún después de la decisión del gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, de aumentar la alícuota del impuesto inmobiliario rural y de apoyar la continuidad de las retenciones.

Reutemann está convencido de que un vez que él se lance, Duhalde se hará a un costado.

El caliente verano porteño tendrá a las espadas de la política ocupadas. La Presidenta ya ha hecho saber que quiere tener a sus ministros a mano para enfrentar los embates de la oposición que, por otro lado, no quiere dejar que el Gobierno los sorprenda, como ocurrió durante el interregno de seis meses que fue desde fin de junio hasta el 10 de diciembre.

En los bloques opositores han acordado que buscarán consensuar posiciones en torno a temas puntuales. Es una idea que se viene trabajando desde un mes antes de la asunción de los nuevos legisladores. El Consejo de la Magistratura y el INDEK encabezan la lista.

En la Coalición Cívica, en particular, han trabajado arduamente para convencer a Elisa Carrió de la necesidad de demostrar aptitud para generar acuerdos sólidos y con efectos concretos, tal como ocurrió en la sesión preparatoria del 3 de diciembre último. Su relación con la UCR es buena y, desde el punto de vista personal, la mejor química la tiene con los senadores Gerardo Morales y Ernesto Sanz, y con el diputado Ricardo Alfonsín.

Julio Cobos también está activo. Su voz se hará escuchar con mayor asiduidad. No callará ante ninguno de los temas en los que esté en desacuerdo con el Gobierno del cual, formalmente, aún forma parte. No buscará ningún acuerdo electoral con Eduardo Duhalde, tal como lo expresó en un reportaje en el día de ayer. Sí, en cambio, está hablando con Francisco de Narváez.

El vicepresidente ya no oculta su intención de ser candidato a la presidencia en 2011 por la Unión Cívica Radical. Al día de hoy, para que esto se concrete, existe un impedimento que, llegado el caso, seguramente se solucionará, ya que a Cobos le levantaron la sanción por la cual se lo expulsó del partido, pero no se lo reafilió. Para que ésto suceda deberá cumplir con un requisito: renunciar a la vicepresidencia.

Así ha empezado el año en la crispada Argentina del Bicentenario. Hace cien años, nuestro país y los Estados Unidos eran consideradas las dos potencias de América.

Para la sociedad argentina, pues, estos últimos cien años han constituido la crónica de un fracaso. ¿Habrá capacidad en nuestra dirigencia –y no sólo de la política– de aprender de la historia a fin de no repetir otros cien años de frustraciones?

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