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lunes, 15 de febrero de 2010

La tragicomedia del Fondo del Bicentenario

Por Matías Ruiz

El debate parlamentario por la constitución del Fondo del Bicentenario ya comienza a saturar los titulares en los medios de comunicación nacionales, pero ocurre que la Casa Rosada lo plantea en los términos ya conocidos de "Madre de todas las batallas". La etiqueta propagandista que fuera antes utilizada en las votaciones de la Resolución 125, la Ley de Medios oficialista (hoy herida de muerte) y la incautación de los fondos de las AFJP, vuelve al ruedo, a grandes letras en las primeras planas de los diarios del país.

Aunque esta vez podría decirse que se trata, efectivamente, del último conflicto de importancia al que el Gobierno Nacional deberá hacer frente en el Congreso de la Nación. Más precisamente en el Senado, donde la flamígera contienda ve aumentada su temperatura con cada día que se va tachando en el calendario.

Por supuesto, por estas horas, los analistas políticos de fuste intentan elucubrar fórmulas cuasimatemáticas, a los efectos de predecir los resultados que podría arrojar la votación. Pero nadie tiene la "bola de cristal" y Delfos queda muy lejos.

sábado, 13 de febrero de 2010

Los Pecados Capitales de los Kirchner

Por Rodolfo Fogwill

El domingo pasado, y a propósito de las oscuras transas de dos de los tantos millones de la familia K, escribió Verbitsky que “el manejo de esas cifras por parte del conductor de un proceso político populista no tiende a generar la imprescindible mística militante para respaldarlo”.


Yo lo diría al revés y escribiría que todo lo que rodea a la vida privada del matrimonio presidencial tiende a disolver la poca mística que aglutina a los pocos que lo respaldan. Es sugestivo que siempre el capital se vincule a no menos de cuatro de los siete pecados capitales.

Los ricachones gobernantes frecuentan soberbia, gula, ira y avaricia, y si no se les imputa la pereza, la envidia y la lujuria es porque son faltas que sólo se manifiestan en la intimidad, aunque calificación del Viagra como “gratificante” sugiere la presencia de alguna de estas tres excepciones.

sábado, 6 de febrero de 2010

Sería recomendable que todos los políticos Argentinos vieran Invictus




La película Invictus desarrolla cómo Nelson Mandela hizo revocar la decisión de cambiar el nombre y la camiseta (basada en los colores de la bandera de Sudáfrica del apartheid) de la selección nacional de rugby, los Springboks, tomada por su propio partido. Como el rugby era el deporte de la minoría blanca, cuando la selección de Sudáfrica enfrentaba a la de Inglaterra, la mayoría negra sudafricana hinchaba por Inglaterra para provocar el enojo de los blancos de su propio país.

Lo mismo que hacen los futboleros argentinos al hinchar por el adversario de la selección de Brasil y que, siendo lúdico, es divertido, pasaba a ser un símbolo de desunión nacional dentro del mismo país.

Mandela siguió su lema, con el que se ayudó a sobrevivir los casi treinta años en prisión: “Soy el dueño de mi destino y capitán de alma”, y se opuso al deseo del pueblo que lo eligió, desafió su voluntad de venganza y decidió utilizar el rugby como herramienta de conciliación para acabar con el enfrentamiento de blancos y negros.

miércoles, 3 de febrero de 2010

"El estado de la democracia en América Latina"


Por Ramón Indart

¿Cómo ven los países vecinos lo que sucede en la Argentina? ¿Los Kirchner intentan seguir el mismo camino que Chávez en Venezuela? ¿Hay similitudes en la actitud de los gobiernos de América Latina para con los medios de comunicación? Estas son algunas de las tantas preguntas que se realizaron a politólogos, periodistas y comunicadores del Consejo Académico del Centro para la Apertura y el Desarrollo de America Latina (CADAL) en el marco del seminario "El estado de la democracia en América Latina".

"Marketing de Carta Abierta". Hector Leis es argentino pero actualmente vive en Brasil. Es profesor asociado del Departamento de Sociología y Ciencia Política de la Universidad Federal de Santa Catarina miembro del Instituto Millenium. "Desde Brasil se ve con preocupacion la inestabilidad introducida por el propio Gobierno. Dicen que hay actitud destituyente de la oposición, el campo y los medios. Es un invento de buen marketing que realizó Carta Abierta", señaló.

lunes, 1 de febrero de 2010

El progresismo K fomenta la haraganería, el robo legalizado e implementa el populismo más exacerbado

Por Roberto Cachanosky

El tsunami de antikirchineristas crece día a día sin que esté claro si realmente se debe a una toma de conciencia acerca del camino que debe emprender la Argentina o es simple oportunismo político.

. El problema es que el daño ya lo hicieron. Y el daño ha sido muy grande porque formaron parte de una alianza política que le permitió al matrimonio usar y sigue usando, hasta donde puede, el monopolio de la fuerza que le delegamos, para avasallar derechos de propiedad, confiscar ahorros, burlarse de las instituciones, hacer un simulacro de democracia y mil atropellos más.
Bienvenidos todos aquellos que inicialmente apoyaron al matrimonio y luego advirtieron que no tenían límites en sus ambiciones de poder

La dominación por el terror y la aparente instauración de una anarquía


Por Nidia G. Osimani

En “Sociedades Secretas, primer paso”, hablé acerca de la importancia de diferenciar las teorías “conspirativas” de las “conspiranoicas”, separando así la paja del trigo, procurando no perder de vista la tenue línea demarcatoria entre lo que hipotéticamente ocurre y “lo que nos quieren hacer creer” que ocurre.


domingo, 31 de enero de 2010

Una conspiración de dimensiones homéricas

Por Eduardo van der Kooy

Se profundiza la pelea de los Kirchner con la Justicia. Incluso con la Corte. El Gobierno carece de interlocutores aptos. La crisis por el Central abrió fisuras en el Gabinete y disparó un despido. Anticipó la renuncia de Redrado e hizo aflorar enojos en el peronismo bonaerense.



Néstor y Cristina Kirchner parecen empeñados ahora en demoler hasta las cosas que en otro tiempo, con conciencia o sin ella, hicieron bien. Acaban de sumar a la Justicia, a la propia Corte Suprema que supieron remozar, al inagotable universo de sus peores enemigos. De aquellos que estarían tramando, según esa óptica, una conspiración de dimensiones homéricas.

O algo extraño estaría sucediendo en la Argentina que sólo la sensibilidad de los Kirchner parece en condiciones de captar o, como señalaría cualquier folleto básico de psicología, el matrimonio parecería enredado en un peligroso designio de autodestrucción política.


Antes de incorporar a la Justicia en la nómina de malvados, los Kirchner habían redoblado la presión para intentar tumbar a Julio Cobos. Se le endilgó formar parte de un plan desestabilizador junto al desplazado titular del Banco Central, Martín Redrado.

Bastó que el vicepresidente, como integrante de la Comisión Bicameral que debe juzgar a Redrado, ajustara algunas conductas y tiempos a las necesidades del matrimonio para que aquella ofensiva menguara. Nadie del coro kirchnerista reclamó la semana pasada el apartamiento de Cobos.

La ira de los Kirchner es hoy contra la Justicia. Casi en una misma saga están los medios de comunicación, los opositores, los peronistas que disienten, llamados "traidores". Son apenas las menciones del último tiempo.

Las Fuerzas Armadas, la Iglesia, las fuerzas de seguridad -en especial la Policía- y los "grupos económicos" asoman como veteranos integrantes de esa lista de enemigos.

Hay una fauna humana, aunque también una zoológica: la Presidenta advirtió la última semana sobre el acecho de los buitres, de adentro y de afuera. Pareciera haber en ciernes una verdadera tragedia, de la cual los argentinos comunes no se habrían percatado.

Entre tantos desagradecidos y tantas pérdidas, los Kirchner sumaron en los últimos tiempos una modesta alianza. El trato con la AFA. La televisación del "fútbol para todos", que se estaría tornando insostenible para las arcas del Estado y que explicaría, entre una parva de motivos, la necesidad y la premura del Gobierno para definir el conflicto con Redrado y poder hallarle una salida a la utilización de las reservas del Central, etiquetadas como Fondo del Bicentenario.



Ese conflicto no expirará con la salida de Redrado ni con la opinión de la Bicameral. Perdurarán los profundos recelos internacionales por muchas cosas que desnudó el escándalo. También las fisuras abiertas en el Gobierno que, como primera manifestación, produjo el alejamiento del procurador del Tesoro, Osvaldo Guglielmino. El hombre colaboró con Carlos Zanini, el secretario Legal y Técnico, en la estrategia del uso de las reservas y en el modo de enfrentar las réplicas judiciales. Se cortó el hilo por el lado más delgado, como suele suceder.

Zanini es el último funcionario de confianza que le queda el raído circulo de decisiones de los Kirchner. Guglielmino llegó a la Procuración casi de casualidad: en ese lugar, originalmente, había sido designado el santacruceño Carlos Sánchez Herrera. Tuvo que renunciar cuando se supo que había sido abogado defensor del ex jefe policial durante la dictadura, Juan Bautista Sasiaíñ.

Los Kirchner recurrieron con presteza para cubrir la vacante de Guglielmino a Joaquín Da Rocha. Se trata de un penalista dedicado hace años a la actividad privada. La especialidad es lo de menos: conoce el recorrido serpenteante entre el poder y la Justicia. Estuvo antes en la Justicia bonaerense y en el Consejo de la Magistratura.

El matrimonio siente una enorme orfandad con el Poder Judicial. El ministro del área, Julio Alak, como otros ministros, parecen satisfechos con su labor sólo cumpliendo el protocolo de la asistencia. Aníbal Fernández, con sus modos, provoca más desagrado que otra cosa. De su tránsito por el Ministerio de Justicia quedó una relación resentida con la Corte Suprema.

Los Kirchner desconfían de esa misma Corte que renovaron cuando era imperioso para ellos la construcción de una expectativas social que no había sido registrada en el 2003 por el magro caudal de votos. El ex presidente apunta al lote de miembros que vienen de una etapa anterior.

¿Quiénes son? Carlos Fayt, a quien un amparo lo autoriza a seguir como juez pese a haber superado el límite de edad jubilatoria. Enrique Petracchi, que asumió en 1983 como producto de un acuerdo radical-peronista y Juan Carlos Maqueda, convertido de senador en juez durante la emergencia de Eduardo Duhalde.

Tampoco han sido bien recibidas, en los últimos tiempos, opiniones de los nuevos integrantes. Sobre todo de Ricardo Lorenzetti y Carmen Argibay. Pero el mayor fastidio del matrimonio caería sobre Petracchi.

El kirchnerismo supone que las juezas de la Cámara que prohibió usar reservas al Banco Central y delegó en el Congreso el conflicto con Redrado -Marta Herrera y Clara Do Pico- serían discípulas del magistrado. Petracchi no habría movido un dedo para torcer el sentido de ese fallo.

Al primero de los dos conflictos el Gobierno parece haberle encontrado un escape que el tiempo dirá si no se trata, en verdad, de una emboscada. Redrado terminó, al final de agotadores cabildeos, renunciando al Banco Central, pero ese trámite y sus secuelas -entre ellas las denuncias del economista- provocaron daños incalculables a los Kirchner.

Habrá que analizar, además, el contenido del consejo de la comisión parlamentaria que terminaría avalando la decisión presidencial. Aunque antes de hacerlo, Cobos y Alfonso Prat Gay -nadie sabe qué hará el kirchnerista Gustavo Marconato- piensan elevar a Cristina una nota preguntando si es necesaria la conclusión de la Bicameral con la ida de Redrado consumada.

Los Kirchner ahora quieren ese veredicto que tanto trataron de esquivar porque, con el pleito saldado, desean que la oposición (Cobos y Prat Gay) se exponga a un veredicto que, según sea, también tendría costos para ella.

El vicepresidente y el economista de Elisa Carrió habrían coincidido en que la conducta de Redrado fue correcta al bloquear las reservas del Fondo del Bicentenario. Pero en la prolongada exposición del ex jefe del Central habrían detectado muchas debilidades de su gestión anterior. Ligadas en especial a los esfuerzos por encubrir la inflación.

Cobos y Prat Gay. en cambio, nunca habrían podido resolver una diferencia. El diputado de la Coalición planteó que antes de iniciar sus sesiones la Bicameral debía solicitar la derogación del DNU con el cual la Presidenta había echado a Redrado y soslayado el papel del Congreso. Pero aquél planteo terminó arrastrado por la resistencia kirchnerista, las presiones de los Kirchner y los apuros.

Cobos prefirió eludir esa discusión porque hubiera estirado los plazos de la Bicameral. Fue una de las impugnaciones que hizo Redrado cuando el viernes presentó su renuncia. Fue también otra corroboración de que el ejercicio político e institucional en la Argentina circula por una alcantarilla.

Veamos. Cristina quiso despedir a Redrado por decreto. Luego se doblegó ante la presión del Congreso. Redrado pidió la derogación del DNU antes de declarar. Era una condición necesaria para convalidar la actuación de la Bicameral. No existió tal derogación pero igual se presentó a declarar. Terminó renunciando antes de que la comisión se expida. El Gobierno que lo quiso echar por decreto y le impidió el ingreso al Banco por la fuerza pública ahora se niega a aceptarle la renuncia. Una pintura de comedia y tragedia política.

Pareciera claro, a esta altura, que Cobos navega con soltura las aguas de la confrontación con los Kirchner cuando esas aguas están mansas. El encrespamiento lo atribula. Las definiciones tajantes también. Por eso estima que, con Redrado fuera de la escena, sería estéril un pronunciamiento de la Bicameral. Su voto será, en cualquier circunstancia bajo cualquier argumentación, a favor o en contra de los Kirchner. Así de simple. Un dilema para el vicepresidente y los radicales, que desde el conflicto con el campo pretendieron erigirse en la contracara kirchnerista.

El peronismo también tiene su dilema. ¿Hasta cuándo soportar la conducción forzada de Kirchner? Hace rato que muchos peronistas bonaerenses, alistados con el matrimonio, venían de un conciliábulo en otro. Ocurrió que ahora resolvieron hacerlos públicos para ventilar, como admitió Hugo Moyano, el disconformismo con el ex presidente y con el Gobierno. Esa decisión disparó un cruce del sciolismo contra Sergio Massa. El intendente de Tigre se hace el desentendido aunque murmura que el ex presidente y el gobernador están agotando su tiempo político.

¿Carlos Reutemann piensa igual? El senador regresa de Nueva York para mostrarse con los principales dirigentes del Peronismo Federal. El último día del año pasado, en su campo, le dijo a un empinado peronista que su postulación sigue en pie. Envió la semana pasada un correo a un kirchnerista crítico.

Kirchner decidió reasumir la conducción del PJ en el Chaco porque no pudo elegir otro lugar. Ese vaho de inocultable debilidad empieza a penetrar el partido. El peronismo juramenta siempre que al líder que deja de serlo se lo acompaña al menos, como señal de reconocimiento, hasta las puertas del cementerio. Podría suceder que no pocos peronistas crean estar divisando esas puertas a la vuelta de la esquina.

Enero ya termina, la furia K, no

Por Nelson Castro

La sucesión de hechos provocados por el Gobierno y la oposición tras el inicio del año parece estar llegando a su fin. Sin embargo, los daños colaterales provocados por el Gobierno marcarán el compás de la gestión.

Fue la crónica de un final anunciado. Una vez que la Presidenta se vio forzada por la Justicia a cumplir con lo dispuesto por el artículo noveno de la Carta Orgánica del Banco Central, referido a los procedimientos de remoción del presidente de la entidad, la suerte de Martín Redrado estaba echada. Mucho más aún cuando, como habíamos anticipado, su destitución contaba con el voto “positivo” de Julio Cobos.


La puesta en escena de la renuncia del ex presidente del BCRA forma parte de un clásico de la política argentina. Son denuncias tardías que por su gravedad también comprometen al funcionario que las hace. Por otra parte, son confirmatorias de informaciones que en su momento la prensa difundió y que el kirchnerismo negó y fustigó.

En la edición de hoy de Perfil se publica una nómina de compradores de fuertes sumas de dólares. Figuran allí tanto Néstor Kirchner como Hugo Moyano. La fecha de la compra coincide con el despuntar de la crisis económica tras la quiebra de Lehman Brothers. Ese fue uno de los momentos en los que merodeó el fantasma de la devaluación. Se ve que tanto uno como otro tenían mucha plata y poca confianza tanto en el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner como en la economía del país.

El análisis de la Comisión Bicameral –que en realidad ha sido unicameral ya que, de sus tres integrantes, dos son diputados, Gustavo Marconato y Alfonso Prat-Gay, y quien la preside es el vicepresidente que no es senador– es altamente crítico de la gestión de Martín Redrado.

Al día de hoy las posiciones de sus integrantes son las siguientes: Marconato votará por la destitución del renunciante presidente del Banco Central; Cobos, también, aun cuando su idea es hacer más que nada una evaluación con reproches a la gestión del funcionario desplazado; Prat Gay, en cambio, se debate en una encrucijada: como es de público conocimiento, su valoración de la gestión de Redrado es fuertemente crítica y, por ende, es de la opinión de apoyar su remoción; lo que ocurre es que sobre él hay una presión que viene ejerciendo Elisa Carrió para que no vote a favor de lo que propone el Gobierno. De ceder ante esta presión, Prat Gay quedará expuesto a una manifiesta contradicción que le facturarán opositores y oficialistas.

Por supuesto que en todo este episodio han quedado secuelas negativas significativas dentro del Gobierno. Una de ellas es la que terminó con la permanencia del Dr. Osvaldo Guglielmino como procurador del Tesoro. La Procuración del Tesoro es una pieza clave en el andamiaje jurídico del Poder Ejecutivo. Según se describe en sus objetivos, “la Procuración del Tesoro es la asesoría jurídica de más alto rango del Presidente de la Nación y de los funcionarios de la Administración Pública. Como tal, asesora al Presidente y a dichos funcionarios por medio de dictámenes, representa al Estado Nacional en juicio dadas ciertas condiciones, audita y registra los juicios contra el Estado Nacional, es parte, instruye sumarios a los funcionarios de las dos más altas categorías de la Administración que tengan funciones ejecutivas y capacita a los abogados del Estado y a los que aspiran a serlo”.

Algún malestar venía existiendo de arrastre con el Dr. Guglielmino. A él le adjudican la responsabilidad del mal asesoramiento relativo al tema Redrado. Una de las cosas que dejó al descubierto este culebrón fue el desastroso manejo que hizo el Gobierno de todo el asunto, producto de un desconocimiento de su parte de aspectos técnicos elementales, circunstancia que lo llevó a meterse en un embrollo cuyo resultado no hizo más que acarrear un perjuicio tras otro.

Esto fue consecuencia, además, de un pésimo asesoramiento. Los reproches por ello llegaron al secretario Legal y Técnico de la Presidencia, Carlos Zaniniintocable–; al ministro de Economía, Amado Boudou, y al procurador del Tesoro, quien, desde el punto de vista político, era el más débil.

Guglielmino asistió a la comisión bicameral a propuesta del vicepresidente. El hecho de haber aceptado la invitación de Cobos seguramente molestó a la Presidenta, quien, en la noche del martes, tuvo una pormenorizada conversación telefónica con el diputado Marconato. Durante esa charla, el legislador oficialista describió la actuación del hasta entonces procurador del Tesoro, enfatizando la defensa cerril que hizo de las acciones llevadas a cabo por el Poder Ejecutivo para remover a Redrado.

Por lo visto, nada de eso sirvió y, en consecuencia, el matrimonio presidencial decidió que el Dr. Guglielmino debía ser echado. “Lo hicieron al mejor estilo K”, según afirmó alguien que supo ser kirchnerista y vivió una experiencia similar.

El reemplazante de Osvaldo Guglielmino es el Dr. Joaquín Da Rocha, un hombre de solidez jurídica, con prestigio dentro del ámbito judicial y con vuelo propio dentro del Partido Justicialista. El Dr. Da Rocha es un hombre de consulta en los ambientes del derecho, de trato afable y abierto al diálogo. Habrá que ver cómo compatibiliza todos estos atributos con las formas con que ejerce el poder el matrimonio presidencial, a todas luces opuestas a las que exhibe el flamante funcionario.

Al Dr. Da Rocha lo propuso el jefe de Gabinete de Ministros, Aníbal Fernández, y la idea subyacente detrás de este nombramiento es que el Poder Judicial tome esta designación como un gesto del Poder Ejecutivo destinado a bajar los decibeles de un enfrentamiento altamente nocivo.

Hay que señalar que, durante una de las tantas horas de furia de la crisis del Banco Central, la Presidenta, que se supone que es abogada, cometió la torpeza de hablar del “Partido Judicial” para descalificar los fallos adversos tanto de la jueza María José Sarmiento como de su superior, la Cámara en lo Contencioso Administrativo, y provocó un malestar mayúsculo entre una gran cantidad de profesionales del derecho que trabaja en la Justicia. “Esto cayó como una bomba atómica; va a ser necesaria una tarea de reparación muy importante para reencauzar, aunque sea mínimamente, las cosas”, reconocía alguien que conoce al dedillo lo que pasa en los pasillos y despachos tribunalicios.

El capítulo dos de esta novela habrá de centrarse ahora en la discusión que el Congreso deberá dar sobre el Fondo del Bicentenario, ya que, tras el fallo de la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo, al matrimonio presidencial le es imposible avanzar con este proyecto sin la aprobación de una de las cámaras.

Aquí las cosas juegan a favor del Gobierno. Esto es así porque la legislación concerniente a los decretos de necesidad y urgencia establece que, para su ratificación por parte del Parlamento, basta con la aprobación de una sola cámara, ya sea de Diputados o de Senadores.

El Gobierno sabe que, en Diputados, esta batalla está prácticamente perdida. En cambio, en Senadores, las cosas son diferentes. Allí hay una paridad muy lábil que puede ser modificada por los votos de dos senadores: los de La Pampa. Pero en este caso en particular, hay otros que se suman desde espacios que no pertenecen al oficialismo. Estos son los casos de Santa Fe y Corrientes. En ambos, los respectivos gobernadores, el socialista Hermes Binner y el radical devenido K Ricardo Colombi, se han expresado a favor del Fondo del Bicentenario.

La razón es muy simple: necesitan la plata. El Gobierno sabe eso. Y, por ello, está negociando a todo tren. El plan de la cajita feliz de Néstor y Cristina Kirchner está a pleno. Claro que hay una incógnita: nadie sabe a ciencia cierta cómo será luego la repartija de esos dineros, porque la llave de la caja la tendrán el ex presidente en funciones y su esposa.

En el medio de todo esto nadie ha vuelto a preguntarse qué estrategia se adoptará para que el país se defienda de futuros embargos dictados a causa del accionar de los fondos buitres.

Con el Fondo del Bicentenario el sueño electoral de Néstor Kirchner para 2011 volverá a cobrar vuelo. Será, de todos modos, un vuelo en cielos turbulentos. El “desamor” reinante en muchos sectores del justicialismo hacia el ex presidente en funciones se va expandiendo a la manera de las ondas que produce una piedra al caer al agua. Sin embargo, esto no entra en los cálculos del matrimonio presidencial, para el que todo se arregla con plata.

La reunión de 22 diputados provinciales peronistas en Pinamar encendió el fuego de la furia K. Como ya es sabido, en esa reunión hubo críticas fuertes hacia la conducción partidaria de Néstor Kirchner. No es que ésta hubiera sido el primer encuentro de legisladores del justicialismo bonaerense en el que aparecieron críticas hacia el ex presidente en funciones. Lo novedoso de este encuentro fueron tanto el detalle con el que se lo hizo conocer a los medios como una frase que allí se dijo, alusiva al esposo de la Presidenta: “Así nos conduce a una nueva derrota electoral”.

Esto fue demasiado para Néstor Kirchner, quien, enterado de lo sucedido, estalló de ira y anunció que hará tronar el escarmiento entre los “traidores”, cuya nómina, en la provincia de Buenos Aires encabeza holgadamente el ex jefe de Gabinete de Ministros Sergio Massa.

Todos estos hechos han dado forma a la furia de enero. Enero ya termina; la furia, no.

sábado, 30 de enero de 2010

El matrimonio presidencial cree en las mentiras que ellos mismos dibujan

POR Marcelo López Masía

El mito y la leyenda de Napoleón Bonaparte fueron efecto y consecuencia de la propaganda oficial que él mismo difundió por todos los países conquistados. Sus victorias se vieron amplificadas gracias a una hábil propaganda a través de la prensa y del arte, que crearon una imagen ideal de su Ejército y el culto a su persona. Para contrarrestar la leyenda napoleónica, desde 1804 el Gobierno inglés favoreció la edición y la publicación de panfletos y caricaturas contra Napoleón.




El Jefe del Gabinete de Ministros, Aníbal Fernández, reconoció que su programa de televisión preferido es '6,7,8:00', un panegírico kirchnerista que suele dar vergüenza ajena al espectador desprevenido.


Es más, él llegó a confesar que lo hace grabar para no perderse ni una sola emisión.

Luego del estrepitoso fracaso en el intento de marcar la agenda periodística con la publicación de una entrevista dominical exclusiva de Horacio Verbitsky a Néstor Kirchner en el diario Página/12, el patagónico decidió redoblar la apuesta y concurrir en vivo a los estudios de canal 7 para ser la figura rutilante del mencionado engendro "periodìstico".

El rating no pudo ser peor: terminó 5to. en su franja horaria.

El problema de Anibal y Néstor es no haber siquiera leido a un estratega tan conocido como Napoleón Bonaparte.

El emperador francés, quien era un lector metódico desde que se bañaba, en la mañana, hasta la hora de acostarse, devoraba sin pausa la prensa inglesa que se ocupaba día tras día de su persona.

Desde Le Moniteur, el diario oficial de su régimen, Napoleón llegó a escribir articulos terribles contra los periodistas británicos, siendo el más recordado "Contre les journaux anglais".

En una ocasión, un consejero decidió preguntarle porqué tenía tanto interés en repasar artículos que lo maltrataban de semejante manera.

Napoleón le respondió, entonces: "Todo lo que dice la prensa francesa pasa por mi sistema de censura. Yo quiero saber qué piensan de mi los verdaderos enemigos".

El matrimonio presidencial cree en las mentiras que ellos mismos dibujan, tales como las del INdEK; creen en los controles de precios de Guillermo Moreno; creen que llenan plazas y estadios porque la gente los quiere; y creen en las banalidades que les vende un personaje tcomo Diego Gvirtz.

miércoles, 27 de enero de 2010

Argentina y Venezuela ilustran el enorme daño que le infligen a la sociedad el ejercicio irrestricto de la autoridad política y la falta de respeto a las instituciones

Por Rodrigo Botero Montoya (ex ministro de Hacienda de Colombia)

Se inicia el año 2010 con una divergencia nítida entre modalidades de manejo macroeconómico en América latina. Como si se tratara de un experimento de laboratorio, es posible observar los resultados de diferentes formas de concebir y de implementar las políticas públicas.

sábado, 16 de enero de 2010

"La política no hace extraños compañeros de cama. El matrimonio sí", Groucho Marx

Por Jorge Oviedo


Cuando en 2005 se hizo el canje de la deuda que estaba en default, Néstor Kirchner dijo que era el más exitoso de la historia, dedicó ofensas desde el atril a quienes criticaban su política económica, declaró terminado el problema de la deuda pública y logró del Congreso una ley cerrojo para evitar que nunca jamás se les pagara un centavo a quienes no aceptaron el trato.


Ahora apoya la decisión de su esposa de reabrir el canje y renunciar al “cerrojo”, y la panacea universal es pagar a quienes entonces no aceptaron con reservas del Banco Central, aun a costa de generar peligros claros de devaluación, inflación y corrida bancaria. A los Kirchner, que ofendieron en cuanta oportunidad tuvieron a quienes dijeron que el proyecto era insostenible, no se les ven signos de la más mínima autocrítica.

No se podía dejar en cesación de pagos una deuda casi tan grande como el default que hizo Rusia en 1998 y creer que luego se retornaría sin más a los mercados de crédito.

El pomposamente llamado Fondo del Bicentenario es una declaración de debilidad y la muestra del fracaso. Para tratar de conseguir préstamos, hay que hipotecar el respaldo del circulante, de los papeles del Banco Central y de una parte de los depósitos. Si el país, como dicen los Kirchner, hubiera tenido superávit fiscal genuino y hubiera pagado sus deudas razonablemente, hoy conseguiría crédito.

Como mínimo, lo habría logrado después de “la renegociación más exitosa de la historia”. Desde entonces la Argentina sólo logró préstamos a tasas usurarias del gobierno venezolano. Esa fuente de financiamiento ya no está disponible. Venezuela no puede sostenerse aunque el precio actual del petróleo sea alto y sufre una crisis extrema.

Los países que tienen una reputación razonable no necesitan poner garantías de pago cuando la liquidez sobra. No es sólo el default festejado en el Congreso en 2001 lo que pesa como un pésimo antecedente. También lo es que los Kirchner dicen haberse percatado de ello sólo cuando ya no hubo más ahorros y aportes jubilatorios por confiscar, ni recursos en los bancos públicos por capturar, ni recaudación para las provincias por interceptar ni fondos de organismos públicos por tomar.

Todo ello ha ocurrido mientras el mismo gobierno que ahora dice que quiere ser amistoso con los prestamistas, estuvo engañando a los tenedores de bonos que aceptaron el primer canje con un índice de inflación que actualiza los títulos que ellos compraron totalmente tergiversado.

En 2009, derrotados en las elecciones y con las arcas exhaustas después de dilapidar los fondos jubilatorios que confiscaron, los Kirchner estaban desesperados al comprobar que el instrumento de sometimiento que mejor manejan, la caja, estaba agotado.

La economía vudú

Fue Amado Boudou quien les dijo que tenía el truco exacto para que pudieran seguir gastando. Que no importaba el déficit porque se conseguiría financiamiento para cubrirlo. De ese convencimiento surgió el “fútbol para todos”, la renovada embestida por la ley de medios y todas las maniobras que tienen como objetivo el retorno de Néstor Kirchner a la presidencia en 2011.


En la actual situación de liquidez internacional, países apenas un poco mejores o un poco menos mal administrados que la Argentina consiguen financiamiento voluntario.

El Gobierno, en cambio, aparece perdido en una estrategia ruinosa que le resta crédito interno y externo, y está empecinado en llevarla adelante.

Otras Notas:
Mientras el Gobierno persista en saltear la obligada consulta
Megaoperativo mediático para Kirchner 2011
Según el Código Penal, los Kirchner y sus funcionarios recibirán de 5 a 20 años de prisión
Afiches ultra K asocian a Cobos con Redrado para desprestigiarlos
Gobierno y oposición juran que todo lo hacen por la patria
Cristina: La señora del Micrófono que incomoda a sus seguidores
Ayer retumbó la orden de Cristina: ninguna negociación con los opositores
Comenzaron las operaciones contra la jueza Sarmiento
El Gobierno administraba como propias las reservas del Banco Central

lunes, 11 de enero de 2010

La facilidad en que un aliado circunstancial se convierte en un adversario tenaz

Por Horacio Caride


Los métodos de coacción son siempre a todo o nada. El grave episodio en el Banco Central se podría haber resuelto con el aislamiento interno que, de hecho, le estaban propinando a un Martín Redrado que se resistía a dar un paso al costado.

Sin embargo, al agotarse la paciencia de los Kirchner, utilizaron un decreto que soslayó la participación obligatoria del Congreso, que según la carta orgánica del Banco Central, es la que puede definir la destitución de su titular.

La relación tumultuosa con Martín Redrado no fue para los K algo inusual, sino la confirmación de una tendencia: la facilidad en que un aliado circunstancial se convierte en un adversario tenaz cuando no existe un filtro para contener las disidencias.

La génesis del problema se remonta a la creación del proyecto Kirchner Presidente. Se fue convirtiendo en un azote para el gobierno. La forma crispada de responder del matrimonio gobernante obedece a una naturaleza desconfiada en exceso.

A poco de ser bendecido por Eduardo Duhalde, Kirchner le disparó con munición gruesa al decir que no sería "chirolita de nadie". Se ubicó en un lugar de víctima-victimario. Desde el sector del hoy pre candidato para 2011, señalan que el dirigente bonaerense solo quería ser una suerte de consultor permanente en cuestiones de Estado y que nunca le pasó por la mente ser opositor de un gobierno de signo peronista.

Duhalde le había facilitado al pingüino la transición: hizo el ingrato trabajo de devaluar y sofocar aristas graves de la crisis económica y social. Le dejó como ministro a Roberto Lavagna, quien fue expulsado por K, cuando empezó a objetar la "cartelización" de la obra pública y la no adecuación de las tarifas de las empresas de servicios públicos. Lavagna tenía una personalidad fuerte que chocó con la de Néstor. "Era un pavo real", decía Kirchner, mientras estudiaba economía.

Sin duda, otra salida rutilante y ruidosa fue la de Alberto Fernández, quien se fue al fracasar en sus intentos por resolver amistosamente el conflicto con el campo. El ex jefe de gabinete fue desautorizado a último momento cuando armaba reuniones con la mesa de enlace agropecuaria. El principal saboteador era Néstor Kirchner. La paciencia de Alberto se agotó cuando debió neutralizar una amenaza de renuncia de Cristina, quien era alentada por su esposo. Néstor entendía que, en medio de la pelea por las retenciones al agro, debían irse como "perseguidos".

En el fragor de esa lucha, renunció el autor de la polémica resolución 125, Martín Lousteau, hoy colaborador de otro detractor, Felipe Solá. Lousteau, reveló que se decepcionó del proyecto cuando veía los métodos que aplicaba, por orden de la Rosada, el secretario de Comercio, Guillermo Moreno. Muchos recuerdan, durante un acto en Plaza de Mayo, el gesto de degüello que Moreno le hizo al joven ex ministro de Economía, lo que quedó como un símbolo de intolerancia.

"Traidor h. de p...", se pudo leer los labios del ultra K Carlos Kunkel, cuando en una sesión de Diputados, descalificó a Solá, quien pretendía impulsar un proyecto alternativa de recaudación impositiva al campo. Esa circunstancia, marcó el pase de Solá a la vereda de enfrente y la pérdida de un canal de comunicación entre el gobierno y los estamentos rurales.

Hay muchos otros casos testigos de la decepción por los malos tratos kirchneristas. Luis Juez pasó de ser un pintoresco intendente transversal de Córdoba, a un furioso contrincante que denunció fraude en la elección en la que Juan Schiaretti fue consagrado gobernador de la provincia. Juez dijo que el gobierno nacional le jugó en contra, apoyándose en un peronista tradicional. Circunstancia ésta que marcaría el alejamiento del gobierno de fuerzas independientes y de centroizquierda. Ese sector, casualmente, será clave para destrabar situaciones de paridad en el nuevo Congreso. Hoy también el vínculo es de amor-odio.

Otro caso que pasó de la adhesión al desengaño, sin escalas, es el de la diputada Victoria Donda, hija de desaparecidos. Acompañó con romanticismo (mucho más que el de Bonasso, otro desencantado) los primeros pasos gubernamentales de Néstor, sobre todo en materia de derechos humanos. La vuelta a la denostada "pejotización", centralizada en la alianza con los barones del conurbano, produjo la desazón en varios cuadros juveniles que se escindieron de la agrupación "La Cámpora".

Algunos gobernadores peronistas ya no se someten como antes a la lógica de "la caja". Obvio, los que más se rebelan son los que cuentan con recursos propios sustentables. El primero que rompió amarras (con idas y vueltas) fue el de Chubut, Mario Das Neves. Apresurado en lanzarse como candidato presidencial, se queja de que la pareja santacruceña no dialoga. El idilio se terminó cuando Kirchner se hizo el desentendido en pleno pleito petrolero. No le dio ayuda y le pidió que apoyara económicamente al empresario Rudy Ulloa, a quien se sindica como "testaferro" de Néstor.

A la caída legislativa en Buenos Aires, el pasado 28 de junio, le siguió otra mala noticia: Agustín Rossi, el presidente del bloque oficialista en Diputados, quedó tercero, y agigantó la figura de Carlos Reutemann. El gobernador socialista Hermes Binner, quien supo coquetear con los K, está hoy tratando de armar un flanco progresista crítico al gobierno. Se siente descuidado, sin contención. El poder central ya no cuenta con Reutemann, y lo de Binner está en veremos. Dos hombres con buena imagen y con buena sintonía con el interior agrícolo-ganadero, que no oculta su bronca.

La maquinaria transformista no se detiene. Graciela Ocaña, llegó al PAMI de la mano de Cristina, después de divorciarse de su mentora, "Lilita" Carrió. Con una imagen de incorruptible, la "hormiguita" cayó en la red de los manejos que los sindicalistas hacen de las obras sociales. Hizo primero denuncias puertas adentro. Harta, aprovechó, la crisis de la gripa "A", para retirarse. Sus aportes y pruebas condujeron a la investigación que concluyó con la detención del bancario Juan José Zanola, en la causa por la mafia de los medicamentos.

Los K, especialistas en fabricar adversarios

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domingo, 6 de diciembre de 2009

Kirchner tiene la idea fija que su derrotero es una suerte de complot de los medios

Por Vicente Massot y Agustín Monteverde

La reforma política adelantada por Néstor Kirchner no le asegura a su impulsor, ni mucho menos, una de las cosas que él más desea: la candidatura presidencial del Partido Justicialista. Pero, en cambio, le permitirá dejar abierta la cuestión hasta mediados del 2011.

Las internas simultáneas y obligatorias para todos los partidos se llevarán a cabo recién en agosto de aquel año, dos meses antes de las elecciones generales convocadas para elegir al reemplazante de Cristina Fernández. Siendo éste el caso, podrán proliferar candidatos potenciales, ninguno de los cuales tendrá el derecho de arrogarse esa condición hasta tanto se haya sometido a las mencionadas internas.

Hay motivos serios para creer que cuando el santacruceño forjó la estrategia electoral pensando en el 2011, lo hizo privilegiando este aspecto —el de congelar las candidaturas definitivas hasta los 60 días previos a los comicios presidenciales— al otro que ha sido materia de un sinfín de comentarios y parece el más importante, sin serlo realmente: facilitarle al marido de la actual Presidente la posibilidad de ser él o su mujer, nuevamente, los encargados de encabezar la boleta del PJ.

La reforma de marras abrirá un compás de espera que no borrará del mapa las aspiraciones de Julio Cobos, Carlos Reutemann, Mauricio Macri, Francisco de Narváez y Elisa Carrió, de sentarse en el sillón de Rivadavia, pero el derrotero que seguirán de ahora en más, en punto a la cuestión, habrá que ponerlo entre paréntesis.

Antes, cualquiera de ellos habría podido proclamarse candidato sin mayores objeciones del resto y sin que la ley tuviese algo que reclamarles. Ahora las cosas amenazan cambiar de un modo serio. Se ha producido un verdadero giro que no ata de pies y manos a los principales anotados en la puja, aunque limita y dificulta sus movimientos.

Esto probaría cuanto hemos dicho en reiteradas oportunidades respecto de cuál es el principal móvil del político patagónico. Sin descartar la posibilidad de que realmente esté convencido de las chances que le asisten, lo cierto es que de su deseo de vertebrar a la propia tropa, cohesionarla y reconstruir el poder que le queda para llegar de la mejor manera al 2011, no hay dudas.

Si Kirchner y su mujer realmente piensan que pueden ganar de acá a dos años es algo que sólo ellos conocen y, en todo caso, tanta agua correrá bajo los puentes hasta entonces que la incógnita podrá revelarse mucho más adelante. Hoy la prioridad es otra, a saber: preservar la gobernabilidad. En ese orden, ponerle paños fríos a la carrera presidencial de los distintos precandidatos resulta esencial.

Cabría decir, sin temor a extraviarnos en el análisis, que las condiciones necesarias para lograr el objetivo antedicho son, básicamente, tres: la primera ya fue explicada. La segunda tiene que ver con la recuperación de los espacios públicos de manos de las fuerzas de izquierda que luego de seis años le han planteado al gobierno un desafío de no poca monta. Por eso durante la semana anterior el respaldo a Hugo Moyano, a expensas de otros gremialistas, fue inequívoco.

Necesitamos, dijo Cristina Fernández, sindicatos fuertes en obvia referencia al que lidera el camionero y en desmedro de sus enemigos. Deberemos acostumbrarnos a ver, pues, a Moyano secundado por Luis D’Elía y Emilio Pérsico conformando una avanzada gubernamental cuyo propósito específico será detener la ofensiva de las agrupaciones clasistas y combativas.

La tercera condición necesaria, Kirchner ya ha logrado completarla. Se ha asegurado desde su derrota en junio la aprobación de un manojo de leyes esenciales, sin las cuales la administración de su mujer habría quedado a merced de sus opugnadores y de una serie de circunstancias que no dependen de su voluntad. Las victorias que ha cosechado, una tras otra, en las dos cámaras del Congreso, le otorgan una ventaja, sin que las amenazas ya anunciadas por los opositores le preocupen demasiado. Para eso se reservan los Kirchner la prerrogativa del veto presidencial cuya implementación Agustín Rossi ha anticipado no sin cierto descaro.

El santacruceño tiene la idea fija de que su derrota frente al campo y el posterior revés en los comicios legislativos de mediados de año fueron menos causados por sus errores que por una suerte de complot en donde el papel de los medios opositores resultó fundamental. Si pudiese, clausuraría o trataría de amordazar a los dos principales matutinos del país, Clarín y La Nación, y otro tanto haría con algunas de las principales estaciones de televisión porteñas.

Claro que como su poder no es ni por asomo de la envergadura del de su amigo caribeño, Hugo Chávez, y, además, como la sociedad argentina es bien distinta de la venezolana, sus tácticas en la materia no pueden ser tan descaradas ni tan discrecionales como las del autotitulado socialista del siglo XXI. Al menos por ahora.

No significa, lo expresado antes, que vaya a llamarse a silencio o a descontinuar su arremetida contra los diarios a los cuales más odia y culpa de sus desventuras. Simplemente obrará con arreglo a una estrategia de aproximación indirecta. La forma como intenta cercar a Papel Prensa es un ejemplo superlativo. Al carecer de las facultades para entrar a saco en esa empresa, a semejanza de lo que hace a diario Chávez con la prensa opositora, Kirchner ha decidido llevarle un ataque detrás de otro, por ahora con denuncias que buscan desgastarla.

Tiene a su disposición una batería de medidas que, oportunamente, podría enderezar contra aquella. No sería de extrañar, entonces, que en el curso del año y principios del venidero el santacruceño impulse alguna acción gremial a costas de la fábrica mencionada o decida fogonear alguna acción con base en argumentos ambientalistas, más allá de las inspecciones de la AFIP.

Sin embargo, cuánto parece no entender que, por mucho que mueva hostilidades contra la papelera, con el propósito desembozado de hacer blanco en Clarín y La Nación, sus problemas de imagen ante la opinión pública —que también son los de su mujer— no resultan fruto de una conspiración mediática. Aun en el supuesto de que lograse doblegar a esos diarios —cosa difícil, por cierto—con lo que se encontraría de todas maneras a la hora de recoger los despojos de sus víctimas es con un triunfo táctico y pasajero al mismo tiempo. Porque cuanto conseguiría es haberle tapado la boca al mensajero.

El mensaje, en cambio, seguiría existiendo aun cuando el diario de la señora de Noble y el de los Saguier fuesen silenciados. El tema de fondo es el hartazgo de la mayor parte de la sociedad argentina con el matrimonio gobernante, reflejado no sólo en los pasados comicios del mes de junio sino en cuanta encuesta seria se consulte.

La indignación de uno de los familiares de la maestra alevosamente asesinada en la localidad de Derqui y la escalada verbal que, en su desesperación, ensayó contra Cristina Fernández no las inventaron Clarín o La Nación.

Los improperios de ese señor, vertidos a expensas de la Presidente, reflejan un sentimiento mucho más generalizado de lo que los habitantes de la Quinta de Olivos suponen, y, tal como se vienen desarrollando los acontecimientos, no sería sorprendente que, tarde o temprano, hubiese en algún lugar del Gran Buenos Aires una algarada popular o algo por el estilo como reacción ante la incapacidad de las autoridades de ponerle coto a la ola de crímenes que azota el país.

Las condiciones necesarias para que la administración kirchnerista complete en tiempo y forma el período para el cual fue electa Cristina Fernández parecen estar dadas. Las condiciones suficientes siguen brillando por su ausencia. Eso es lo más grave.

Otras Notas:
A la Argentina le aguardan horas de dañina testarudez K
Los Kirchneristas se sorprendieron capitulando sin condiciones
Los diputados oficialistas deberán convivir con los vaivenes y los caprichos de Kirchner
El espionaje que el oficialismo lleva adelante contra puntuales “enemigos” de su gestión
El kirchnerismo se orienta a no ceder absolutamente nada
En los últimos cinco meses los Kirchner consolidaron la imagen negativa de toda su gestión
La conducta de los Kirchner fue incubando una fatiga evidente en la oposición
Nueva etapa en la política argentina
Oficialistas y Opositores a pocos días de asumir los nuevos legisladores
Los Kirchner actúan con el apresuramiento de aquellos que palpitan un final
Tal vez pertenece a la derecha pero todavía no se dio cuenta
Panorama Nacional hacia el 2011
Anibal Fernández, supremo sacerdote de la banalidad insultante
Los bochornos del Matrimonio Presidencial
El matrimonio Kirchner se ha puesto un traje de amianto
Fernandez: "Mauricio Macri debería renunciar"
Jorge Lanata con Ernesto Tenembaum y Reynaldo Sietecase

A la Argentina le aguardan horas de dañina testarudez K

Por Pepe Eliaschev

Quiere gobernar no menos de 12 años seguidos. Ése es el proyecto del ex intendente de Río Gallegos, blanqueado en un curioso cónclave con el puñado de profesores universitarios de izquierda que han visto en él la luz, y lo consideran como un John William Cooke de carne y hueso.

Cooke, que murió hace más de 40 años, era la “pata” marxista del peronismo. Perón lo alentaba, como también avalaba a Vandor en aquellos tempranos años Sesenta. Nada ha cambiado mucho en el peronismo. Disfónico e inmutable, Néstor Kirchner certificó ahora que quiere quedarse en el gobierno un total de tres mandatos. Por eso prepara, ya de manera evidente, la campaña presidencial Kirchner 2011.

Puede ser él, pero también ella. La línea que le “baja” a sus cuadros ideológicos es gobernar hasta 2015. En todo caso lo trascendente es que el matrimonio siga habitando la residencia de la Quinta de Olivos.

La noción de una permanencia en el poder que supere todos los atenuantes y limitaciones temporales de una democracia, la enunció estos días uno de los cuadros más petulantes y desdeñosos de la nomenclatura kirchnerista, el senador Eric Calcagno.

Este economista, que siendo embajador de Kirchner en Francia se presentaba en la sociedad parisiense como “Eric Calcagno y Maillman”, tuvo la elogiable audacia de confesar que la emergencia económica que acaba de renovarle el Congreso al Gobierno debería durar “decenios”. Para levantar la emergencia, dictaminó el cuadro kirchnerista, “faltan muchos años”. ¿Por qué? Porque “estamos intentando reconstruir el Estado”.

La emergencia será esta vez no de uno, sino de dos años más, hasta el 31 de diciembre de 2011. De modo que si alguno de los Kirchner repite ese año y es electo para quedarse hasta 2015, asumirá en estado de emergencia, uno de los más colosales (y exitosos) proyectos para obliterar la separación de poderes estipulada por la Constitución.

Desenlace buscado: se castra al Congreso, reducido a la impotencia de legislar virtualmente, ante un Ejecutivo que hace y deshace lo que quiere con las reasignaciones de partidas presupuestarias, situación que se perpetúa desde 2002.

Cuando la emergencia pedida por el presidente Eduardo A. Duhalde se aprobó en medio del colapso de 2002, la entonces senadora santacruceña Cristina Kirchner votó en contra. Hoy como presidente, ella no puede gobernar sin emergencia. Con la norma ratificada, la Argentina, gobernada por diferentes peronismos, completará ese 31 de diciembre de 2011 un total de nueve años en emergencia crónica.

Termina así la tormenta “legislativa” del oficialismo, preparada tras la derrota electoral (sufrida pero nunca aceptada) del pasado 28 de junio. En las 72 horas posteriores al colapso, los Kirchner pergeñaron en Olivos lo que luego se fue produciendo, entonces todavía asesorados por el volátil Alberto Fernández, que ahora anda predicando a los cuatro vientos un risueño kirchnerismo sin los Kirchner, aunque él no lo confiese en público así.

Entre mediados de julio y estos finales de diciembre, los de Olivos apretaron el acelerador y le sacaron hasta la última gota de leche a un Congreso donde el oficialismo vota a ojos cerrados, abrumado de miedo e intoxicado de obediencia debida.
Eso ahora se termina, pero el paquete de normas logradas por el kirchnerismo es de alcances faraónicos: medios de comunicación, asignaciones universales, estatización de empresas y, sobre el final, la famosa “reforma” política.

Esa reforma, ¿fue una auténtica y trascendente reformulación de la precaria y sospechosa actividad política argentina? ¿La elección de candidatos electorales por los partidos a través de internas “abiertas, simultáneas y obligatorias” solucionará la falta de credibilidad de las organizaciones políticas? ¿Se introdujo tal vez la boleta única o el voto electrónico? ¿Se impedirá desde ahora la estafa obscena de las candidaturas truchas llamadas “testimoniales”, el más descarado fraude político acuñado por el oficialismo en las pasadas elecciones? ¿Se reprimirán las versiones más descaradas y crudas del transfuguismo, mediante el cual el poder del dinero oficial compra cuanto gobernador, senador o diputado se proponga adquirir? ¿Se transparentará el financiamiento de la vida política si la herramienta financiera será manejada en exclusividad por el gobierno de turno?

Las respuestas a estos interrogantes son sistemáticamente negativas: es un récord difícil de igualar que un gobierno que proclama ambicionar una política más seria, honrada, moderna y democrática, haya “sacado” a solas la ley en el Congreso, sin escuchar ni admitir una sola objeción de los partidos de la oposición, que deberían haber sido los protagonistas indispensables de un maduro consenso para legislar una reforma sólida, duradera y sostenible en el tiempo.

Convertido con regocijo en una maquina de legislar en solitario, el oficialismo ya avisó lo que los Kirchner evalúan como camino a seguir a partir de marzo de 2011. Lo dijo con su llamativa frontalidad el jefe de los diputados K, Agustín “El Chivo” Rossi: si la oposición quiere legislar “con revanchismo” desde el 10 de diciembre, el Ejecutivo se la pasará vetando al Congreso, un escenario horripilante que nace de unas convicciones profundas.

Rossi, como los Kirchner, piensa que gobernar es una tarea que se debe ejercer sin ataduras ni convergencias. Entienden que el mandato presidencial obtenido por Cristina Kirchner en 2007 no ha sufrido mella alguna, ni debe atenerse en lo más mínimo a la voz ciudadana expresada en 2009. Es una postura de recio conservadurismo: nada debe ni puede cambiar.

El justicialismo sabe mucho de esto y los Kirchner han usado estos meses, tras la frustración del 28 de junio, para dejar marcado el terreno. Le aguardan, pues, a la Argentina horas de dañina testarudez oficial, de cara a un poder que se percibe a sí mismo como investido de un mandamiento intocable.


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domingo, 29 de noviembre de 2009

La conducta de los Kirchner fue incubando una fatiga evidente en la oposición

Los Kirchner le siguen sacando provecho al Congreso. Logran leyes que les garantizan hasta el 2011 poderes discrecionales y fondos. La reforma política está al caer. Ese embate desencadenó coincidencias opositoras. Prometen una dura lucha con los nuevos diputados.

Por Eduardo van der Kooy

Hay todavía una beligerancia subterránea. El kirchnerismo le sigue enrostrando a la oposición sus trofeos de guerra. "No hagan números. No van a tener los diputados que creen", advirtió Agustín Rossi, el jefe del bloque oficial, a un dirigente opositor que negocia con él la distribución de cargos y comisiones en el Congreso que viene.

Lo dejó pálido con una precisión: "Preguntá con quién estuvo almorzando Néstor Kirchner". Por la residencia de Olivos pasó Walter Wayar, vicegobernador de Salta durante doce años, diputado electo y hombre que alguna vez merodeó al caudillo Juan Carlos Romero.

Los peronistas no kirchneristas contaban a Wayar como integrante de la mayoría heterogénea que a partir de esta semana tendrá la oposición en la Cámara de Diputados. Por ahora no lo cuentan. Los bloques opositores también se dieron un gusto: la diputada Graciela Camaño abandonó el Frente para la Victoria y armará un núcleo propio, con tres o cuatro legisladores (¿los chubutenses?), que estará cerca de aquellos federales. Pero su partida fue estruendosa: sostuvo que no podría permanecer en un oficialismo inundado por la corrupción.

Los Kirchner intentan disimularlo aunque presumen que un tiempo político distinto se avecina. Las huellas de aquella presunción fueron nítidas en la última semana. El ex presidente aludió con imprecisión al pueblo en las calles cuando denunció la supuesta intención opositora de limitarle al kirchnerismo el poder parlamentario. El pueblo es sobre todo, bajo aquella lupa, el sindicalismo de Hugo Moyano y algunas organizaciones piqueteras. No pareció, por cierto, un mensaje tranquilizador.

El matrimonio se apoderó además, con el apuntalamiento del Senado, de varias herramientas que le aseguran facultades discrecionales y acceso a fondos millonarios sin la obligación de someterse a futuro, a los cabildeos del Congreso.

Gozará, por ejemplo, de la emergencia económica hasta el 2011 luego de que la economía creciera durante seis años a tasas asiáticas. Un incordio que nunca podrán explicar. Un decreto de necesidad y urgencia de Cristina le permitió apropiarse al Gobierno de otros $ 24 mil millones. Sólo una parte de ese monto se destinará al adicional otorgado a los jubilados que cobran la suma mínima.

En ese remedio buscado con denuedo por los Kirchner para sobrellevar los próximos tiempos podría esconderse quizá su propia desgracia. ¿Por qué? La conducta matrimonial desde el 28 de junio, cuando perdió las elecciones, fue incubando una fatiga evidente en la oposición. La prepotencia del último mes podría estar acercando a esos adversarios a un milagro: los puntos de vista coincidentes y mayoritarios.

El primero de ellos tiene relación con la lectura política. La UCR, el PJ Federal, el PRO, el Socialismo y la Coalición entienden que la sociedad necesita de parte de ellos una rápida señal de que aquella victoria de junio no fue un espejismo. La impaciencia social es perceptible en la calle y los estudios de opinión pública muestran un desbarranco de los Kirchner, pero también una marcada caída de la consideración opositora.

El nudo de la cuestión es cuál podría ser aquella señal convincente. La totalidad de la oposición convino en que las futuras comisiones parlamentarias deberán representar las proporciones surgidas de las urnas: 63% para la oposición y 37% para el oficialismo. El kirchnerismo está plantado: no aceptaría esas proporciones.

Menos todavía, ceder las mayorías en tres comisiones que estiman clave para la gobernabilidad: las de Presupuesto, Asuntos Constitucionales y Relaciones Exteriores. "Le garantizamos la jefatura de esas comisiones pero no la mayoría", le comunicaron a Rossi. El diputado santafesino resiste, porque el que resiste es Kirchner.

La oposición logró acordar también otra cosa. No aceptarán el próximo jueves que la designación de autoridades se haga al margen de la integración de las comisiones. "O se soluciona el paquete entero o se pudre todo", advirtió un peronista no kirchnerista. Le temen a una jugarreta: que el kirchnerismo imponga de nuevo a Eduardo Fellner como titular de la Cámara y de inmediato llame a un cuarto intermedio. Ese paréntesis podría concluir recién en marzo. Si eso ocurriera, la oposición habría dilapidado, como después de junio, otra oportunidad política.

Los Kirchner no estaban dispuestos hasta anoche a esas concesiones. Tanta rigidez podría desembocar en dos situaciones: que antes de lo previsto se instale en la Argentina un conflicto de poderes; que la oposición redoble su apuesta y avance también sobre la presidencia de la Cámara. El paso no tendría todavía, en esas comarcas, el peso de la unanimidad.

Felipe Solá y Mauricio Macri fueron pioneros de la propuesta. El ex gobernador colaboró mucho para esta amalgama frágil en el arco opositor. El radicalismo va y viene. Se aferra, por momentos, al principio de que el timón de Diputados corresponde a la primera minoría. La primera minoría sigue siendo el kirchnerismo.

Pero Oscar Aguad, el jefe del bloque, y Ernesto Sanz, el próximo titular del Comité Nacional, piensan que los Kirchner se pasaron en el maltrato a la oposición y en la burla a las normas políticas escritas y de hecho. "Si ellos no aceptan la proporcionalidad en las comisiones, ¿por qué nosotros deberíamos respetar las tradiciones políticas?", se preguntan. En la Coalición Cívica existen opiniones divididas. Elisa Carrió alecciona: "Las comisiones", repite secamente. Los socialistas y algunos grupos del centroizquierda aún vacilan.

Habrá que ver si, finalmente, se llega a ese punto límite. Pero pareciera claro que la intransigencia kirchnerista de estos meses convirtió al Congreso en la meca de la oposición.

Fuera de ese templo las cosas son menos armónicas: la trilogía de Macri, Solá y Francisco De Narváez, que sirvió para batir a los Kirchner en Buenos Aires, acaba de desmembrarse. Solá y De Narváez, según lo conversaron la semana pasada, seguirán sus propios rumbos con la proa enfilada a las presidenciales.

El divorcio colocaría al jefe de Gobierno porteño en otro brete. De Narváez constituye su único anclaje posible en Buenos Aires. Pero el empresario electo diputado juega a varias puntas. Ve, por distintos episodios, una declinación en las potencialidades políticas de Macri. Se entusiasma con la idea de participar en las internas abiertas del PJ para desafiar a Kirchner y mantiene línea abierta con Eduardo Duhalde. El ex presidente anda en otras maquinaciones: quizás un armado radical-peronista donde el candidato encumbrado sería Julio Cobos.

Kirchner replica a esa variedad de insinuaciones atizando la posibilidad de su candidatura. "Gobernaremos hasta el 2015", profetizó. ¿El mismo, Cristina o, tal vez, un delfín? Un ministro que, de tanto en tanto, tiene fugas de sinceridad dice: "Néstor sabe que no puede. Pero con su estilo y con las internas abiertas aseguradas tendrá la discusión silenciada en el PJ todo el año que viene. Eso la ayudará a Cristina", explica.

Nadie sabe, con certeza, si el ex presidente está convencido de aquella imposibilidad. Existen evidencias, en cambio, de que ya no pugna por reconquistar a una mayoría social que tuvo y que lo abandonó. Cada cosa que omiten, hacen y dicen los Kirchner tiende a aislarlos y a circunscribirlos, con exclusividad, al universo de Hugo Moyano, de Guillermo Moreno, de Luis D'Elía y del peronismo del conurbano bonaerense.

El silencio del matrimonio lastima, por ejemplo, frente al problema de la inseguridad que no cesa. Se multiplican las alarmas: los dos últimos asesinatos en el conurbano tuvieron por víctimas a mujeres de condición media, profesionales sin ninguna ostentación. Los victimarios fueron grupos de menores desaforados. Aquel silencio trasunta también impotencia.

Moyano se prestó la semana pasada a bravear contra la Corte Suprema. Los jueces del Tribunal tienen dos fallos en ciernes sobre libertad de afiliación gremial que ratificarían otro similar del año último. La CGT no quiere la libertad de agremiación. La CTA la respalda. Los Kirchner están atados al líder camionero pero la creciente insatisfacción social los induce a ser permisivos con sindicatos de la izquierda. Es el caso del conflicto con los subtes. Sobre esas aguas caldeadas navega el matrimonio.

Moreno se ocupa de los medios de comunicación. El secretario de Comercio va preparando el camino para la intervención de Papel Prensa, la empresa productora de papel para diarios. En esa preparación provoca desmanes. Lo acopló a su tarea a Amado Boudou. El ministro de Economía parece obligado a escuchar las cosas que Moreno no quiere.

Eduardo Hecker, el renunciante titular de la Comisión Nacional de Valores, apaleó al ministro antes de partir. "No me pidan cosas que no se pueden hacer. ¿Por qué no le pedís a Moreno que observe los balances de Papel Prensa?", le preguntó. "Estas cosas se hacen con seriedad o no se hacen. Dicten la expropiación e indemnicen. Como hizo Chávez (Hugo)", aconsejó. Boudou apenas habló para despedirlo.

Los Kirchner envalentonan a Moreno desenrrollando su pensamiento tumefacto sobre el periodismo. Ese pensamiento vuelve siempre sobre el pasado y elude el presente. Quizá porque ese presente es incómodo.

Sus referencias a la dictadura y a los derechos humanos son incesantes, reiterativas, tal vez envanecidas. Corren riesgo de convertir una virtud indiscutida de sus mejores tiempos en bastardeo de la declinación.

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miércoles, 25 de noviembre de 2009

Los Kirchner actúan con el apresuramiento de aquellos que palpitan un final

Por: Eduardo van der Kooy

Néstor y Cristina Kirchner siguen sembrando malos vientos en la política argentina. ¿Recogerán el año que viene tempestades?. El interrogante podría plantearse por las declaraciones que hizo el fin de semana el jefe del bloque de diputados del PJ.

Agustín Rossi anticipó que la Presidenta vetará en el futuro cualquier ley que la oposición pretenda aprobar en el Congreso con "ánimo revanchista".

Nadie sabe si Rossi tradujo el pensamiento íntimo de los Kirchner o si aquel anticipo sólo le produjo reproches y dolores de cabeza del matrimonio presidencial. Lo que sí pareció traslucir el jefe de los diputados oficiales, con conciencia o sin ella, es un ánimo de desquite que se va incubando en la oposición en medio de un clima político general desagradable que atraviesa a la nación.

¿Está la oposición, de verdad, exacerbada?. ¿Responde esa exacerbación a un capricho?. ¿O ha sido atizada por los Kirchner desde el 28 de junio, cuando conocieron el sinsabor de la derrota?.

Vale una mirada general. El matrimonio reconoció a duras penas aquella derrota pero nunca la aceptó. Sometió a la oposición a un sinfín de manipuleos, como la simulada convocatoria al diálogo. Y la terminó arrinconando en el Congreso. Sancionó una cantidad de leyes importantes en su enunciado, aunque muchas de ellas pobres en su confección, preocupándose sólo por el número de votos para aprobarla y no por el consenso para nutrirlas de indiscutida legitimidad. Así podría haber empezado a fomentar, como afirmó Rossi, un espíritu de revancha opositor.

La última muestra de la implacabilidad kirchnerista es la reforma política, la reforma electoral. La sancionó la semana pasada en Diputados a los empellones. Ha tomado incluso un rumbo de mayor prepotencia en el Senado. Ayer mismo el kirchnerismo aprobó el dictamen de mayoría en comisión y se propone sancionar la norma la próxima semana.

Para que sea posible, la Presidenta decidió prorrogar apenas diez días el periodo de sesiones ordinarias. Después los Kirchner desean mantener bajo el telón del parlamento hasta marzo para que la composición de las nuevas mayorías deba cruzar el desierto de una prolongada inactividad.

A los propios kirchneristas les cuesta comprender la premura y el vértigo por una reforma que, a priori, no soluciona ninguno de los innumerables problemas políticos que enfrentan los Kirchner. El problema principal, que cada uno de sus actos acentuó desde la noche de la derrota, es la enorme brecha que se abrió entre ellos y la sociedad. Una brecha que indicaría el final de un ciclo y que no encerraría mayores intranquilidades si no fuera por dos situaciones que padece la Argentina: el Gobierno de Cristina tiene aún por delante dos años, la mitad del mandato; el sistema político, con el oficialismo y la oposición, posee una severa debilidad.

Quizás Kirchner suponga que con la reforma electoral aprobada las discusiones acerca de su liderazgo y su posible candidatura quedarán esterilizadas hasta el amanecer del 2011. Dispondrá de todo el año próximo para maquinar maniobras alrededor de su destino y otorgar aire a un Gobierno, el de su esposa, que se sofoca con recurrente facilidad.

Nada de todo aquello quedará esterilizado en el país si los Kirchner, antes de que cambie el paisaje parlamentario, se dedican a engrosar la tropa de los enemigos. Sucede con la reforma electoral: quienes fueron aliados clave del oficialismo en el Congreso luego de la derrota de junio "la centro izquierda" se han vistos defraudados. Ninguna de sus propuestas fueron atendidas, entre varias razones, porque el proyecto está orientado a consolidar a los grandes partidos preexistentes.

El derrotero de los Kirchner hacia el nuevo tiempo que se avecina está plagado de contradicciones y rarezas. Vilma Ripoll, la dirigente de izquierda, ya no es legisladora pero se acercó ayer discretamente al Senado antes de la reunión de comisiones que aprobó el dictamen de la reforma. La dirigente pertenece al MST (Movimiento Socialista de los Trabajadores) condenado a desaparecer con la nueva ley. Pero esa agrupación tiene ahora una creciente influencia en sectores sindicales que detonaron algunos de los peores conflictos que sufre el Gobierno: el de la empresa Kraft, que derivó ayer en otro corte parcial de la Panamericana, y el de los subtes.

Ripoll se encargó de recordar ese detalle a varios senadores kirchneristas, en un diálogo que, por momentos, subió de tono. "Ahora podrá haber protestas por razones laborales, como las que vemos, y políticas, si esta ley se aprueba", dejó como mensaje.

¿Dónde radicaría el zigzag oficial?. En varios puntos. El Gobierno, por acción u omisión, convalidó el desarrollo del pleito en Kraft. También analiza la posibilidad de conceder el reconocimiento jurídico a los delegados del subte enfrentados con la conducción de la UTA. En medio de ese proceso, mechó la reforma electoral que condenaría a la izquierda. Y levanta, a la vez, las defensas del sindicalismo peronista con el cual tramó una de sus principales alianzas después de ser derrotado en las urnas.

La otra oposición (la UCR, la Coalición, el PJ disidente) no esperaba ninguna gentileza oficial. Pero tampoco imaginó que el Senado impusiera la teoría del "voto a libro cerrado" que los diputados kirchneristas hicieron célebre. Todas las propuestas presentadas por el radicalismo para ampliar el debate sobre la reforma fueron desechadas. Desde la consulta a conocidos cientistas políticos hasta la idea de escuchar a los jueces de la Cámara Nacional Electoral. El kirchnerismo carece de ganas y tiempo porque aspira a cerrar muy pronto las puertas del Congreso.

No podría correr el riesgo de dejar sin sanción aquella reforma. Porque luego del 10 de diciembre iría al muere. Una mínima modificación en el Senado obligaría a su devolución a Diputados. Por entonces el kirchnerismo carecerá de número suficiente para ratificarla.

Tanta intransigencia despabila en la oposición aquel estado de ánimo que describió Rossi. Por esa razón también Ernesto Sanz, el senador radical y futuro titular del Comité Nacional, amagó con plantear pelea por la vicepresidencia del Senado. La polvareda en el oficialismo duró poco, por dos motivos: la oposición no tiene en esa Cámara fuerza para esa pelea; era factible, tal vez, esa misma pelea por la titularidad en Diputados. Pero la ofensiva que habían imaginado, sobre todo, Mauricio Macri y Felipe Solá se desvaneció entre las inconsistencias opositoras.

La obstinación sobre la reforma es una de las tantas obstinaciones de los Kirchner en este tiempo. Continúan con su embestida contra el periodismo a través de las presiones a la empresa Papel Prensa. Aumentan la intervención estatal en la actividad privada.

Actúan con el apresuramiento de aquellos que, tal vez, palpitan un final.


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