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jueves, 15 de abril de 2010

Félix Loñ: "Aníbal Fernandez demuestra un desconocimiento muy grave de la Constitución Nacional"


El constitucionalista Dr. Félix Loñ sostuvo que los jueces no se pueden expedir porque no hay ley sin el pronunciamiento de las dos Cámaras como lo exige la Constitución. VIDEO

Edgardo Alfano consultó al Dr. Félix Loñ por los dichos de Cristina Kirchner "se violó la Constitución".

 -Los jueces no se pueden expedir porque no hay ley sin el pronunciamiento de las dos Cámaras como lo exige la Constitución.

Con respecto a Aníbal Fernández, Félix Loñ dijo que "demuestra un desconocimiento muy grave de la Constitución Nacional"

El oficialismo denunció irregularidades pero todos los constitucionalistas les contestan que no las hubo.

Ya es un hecho que la ley sale porque diputados ya tiene el número para aprobarla. Cristina Kirchner la vetará.

martes, 13 de abril de 2010

The Washington Post publicó el reclamo de Greenpeace a Cristina Kirchner



Greenpeace Argentina publicó hoy un aviso en el diario "The Washington Post" en el que critica a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner por el proyecto de construcción de una usina a carbón en la Patagonia.


El aviso, titulado "Don´t cry for me, Patagonia", se opone a la decisión del Gobierno Nacional de avanzar con la construcción de una planta de energía en base a carbón en la localidad de Río Turbio, Santa Cruz.

La publicación coincide con la visita oficial que realiza la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en estos momentos a los Estados Unidos.

El texto publicado en la edición de este lunes del Washington Post sostiene que "una mujer con visión de largo plazo no pondría en riesgo los glaciares y las reservas de agua de la Argentina".



Greenpeace le señala a la Presidenta, además, que "invirtiendo en empleos verdes y promoviendo la energía eólica en la Patagonia, su administración tiene la oportunidad de generar un suministro eléctrico limpio, eficiente, moderno y descentralizado".



"Comenzar a utilizar carbón como fuente de energía a gran escala es una total irracionalidad ambiental y económica que debemos evitar. Argentina tiene muchas y mejores opciones para desarrollar en materia energética", sostuvo Juan Carlos Villalonga, director de Campañas de Greenpeace.

La organización ambientalista había denunciado que el Gobierno argentino realizó pagos por 142 millones de dólares a la empresa española Isolux Corsán -constructora de la central de Río Turbio- un año antes de la presentación del estudio de impacto ambiental de la obra.

"Seguimos esperando las explicaciones del Gobierno Nacional y de Isolux. También nos gustaría ver a los funcionarios provinciales, que estos días se han enojado mucho con Greenpeace, poner la misma energía en exigir a Isolux una explicación sobre los pagarés y el estudio de impacto ambiental", concluyó Villalonga.

Fuente: Clarín

jueves, 4 de marzo de 2010

Aquel “yuyo” al que aludió peyorativamente Cristina Kirchner en 2008


Por Pepe Eliaschev

El gran negocio será para el Gobierno: más de US$ 8.000 millones que el Estado embolsará ante la inminente cosecha récord de soja, que la Bolsa de Comercio de Rosario estima en 52,5 millones de toneladas.


Aunque hace varias semanas que el país político vive embebido en la discusión por el control del Senado, donde el Poder Ejecutivo perdió la mayoría, el éxito sojero deja enseñanzas tanto o más jugosas para evaluar lo hecho y deshecho por los Kirchner en estos últimos siete años. Tras vituperarlo con crasa ignorancia o estigmatizarlo desde un prisma ideológico, aquel “yuyo” al que aludió peyorativamente Cristina Kirchner en 2008 es cada vez más la estrella insuperable de la producción agropecuaria argentina. Es, además, la gallina de los huevos de oro para los recaudadores.

viernes, 5 de febrero de 2010

Wall Street lanzó informes negativos sobre la designación de Marcó del Pont


Por Marcelo Bonelli

Mercedes Marcó del Pont concurrió a la Quinta de Olivos sin imaginar que saldría del portón de la casona presidencial convertida en una de las dos personas que instrumentará la política económica.


domingo, 31 de enero de 2010

Cristina Fernández, un verdadero lifting de contenidos para consumo mediático

Por Pepe Eliaschev

Era sencillo descalificar algunas preocupaciones de hace no mucho, cuando todavía era frecuente toparse con excusas formales que pretendían descalificar objeciones incómodas.


Al  Carlos Menem de los años 90 no convenía hacerle juicios estéticos porque esa debilidad “tilinga” desfiguraba las mucho más trascendentes críticas sobre la corrupción y las privatizaciones. De modo que Xuxa, los Rolling Stones y Charly García en Olivos, la Ferrari “mía-mía” y las danzas del vientre con odaliscas eran preocupaciones gorilas.

A los peronistas Kirchner también se hizo difícil cuestionarlos durante años, sobre todo para quienes blandían a la nueva Corte Suprema de Justicia y a la llamada “política de derechos humanos” como esencias poderosas, al lado de las cuales las carteras Louis Vuitton de ella, los mocasines de él y –sobre todo– la colosal riqueza que codiciosamente amasaron y la banda de cortesanos favorecidos resultaban para no pocos rasgos secundarios. Hoy esa indecencia, en la que se arroparon fatigados progresistas y rotundos burgueses nacionales, ya es inviable.

Nadie le puede recriminar a él su tosquedad invariable. Néstor Kirchner nunca fue ni será un político intelectual. Jamás quiso serlo. Ha sido, en ese sentido, muy sincero. No es ni será un hombre de libros, ni un decidor que atrape por sus conceptos. Hoy, como siempre, su labia es pastosa y su vocabulario es irremediablemente indigente.

Lo de ella es diferente. Ya en los primeros 90, Aníbal Fernández (que castiga micrófonos desde hace ocho años al hilo) la definía como “un cuadro de puta madre”. La militancia K vivía embobada por la aparente solidez de la verba de Cristina, una abogada que se lució durante años por su prolijo manejo de la trinidad sujeto+verbo+predicado, armonía sintáctica a la que muchos políticos, funcionarios y empresarios no le encuentran la vuelta.

Los largos años en el poder (los Kirchner son funcionarios del Estado desde hace ya dos décadas, sin pausas) transformaron la primigenia tersura lingüística de la actual presidenta en una caricatura de sí misma. Engreída, airada, didáctica, atosigada de ínfulas, Cristina Kirchner cabalgó siempre sobre su percepción de autosuficiencia para levantar sus meñiques y apuntar con sus índices.

Los maquillados mohínes se tornaron retratos de cera. Menudearon sus desplantes en vivo y su tono irrespetuoso de soberbia provinciana para con jóvenes cronistas que la abordaban, así como su cachondo jugueteo con los “chicos” a los que privilegiaba porque la atendían sin meterse en profundidades.

Todo bien hasta ahí. Ella era ella, una matrona sabia, híper producida y por encima del vulgo, “hegeliana” en los congresos de filosofía, importadora de momias en El Cairo, progresista “líberal” en las aulas de la New York University, bolivariana intensa en las barriadas caraqueñas, pero siempre en la misma longitud de onda, una mujer que quería codearse con Segolène Royal y con Nicolas Sarkozy, con Hillary Clinton y con Angela Merkel.

Ahora es diferente. Buitres y cerdos, mingas y viagras, acogotados y trancos de pollo, la Presidenta resbala diariamente por la ladera del ridículo, revelando una versatilidad que sería positiva si no fuera tan vergonzosa.

A este perfil surgido de un verdadero lifting de contenidos para consumo mediático, se le añade un agravamiento del tono auto victimizante, especialidad en la que descolló ya Néstor Kirchner.

Quieren boicotearnos, quieren que fracasemos, buscan imponer una política de hambre, los buitres vienen por nosotros, son como las ratas del Riachuelo. Ha venido condensado ella en sus casi cotidianos exorcismos lo más nefasto y paranoico del nacionalismo populista: el mundo quiere que a la Argentina le vaya mal y esos enemigos tienen representantes domésticos entre nosotros que trabajan en contra de nuestro país. En suma: el enemigo, la anti patria.

La desmesura presidencial acompaña el estilo prostibulario de su jefe de Gabinete, un funcionario que ha demolido minuciosamente toda pretensión de respeto por las normas de la urbanidad democrática. Como los insurgentes de los 70, que abominaban de las “libertades formales” del capitalismo, sus epígonos de estos años no solo desprecian esas formas, sino que se afanan por degradarlas todo lo que puedan.

El jefe Fernández es un empleado público que se vale de conceptos seguramente validados en los consultorios lacanianos que fatigó años atrás, y en sus matinales desembarcos por las radios califica a dirigentes y funcionarios con delicias tales como mamarracho, pirucha, vago e impresentable.

No estamos, ni estuvimos ante un problema estético. La obliteración de las más básicas rutinas de respeto civil ha ido de la mano de un profundo desdén por la democracia real, la que funciona con instituciones, partidos, leyes, congresos, controles y equilibrios.

Tras el paso de “rock star” que Cristina Kirchner hizo por el Congreso Mundial de Filosofía de 1997, donde se declaró “hegeliana”, un invitado especial a dicho evento, celebrado en San Juan, el filósofo Roberto Rojo, santiagueño nacido en 1924, pero tucumano por adopción y maestro de numerosas promociones de estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de esa provincia, dio en la tecla.

Rojo, que en sus inicios se especializó en Lógica, dice haber arribado a la pregunta filosófica por el lenguaje cuando leyó a Ludwig Wittgenstein (Viena, 1889 - Cambridge, Reino Unido, 1951). A terminar dicho congreso, Rojo dijo que “Somos lo que somos en gran parte por el lenguaje. El lenguaje nos constituye”.

Podrá decirse que no es saludable tomarse demasiado en serio a la Presidenta y su evocación de un week-end afrodisíaco comiéndose un cerdo con su cónyuge. Pienso al revés: creo que el lenguaje, las palabras, los rictus y el vestuario de la señora Presidenta no hablan sólo de una mujer indigeriblemente excesiva. La constituyen.

Fotografían algo mucho más importante que un disparate individual. Son el símbolo del melancólico predicamento de un país frecuentemente penoso.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Los Kirchner no están en contra del capitalismo

Por Pepe Eliaschev


Padecen de una debilidad, pero no la ven como tal. Creen que es solo una circunstancia. Le dan el carácter de anécdota. Gajes del oficio, la llaman a su indigencia. Peor aún, murmuran es-lo-que-hay, en tono casi inaudible. Ponen los ojos en blanco, como implorando caridad. ¿La merecen?
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Véase, como mero ejemplo, la foto de la agencia Efe publicada el martes 22 por un matutino, junto a una crónica titulada “El Gobierno ratificó su apoyo a la industria automotriz” sobre la presentación de Amarok, una camioneta de la alemana Volkswagen, ensamblada en la Argentina.El presidente local de VW, Viktor Klima, un empresario de Austria, cuyo gobierno encabezó de 1997 a 2000, comparte algo más que sus dos K con el matrimonio presidencial.

La foto lo muestra en una actitud que, de tan empalagosamente cortesana, es mortificante para el decoro. Ante una Cristina Kirchner entre divertida y asombrada, Herr Klima se agacha, toma la mano derecha de la Presidenta y se la besa. ¿Viejas costumbres de la fulgurante e hipócrita Mittel Europa? Tal vez. Pero además, el empresario europeo le dijo a Cristina en el acto en la planta de General Pacheco: “estoy convencido de que usted es tan talentosa como su marido para traernos buena suerte”.

¿Qué necesidad había de tanta obsecuencia? Los empresarios que hacen negocios en la Argentina fueron puestos a parir desde 2003. Según el relato oficial del kirchnerismo, para la casa que gobierna hace ya seis años y medio, de marzo de 1976 a abril de 2003 sufrimos sin interrupciones “el neoliberalismo” y las empresas fueron dueñas y señoras de la Argentina. No hace distingos la mitología oficial. No diferencia a Martínez de Hoz de Sourrouille, ni a Cavallo de Lavagna. El tiempo nuevo habría empezado con Kirchner en la Casa Rosada, pautado por una fiera y digna actitud de rigor y energía con empresas y empresarios. ¿Fue así?

En estos 79 meses no han faltado zafarranchos y batallas tangibles, durante las cuales el Gobierno maltrató crudamente a la burguesía no amiga, a la vez que mantuvo bien dulce al capital-kirchnerismo realmente existente.

A Shell la tuvieron contra las cuerdas y le mandaron piquetes para bloquearla, como hoy los sufre Esso. A Techint le facturaron de todo, desde su inicial acercamiento a Lavagna hasta sus negocios globales, en particular la venezolana Sidor, estatizada por Chávez. Las cementeras, como Loma Negra, maltratadas por el camionero Moyano, no sólo no recibieron comprensión y justicia neutral, sino una actitud abiertamente adversa de la cartera laboral, que convalidaba los desmanes. Algo similar le pasó a Kraft, fábrica de alimentos, donde el gremialismo peronista fue desbordado por la militancia de extrema izquierda.

El Gobierno nunca dejó de hostilizar a las compañías periódicamente mortificadas por demandas exorbitantes o aprietes extorsivos. Cabinas de peaje copadas en unas autopistas cuyos concesionarios deben seguir cobrando precios ridículamente bajos, hasta generar el derrumbe de la ahora intervenida Autopistas del Sol.

Subterráneos paralizados ante la pasividad del Estado porque trabajadores de Metrovías (empresa del grupo Roggio) desean un sindicato propio, demanda legítima que, sin embargo, pretenden consumar martirizando pasajeros y, de paso, debilitando las arcas de quien les paga el salario.

Distribuidoras de electricidad y gas impedidas de actualizar tarifas que atrasan cinco años. Una cadena de supermercados, Coto, que ya en el arranque del kirchnerismo fue bruscamente disciplinada cuando su dueño admitió que había inflación en la Argentina, algo que Olivos tipificó como intento de golpe de Estado.

Proveedores de salud cuyas tarifas son dibujadas primitivamente por el secretario de Comercio con secas instrucciones telefónicas, porque Moreno no firma nada por escrito.

No ha sido un gobierno totalmente anti empresas. La comida que la noche del martes les ofreció el matrimonio presidencial a los empresarios pretendía exhibir cordialidad con el poder capitalista.

Es que los Kirchner no están en contra del capitalismo. Para ellos, y por eso invitaron a Daniel Hadad a Olivos, capitalistas aceptables son quienes someten sus negocios a las decisiones oficiales.

Estaban también YPF, Edenor, Telecom, Aluar, Elea, IRSA, Aeropuertos, Banco Macro, Techint, Bagó, Arcor y Pan American, entre otros. Hasta La Nación, condenada por los Kirchner a los vituperios más primitivos, fue invitada al banquete.No es sencillo diferenciarlos inequívocamente. Hacer negocios significó siempre en la Argentina concesiones al poder y rapiña al Estado. Ahora también, pero más que nunca. Hay que pertenecer. Dado ese paso, los Kirchner nunca interpondrían reparos ideológicos.

Eso diferencia al austriaco Klima del argentino Aranguren, intrépido director de Shell en este país. Admirado y hasta envidiado por su coraje y frontalidad, se parece poco a un patrón argentino típico. Sus colegas lo miran con inquieta debilidad, pero jamás se animarían a copiarlo. Tal vez no sean tan edulcorados y excesivos como Klima, a quien los Kirchner le traen buena suerte, pero tampoco objetarán explícitamente lo que –en cambio– condenan vitriólicamente cuando hablan off the record.

Aflojan desde su debilidad, se agachan con presunto pragmatismo, sin advertir que así agravan su anorexia corporativa. No terminan de comprender estos burgueses intrépidamente oportunistas que son cada vez más vulnerables. Cada renunciamiento los hace menos fuertes. Cada obsecuencia menos respetados, más visiblemente rehenes de sus enérgicos y exigentes secuestradores. ¿Síndrome de Estocolmo? No lo creo. En los secuestros, el abducido padece, al menos inicialmente, una violación indeseada, hasta que luego y, eventualmente, captores y cautivos se enamoren. No sucede aquí eso.

El síndrome de la Argentina es más penoso, un mecanismo de medio pelo. Besan las manos de sus alimentadores, convencidos de que el vasallaje es un rápido camino a la prosperidad. Pero son vulnerables, no hay vuelta que darle. Ya se irá viendo.


Otras Notas:
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Kirchner y Duhalde, dueños de un pobre juicio social
La verborragia maníaca y la hiperpresencia de los Kirchner
Aníbal Fernández hombre clave de los Kirchner
El problema central de la política argentina
Majul le contesta a José Pablo Feinmann: "alcahuete del poder"
Néstor Kirchner debería incorporarse al libro de los records Guinness
En el mundo de Néstor y Cristina Kirchner todo es unilateral
Los Kirchner no pueden conducir al país sin andar repartiendo trompadas mediáticas
El fallo de Oyarbide degrada la imagen del Poder Judicial y descoloca a la Corte
Los Kirchner se pusieron Casco contra la justicia
Así transcurre la vida en el planeta kirchnerista
En la Argentina de los Kirchner no hay Ley ni Justicia para Juzgarlos
La prueba más cabal de la mentira oficialas
Justicia Social y Libertad Por Alfredo Leuco

jueves, 5 de noviembre de 2009

Encuesta-Presidenciables y futuros presidentes

Las encuestas de opinión son como el sol: aunque no las veamos, siempre están. Todavía no tiene “sentido político” hacerlas públicas (por eso no se difunden tanto), pero batallones de encuestadores trabajan para empresarios y políticos ávidos de saber qué va a pasar. Y en el caso de estos últimos, para saber además con quién armar posibles alianzas. El panorama al día de hoy puede sintetizarse así:

¿Quiénes son las figuras presidenciables?

Hay sólo tres figuras que empiezan a pisar fuerte en la carrera hacia el sillón: Kirchner (Néstor), Duhalde y Cobos.

¿Quiénes se “pincharon”?

Hay una fuerte y sostenida desintegración de Felipe Solá (mide mal). Por su parte, vienen subiendo mucho los aspectos negativos de la imagen de Macri (reducirlos era su gran desafío político), y Reutemann perdió el impulso inicial hasta desdibujarse. Los demás (por ejemplo, Lilita) no aplican.

¿Qué pasa con De Narváez?

De Narváez tiene un buen capital político. Sin embargo para el grueso de la población no es un presidenciable. De cara a las próximas elecciones su gran desafío será con quién formar alianza. Pinchado Solá y herido Macri, el camino lo dirige directamente hacia Duhalde o Cobos. Aunque una alianza con Cobos podría sonar descabellada, quizá resulte efectiva (la derrota de la vieja política). Pero lo más probable es que se incline por Duhalde y funcione a manera de “príncipe consorte”.

¿Cuáles son las debilidades y fortalezas de cada candidato?

- Duhalde: Sus chances son altísimas. Pero su estrategia es la más complicada de las tres. Duhalde es un candidato que crece en el conflicto (en el manejo de situaciones críticas la gente le reconoce virtudes). Por lo tanto, más que postularse, debe preparar el terreno para que “el pueblo reclame por él”. Necesita su 17 de octubre. Está obligado a hacerse desear. Salvo que la situación política y economica se vaya de madre, es el último de los candidatos que debe expresar su deseo de llegar a la presidencia.

¿Su gran fortaleza? Para la mayoría es el único que puede (y quiere) terminar definitivamente con los Kirchner.

- Cobos: La situación del mendocino es opuesta a la de Duhalde. Si bien es el “verdugo natural” de los Kirchner, debe demostrar rápidamente vocación presidencial (con todos los riesgos que implica ser el primero en decir “quiero” en política).

La mayor duda de las personas encuestadas es que no se convierta en una bisagra que si bien puede derrotar a los Kirchner, sea incapaz de manejar el país. Imaginan el siguiente escenario: CristinaCobosDuhalde. Gana pero hay caos.

- Néstor Kirchner: hasta ahora los otros candidatos en carrera lo ayudan. ¿Por qué? Duhalde es el pasado y Cobos una incógnita. Volver a Duhalde implicaría dar por “perdidos” estos años y entregarse a Cobos tiene sus incógnitas de peso. Podría llegar a ser el menos querido de los presidentes de la historia pero ganar porque no se le encuentra reemplazo.

Tiene la ventaja final de que no es él quien está en el poder (por más que la gente sabe que maneja los hilos). Además posee una brutal capacidad de revitalizarse.

Su punto más débil y contra el que deberá luchar es el siguiente: la gente sabe que si llega al poder el país quedará brutalmente dividido en dos, situación que no se da desde hace muchos años.

Fuente: Perfil.com

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domingo, 1 de noviembre de 2009

El matrimonio presidencial enhebra todas las semanas una ristra de anuncios vanidosos





El estilo imperativo de Cristina y Néstor Kirchner condiciona cualquier reacción opositora. La palabra oficial parece siempre bajo sospecha. La oposición arma un plan para diciembre. Crece el espionaje.

Cristina y Néstor Kirchner siguen gastando lo que no tienen. El Gobierno del matrimonio enhebra todas las semanas una ristra de anuncios vanidosos. Los últimos fueron el proyecto de reforma política que deberá debatir el Congreso y el decreto que impone la asignación universal por hijo para padres desocupados o subocupados.

Ninguna de esas decisiones, como sí lo fueron otras, podrían considerarse descomedidas. Figuran, incluso, en la agenda opositora y boyaban también en el ambiente con forma de demanda social. Pero las palabras y los gestos de los Kirchner, desde hace rato, sirven sólo para devaluar hasta las intenciones nobles. Pareciera existir hacia ellos una desconfianza profundizada desde la derrota electoral, que le imposibilitaría remontar cualquier cuesta.


El kirchnerismo no concedió en el Congreso ni una de las cuestiones que reclamaba la oposición. Impuso como quiso las facultades delegadas. Sancionó con un trámite plagado de turbulencias y rarezas la ley de medios. Hizo votar en Diputados, a libro cerrado, el Presupuesto para el 2010.


Ningún clima de diálogo se construye de un día para el otro. La confianza no se recupera con engaños. El matrimonio nunca creyó en aquel mecanismo y basta para corroborarlo con repasar su historia. Las determinaciones de Kirchner y Cristina, buenas y malas, acertadas o erróneas, siempre prescindieron de la opinión opositora e, incluso, de la de su propio Gobierno. ¿Cuántas veces los ministros se enteraron de las novedades por los medios de comunicación o, en el mejor de los casos, minutos antes de ser anunciadas?


Los Kirchner, además, acostumbran a confundir, deliberadamente o no, ciertas cosas. Cristina se suele empalagar aludiendo a las supuestas mejoras institucionales o democráticas por las medidas que anuncia, entre ellas la reforma política. Pero no habrá mejora súbita por el peso de ninguna ley.

Lo que deberían cambiar previamente -o al menos en simultáneo- serían las nociones medulares sobre la democracia y también muchas conductas y valores públicos de la clase dirigente. El concepto de acuerdo, diálogo y convivencia ha sido vaciado de los manuales oficialistas y opositores. Los Kirchner se han encargado estos años de dejar esas páginas en blanco.



¿Hacía falta imponer también por decreto la asignación universal a la niñez? ¿No hubiera resultado más sensato someterlo a una discusión generosa con la oposición? ¿No podría haberse encontrado en ese punto, como exige la Iglesia y pide la oposición, una base mínima de convergencia? No existe convergencia que pueda seducir a los Kirchner más que el oportunismo político.


El ex presidente termina impulsando una reforma política que pareciera favorecer, en principio, sólo a peronistas y radicales. Los dos grandes serían los únicos capaces de amoldarse a las exigencias que plantearía la ley sobre afiliaciones y base de voto electoral para ser reconocidos como partidos. El centroizquierda se vería en figurillas. El PRO, la Coalición y hasta los socialistas quedarían sobre un peligroso límite.


El mayor riesgo para Kirchner sería el de siempre, el mismo que padeció en junio último: el voto popular. Las internas serían obligatorias para todos los ciudadanos, afiliados o no a un partido. El encono que han generado los Kirchner podría disparar otro fenómeno, como sucedió con la victoria de De Narváez/Solá en Buenos Aires. Una fuerte corriente de votos, tal vez, a favor de su opositor interno, si lo hubiera. O un inesperado empinamiento de algún candidato opositor.


Eduardo Duhalde navega ahora entre sus sueños de un gran acuerdo político que ofrezca seguridades a la Argentina para después del 2011 y explicaría que hace lo que hace para despabilar a un peronismo sometido a Kirchner. Trataría de atizar la voluntad de algunos dirigentes para que se atrevan a colarse en la pelea. "Si aparece uno, yo me correría", promete.

No fue una casualidad el respaldo que Roberto Lavagna brindó a su candidatura. En diálogo con Alberto Fernández le pidió que tenga trato más frecuente con Lavagna. "No hay problema", contestó el ex jefe de gabinete de Kirchner . Pero no existiría entre ellos una visión parecida del presente y del futuro.

Alberto Fernández supondría dos cosas: que Kirchner, por su impopularidad, no podrá ser candidato en el 2011 y que todo lo que ahora deja circular, en ese sentido, apuntaría a preservar los dos años que le restan a Cristina; tampoco estima factible el retorno de Duhalde. "Si las alternativas fueran esas, Cobos será el próximo presidente", pronostica.

Las escuchas telefónicas ya causan alarma entre políticos, jueces, empresarios y periodistas. Esas conversaciones, aseguran, llegan siempre hasta las oficinas de Kirchner en Olivos. Se sabe que el ex presidente conoce, entre tantas cosas, cada palabra que pronuncian Agustín Rossi, el jefe de diputados oficialistas, Miguel Pichetto, el jefe de senadores y José Pampuro, vicepresidente del Senado.


Nada lo detiene. Aníbal Fernández, el jefe de Gabinete, obedeció la orden de retirar policías en la Capital por la deuda impaga del gobierno de Mauricio Macri. Importa más la riña política que la seguridad ciudadana.

¿Valdría una reforma política y una ayuda a la niñez en medio de un incipiente estado policial? ¿Podría una sociedad despegar en una Nación acechada por decisiones degradadas?



Por: Eduardo van der Kooy
Clarin.com

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