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miércoles, 12 de mayo de 2010

La foto que más preocupa a Kirchner

Por Luis Majul

Felipe Solá, Carlos Reutemann, Francisco De Narváez, Mauricio Macri y Eduardo Duhalde sentados a la misma mesa con el compromiso mínimo de no competir entre sí hasta asegurarse que le puedan ganar a Néstor Kirchner.

Todos ellos, junto a Julio Cobos, Ricardo Alfonsín, Ernesto Sanz e incluso Elisa Carrió y hasta Pino Solanas para evitar que el ex presidente manipule las internas abiertas o contamine el proceso electoral con el único objetivo de permanecer en el poder. Son dos fotos muy potentes, que constituirían un fuerte golpe para las aspiraciones continuistas del kirchnerismo.


La mayoría de los mencionados comprendió que la fragmentación es el mejor negocio para Kirchner. Y casi todos ya probaron el trago amargo del operativo esmerilamiento que el poderoso aparato político y mediático del Frente para la Victoria activó contra cada uno, en distintos momentos de sus respectivas carreras.

Hasta ahora, Reutemann, De Narváez, Macri, Solá, Duhalde, Alfonsín y Solanas estaban demasiado preocupados en sus propias aspiraciones. Pero la leve mejoría en la imagen positiva del gobierno y del propio Kirchner y la consecuente caída en la mirada favorable de ellos mismos los podrían terminar de convencer.

El último gran convencido fue el vicepresidente, quien en las últimas horas fue involucrado en el escándalo de los negocios ilegales con Venezuela. Cobos está llamando a todos los dirigentes con los que tiene buena relación, dentro y fuera del radicalismo, para explicarle que no hizo nada irregular. En el medio de la ronda, se encontró con un “¿Viste? ... yo te lo dije: fueron de nuevo por vos” de una importante figura del PRO, quien días atrás lo había llamado para pedirle su apoyo ante la avanzada judicial de Norberto Oyarbide contra Mauricio Macri. Ahora Cobos está pensando en dárselo.

Sólo una prevención es la que demora la realización de cualquiera de las fotos. Que sea percibida como una acción muy espectacular y sin contenido, cuando la mayoría de las encuestas cualitativas le están pidiendo ahora mismo, a todas las figuras de la oposición, que empiecen a explicar que harían con la Argentina en caso de asumir el gobierno.

Como no podía ser de otra manera, Néstor Kirchner viene anticipando la batalla dialéctica. A los radicales y sus aliados los agrupa en el Partido del Ajuste y los responsabiliza por la crisis de diciembre de 2001. A Carrió la acusan de loca y a Solanas de ‘cachivache’.

Los comentarios de los ñoquis cyberk –quienes trabajan de 9 a 12, interrumpen una hora para comer y vuelven a atacar después del mediodía– presentan a Reutemann como el responsable de varias muertes en la misma época en que Fernando De la Rúa se fue de la Casa Rosada en helicóptero.

Todo indica que a Macri no lo dejarán tranquilo hasta que sea procesado, y, eventualmente, condenado como jefe de una asociación ilícita conformada para espiar cuestiones domésticas. A De Narváez lo quieren presentar, desde hace algunas semanas, como alguien dispuesto a transar con el flamante presidente del UNASUR para mostrarlo como alguien poco confiable.

Duhalde se confiesa experto en operaciones contra su figura y trabaja obsesivamente para lograr la foto capaz de evitar que ‘El Loco’ se salga con la suya.

miércoles, 6 de enero de 2010

¿Quién será capaz de reemplazar con éxito un gobierno de manejo discrecional del poder político y económico?

Por Luis Majul

¿Cómo llegará el Gobierno al final de su mandato, dentro de casi dos años? ¿Quién será capaz de reemplazar con éxito a Cristina Fernández, después de casi ocho años de manejo discrecional del poder político y económico? Estas son las dos preguntas desesperadas que se repiten en los círculos de quienes manejan los grandes negocios de la Argentina, pero también entre los profesionales que deben tomar decisiones de mediano y largo plazo.



La respuesta a la primera pregunta es que hoy no existe razón de peso para dudar de que esta administración gobernará hasta el último minuto. Es más, quizás Néstor Kirchner ensaye durante este año su último intento de reconciliación con la clase media, parado en los pronósticos de crecimiento de la economía, y con la firme intención de presentarse como candidato a presidente en 2011.

Aunque la mayoría de los analistas afirman que su imagen negativa es irremontable, la intención del ex presidente aportará cierta fortaleza política a la gestión de su mujer. Es decir, la percepción de que el Gobierno todavía no renunció a administrar la Argentina. Un remake de la presión que Kirchner ejerció sobre Cristina Fernández para abandonar el gobierno en 2008, después del "voto no positivo" del vicepresidente Julio Cobos es una posibilidad que hoy no tiene en la cabeza ningún integrante del círculo íntimo del matrimonio presidencial.



La respuesta a la segunda pregunta es más incierta. Todavía faltan las internas abiertas y después la campaña presidencial, pero muchos argentinos y no solo los que necesitan información de primera mano, intuyen un panorama complejo y poco auspicioso.

Daniel Scioli y Mauricio Macri están golpeados, pero de ninguna manera fuera de carrera. ¿Francisco De Narváez logrará que la Corte falle a favor de su pretensión de ser Presidente a pesar de haber nacido en Colombia? Lo de Eduardo Duhalde ¿va en serio o está destinado solo a ‘sacar al loco‘, como dice que le reclamó un productor ganadero?

 Julio Cobos sigue primero en las encuestas pero ¿podrá gobernar la Argentina un radical de buenos modales sin una alianza con los sindicatos de Hugo Moyano, los gobernadores peronistas y los dirigentes sociales cuyo poder se asienta en los planes que recibe el Gobierno?

Carlos Reutemann sigue sumido en su mutismo habitual, pero ¿podrá conducir un gobierno con bomba de tiempo incluida un hombre tan especial, tan poco comunicativo que se encierra durante semanas en su casa de campo y no le atiende el teléfono a alguien que no sean sus parientes?

Por lo pronto, el velocísimo y sospechoso sobreseimiento en la causa por presunto enriquecimiento ilícito del matrimonio presidencial es leído por quienes deciden como una muestra de que el kirchnerismo todavía no murió, y que su capacidad de daño sigue intacta.

Otras Notas:
Empieza un año nuevo, pero puede empezar todo
Al matrimonio Kirchner le está pegando muy duro su desatención al clamor social
Despelotes Bicentenarios
Los protagonistas políticos del verano según Nelson Castro
Este año 2010 será quizás el último del ciclo de bonanza kirchnerista
Tendencia política para el 2010
¿Cobos presidente, Solá vice y De Narváez gobernador?
Los bigotudos Fernández ahora están en veredas opuestas
No existen las comidas gratis en Olivos
Los Kirchner no están en contra del capitalismo
Las claves del 2009 por Nelson Castro
Kirchner y Duhalde, dueños de un pobre juicio social
La verborragia maníaca y la hiperpresencia de los Kirchner
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Néstor Kirchner debería incorporarse al libro de los records Guinness

domingo, 3 de enero de 2010

Los protagonistas políticos del verano según Nelson Castro

Por Nelson Castro

“Serán dos años a pura campaña”, reconocía sobre el filo de la noche vieja un funcionario K de paladar negro. Horas antes, un acólito de Eduardo Duhalde expresaba exactamente lo mismo. Así se fue 2009; y así comenzó 2010.



Néstor Kirchner saturará la geografía de la provincia de Buenos Aires con actos y discursos. Lo alienta para dicho cometido el anunciado crecimiento de la economía, consecuencia directa del paulatino fin de la crisis financiera mundial.

En el imaginario del ex presidente en funciones anida la esperanza de que ese repunte le permita tender puentes con buena parte de la clase media, de la que su lejanía es creciente, sin la cual será imposible ganar la elección presidencial de 2011.

Nadie tiene la bola de cristal, pero lo cierto es que, para alcanzar ese objetivo, deberá hacer muchas cosas distintas a las realizadas en éstos dos últimos años. Y hasta aquí, nada indica que ese cambio, casi copernicano, esté en vías de producirse.

En el cómodo reportaje que concedió en la última semana del año que pasó, no hubo en Néstor Kirchner el mínimo atisbo de autocrítica. Es más, su afirmación de que su imagen positiva está entre el 48% y el 52% fue una demostración de su falta de contacto con aquella parte de la realidad que le es adversa. Las encuestas de las consultoras contratadas por el Gobierno tienen números que lo dan, en el mejor de los casos, veinte puntos por debajo de esos porcentajes.

Esto lo saben también todos los funcionarios del Gobierno: los más cercanos y los más lejanos. No obstante, ninguno se atreve a decírselo al matrimonio presidencial. Todos saben que a quien lo hiciera le aguardaría el sinsabor del ninguneo y un horizonte de renuncia inexorable. “Si no, que le pregunten a Ocaña”, confesaba en voz muy baja un hombre del Gobierno que también calla cuando está frente Cristina y a Néstor Kirchner. .

Ya con el presente navideño que le hizo el juez federal Norberto Oyarbide, consistente en apresurado sobreseimiento en la causa vinculada al espectacular incremento patrimonial, el matrimonio presidencial se sintió lo suficientemente liberado como para compartir una cena de fin de año con uno de los empresarios más beneficiados durante la administración de los Kirchner: Lázaro Báez, el hombre que de ser empleado del Banco de Santa Cruz, en 1991, pasó a ser dueño de hoteles, medios de comunicación y adjudicatario de importantes obras públicas en la Patagonia. A buen entendedor, pocas palabras.

Sólo la falta de una Justicia verdaderamente independiente en la provincia de Santa Cruz permite explicar que la sociedad tácita existente entre el matrimonio presidencial y Báez siga inconmovible.

Otra cosa, en cambio, sucede con la Corte Suprema, cuya independencia los Kirchner lamentan.

En este sentido, los últimos hechos que incluyen las fuertes críticas por el episodio de desobediencia al juez laboral José Sudera protagonizado por el jefe de gabinete, Aníbal Fernández; los cuestionamientos al jefe de peritos contables de la Corte, quien firmó el dictamen que abrió las puertas al presuroso sobreseimiento del matrimonio presidencial en la causa relacionada con el aumento impresionante de su patrimonio; y la exigencia a la Presidenta para que explique por qué autorizó el pago de deuda externa con reservas del Banco Central, algo que no está permitido por ley, han alarmado y perturbado al Gobierno, cuyo enojo motivó las declaraciones del ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández, quien dijo textualmente: “Me apena mucho escuchar a la Presidenta diciéndoles a los jueces que no se dejen presionar, presionándolos”.

Eduardo Duhalde será otro de los protagonistas políticos del verano. Sus contactos con los barones justicialistas del Conurbano bonaerense son crecientes. Serán el objeto que más se habrán de disputar él y Kirchner. La situación de muchos intendentes es realmente difícil.

Han perdido mucho poder en sus respectivos municipios como consecuencia de haber acompañado al ex presidente en funciones en su desastrosa campaña electoral de junio pasado y en su escandaloso engendro de las candidaturas testimoniales. Muchos han perdido poder político dentro de los concejos deliberantes y esto pone en riesgo seriamente tanto su dominio, como así también su poder político territorial.

Por lo tanto, han decidido cobijarse bajo el ala de Duhalde, a quien han tomado como tabla de salvación. Dialogan con él casi a diario. En esas conversaciones hablan pestes de los Kirchner. Duhalde los escucha y les pide que ni se les ocurra levantar la voz. De hacerlo, la represalia K sería terrible.

Una fuente que conoce el justicialismo al dedillo describía así a la situación: “El apresuramiento de Duhalde tuvo un motivo: no quiso dejarle la cancha libre a Néstor Kirchner para que manipulara el justicialismo de la provincia a su antojo”.

La imagen del ex presidente en funciones es mala. La de Duhalde, peor. Pero lo cierto es que al interior del justicialismo bonaerense, su irrupción en el escenario político ha sacudido el panorama bonaerense y, en especial, el del Conurbano.

Como se dijo, son varios los intendentes que, en lo íntimo, han celebrado la vuelta al ruedo de quien supo ser caudillo en esas atribuladas comarcas. “Es cierto, la imagen es mala pero trabajaremos para mejorarla; los juicios contra Carrió y D’Elía, por las acusaciones que ambos le hicieron referidas a su vinculación con el narcotráfico, han sido parte de esa estrategia”, explicaba un dirigente del peronismo que habrá de hacer campaña al lado del ex presidente.

Lo que todavía no está claro es qué papel van a jugar Francisco de Narváez y Felipe Solá. En uno de los reportajes que concedió Duhalde en los últimos días de 2009, reveló algo que era prácticamente desconocido: en aquellos días intensos de su breve presidencia, cuando desesperaba por encontrar un candidato que pudiera vencer a Carlos Menem, una de las opciones fue la del entonces gobernador Solá, quien declinó la oferta.

En el medio de este torbellino está Daniel Scioli. Nadie sabe bien hacia donde irá; “él tampoco”, reconoce alguien de su cercanía. Las humillaciones a las que lo sigue sometiendo Néstor Kirchner no acaban nunca. La última fue el par de modificaciones que el ex presidente en funciones hizo introducir en la Ley de Reforma Política de la provincia de Buenos Aires. Las finanzas del primer Estado hacen agua. Néstor Kirchner ya ha hecho saber que se encargará de que la sangre no llegue al río. Lo hará, claro está, a su manera; es decir, a último momento, con el agua al cuello. “Néstor no puede darse el lujo de que la provincia se incendie, ahora que él es uno de sus representantes en el Congreso”, afirmaba alguien con despacho en Balcarce 50.

Scioli también estará ocupado con la campaña. Sería bueno, sin embargo, que dedicara la mayoría de su tiempo a gobernar. La inseguridad nuestra de cada día ya se cobró una vida en el comienzo de año en La Matanza. El gobernador tiene un menudo problema con la Policía Bonaerense. Las declaraciones suyas y del ministro Carlos Stornelli, señalando que desde que se había denunciado un complot policial para desestabilizar a su Gobierno el delito había disminuido, ha puesto en jaque a toda la institución y ha significado, en los hechos, una contradicción que ha torpedeado los cimientos de su política de seguridad basada, equivocadamente, en darle más poder a la Policía.

Por su parte, Carlos Reutemann sigue caminando la provincia de Santa Fe y hablando con gente del justicialismo. Tiene buen diálogo con Felipe Solá y con Francisco de Narváez. No se habla con la senadora Hilda González de Duhalde ni con su esposo, a quien le seguirá contestando por los diarios.

Antes de hacer algún anuncio, el ex piloto de Fórmula 1, que competirá en la interna del PJ por la candidatura a presidente, quiere ver cómo se para el Gobierno a partir de marzo y cómo van a estar las cosas con el campo. En el sector, su imagen sigue creciendo y, mucho más aún después de la decisión del gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, de aumentar la alícuota del impuesto inmobiliario rural y de apoyar la continuidad de las retenciones.

Reutemann está convencido de que un vez que él se lance, Duhalde se hará a un costado.

El caliente verano porteño tendrá a las espadas de la política ocupadas. La Presidenta ya ha hecho saber que quiere tener a sus ministros a mano para enfrentar los embates de la oposición que, por otro lado, no quiere dejar que el Gobierno los sorprenda, como ocurrió durante el interregno de seis meses que fue desde fin de junio hasta el 10 de diciembre.

En los bloques opositores han acordado que buscarán consensuar posiciones en torno a temas puntuales. Es una idea que se viene trabajando desde un mes antes de la asunción de los nuevos legisladores. El Consejo de la Magistratura y el INDEK encabezan la lista.

En la Coalición Cívica, en particular, han trabajado arduamente para convencer a Elisa Carrió de la necesidad de demostrar aptitud para generar acuerdos sólidos y con efectos concretos, tal como ocurrió en la sesión preparatoria del 3 de diciembre último. Su relación con la UCR es buena y, desde el punto de vista personal, la mejor química la tiene con los senadores Gerardo Morales y Ernesto Sanz, y con el diputado Ricardo Alfonsín.

Julio Cobos también está activo. Su voz se hará escuchar con mayor asiduidad. No callará ante ninguno de los temas en los que esté en desacuerdo con el Gobierno del cual, formalmente, aún forma parte. No buscará ningún acuerdo electoral con Eduardo Duhalde, tal como lo expresó en un reportaje en el día de ayer. Sí, en cambio, está hablando con Francisco de Narváez.

El vicepresidente ya no oculta su intención de ser candidato a la presidencia en 2011 por la Unión Cívica Radical. Al día de hoy, para que esto se concrete, existe un impedimento que, llegado el caso, seguramente se solucionará, ya que a Cobos le levantaron la sanción por la cual se lo expulsó del partido, pero no se lo reafilió. Para que ésto suceda deberá cumplir con un requisito: renunciar a la vicepresidencia.

Así ha empezado el año en la crispada Argentina del Bicentenario. Hace cien años, nuestro país y los Estados Unidos eran consideradas las dos potencias de América.

Para la sociedad argentina, pues, estos últimos cien años han constituido la crónica de un fracaso. ¿Habrá capacidad en nuestra dirigencia –y no sólo de la política– de aprender de la historia a fin de no repetir otros cien años de frustraciones?

Otras Notas:
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martes, 29 de diciembre de 2009

¿Cobos presidente, Solá vice y De Narváez gobernador?

Por Edi Zunino

Eduardo Duhalde quiere ser como Julio César.

¿Un emperador autocrático capaz de terminar con la República gracias a la adoración de su pueblo?

Si bien no habría que descartar la idea (de mambos por el estilo está plagada la historia nacional, aun la más reciente), mejor bajemos un cambio y aclaremos: por ahora no hablo de Cayo Julio César (100-44 a.C.), el que cautivó a Cleopatra, sino de Julio César Falcioni, el que obró el milagro de sacar campeón a su adorado Banfield.

Duhalde también lleva al Taladro en el corazón.

Y taladrar sabe. Nadie puede negarle tal habilidad.Cobos-Solá, ¿el verdadero juego de Duhalde?

En apariencia, Duhalde se ha lanzado de cabeza a competir por la presidencia de la Nación en 2011, un año político que comenzará este viernes, cuando todos brindemos por lo mejor para 2010.

Pero ya se sabe: nada hay más engañoso que las apariencias. Y los políticos son expertos en parecer lo que en verdad no son.

¿Por qué creer que Duhalde, el mismo Duhalde que prometió retirarse de la política electoral cuando los Kirchner volaban con viento de cola, será lo que hoy asegura que será: candidato?

Suena tan bravucona como coherente su idea de que “quien puso al loco debe sacarlo”. Pero ningún político sabe como Duhalde que las cosas no suelen funcionar así.

Recuerden cuando Chacho Alvarez convenció a Fernando de la Rúa de que contratara a Domingo Felipe Cavallo como ministro para sacarnos de la convertibilidad, porque él la había inventado con Carlos Menem y eso alcanzaba para creer que era el único en condiciones de desatar el nudo.

Terminó siendo Duhalde quien lo hizo, en medio de un inolvidable despelote y bajo promesa de que quien había depositado dólares recibiría dólares. Está bien: por lo menos dejamos de recibir patacones. Y festejamos ese córner.

Lo que está haciendo Duhalde es exhibirse como el único DT con chapa para proponerle a la oposición un juego más efectivo que vistoso, sacarla del vestuario y darle un campeonato.

Duhalde acaba de proponer un equipo. Roberto Lavagna no será el “Pelado” Silva, pero parece Lionel Messi al lado de Graciela Camaño de Barrionuevo o Alfredo Atanasof, personajes con quienes nadie en sus cabales pensaría en armar un medio campo ganador.

Por ahora, Duhalde asusta más de lo que juega. La única promesa que debería tomársele literalmente es la de extirpar a Néstor Kirchner del PJ bonaerense, aparato indispensable para pelear cualquier elección. Al menos para hacérsela perder a otro. O arrinconarlo contra su arco.

Dijo bien Duhalde, cuando dijo ayer: “Acá los partidos políticos no funcionan”.

Ver el match desde afuera durante un tiempo le permitió apreciar la chiquitez de cada uno, para lanzarse al ruedo a plantearles una táctica pechadora. Un dream team de “unidad nacional”, donde “no importa tanto quién gane” como “ponernos de acuerdo en cinco o seis temas centrales y comprometernos a cumplirlos por un plazo largo”.

Alguien a quien Duhalde conoce muy bien, el también lomense Osvaldo Mércuri, acaba de hacer punta con una idea que ronda el marote duhaldista pero aún no es oficial. Propuso que, en base a un “gran acuerdo nacional” similar al “pacto de La Moncloa argentino que plantea Duhalde”, empecemos a pensar en Julio Cobos presidente, con Felipe Solá de vice y el “Colorado” De Narváez como gobernador provincial.

Es demasiado temprano para hablar de ciertas cosas. Los radicales aún no salen de su berenjenal ni los peronistas anti K de su bolsa de gatos (donde, según reza la tradición justicialista, se reproducen a los gritos).

Lo cierto es que los radicales, desesperados por no repetir la experiencia delarruista, ya ni sueñan con gobernabilidad alguna al margen de algún acuerdo sólido con algún sector del peronismo. Del otro lado del espejo, y temiendo que los Kirchner abandonen el poder con algún predicamento piquetero y sindical, ningún peronista piensa el futuro al margen de algún acuerdo sólido con la UCR oficial.

El asunto es que, en política, nadie pacta nada sin generarse antes las chances de imponerle condiciones al nuevo socio. En eso andan casi todos hoy en día. Empezando por Duhalde, que corre con ventaja.

Si esta mañana hubiera elecciones, todo indica que Cobos sería el elegido. Al vice lo aterroriza la posibilidad de lograrlo sólo apoyado por una UCR a la que no volverá Elisa Carrió ni acaso tampoco Margarita Stolbizer, con lo que quede del kirchnerismo en contra y con el PJ no kirchnerista y el centroizquierda al filo del orsái.

El lanzamiento de Duhalde se parece más a una apertura del libro de pases que a una pretemporada. Los desestabiliza a todos sacudiendo su candidatura con una mano, pero ofreciendo la otra.

Prefiere ser Falcioni.

Siente que ya vivió la puñalada de Bruto por la espalda.

Otras Notas:
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domingo, 27 de diciembre de 2009

Kirchner y Duhalde, dueños de un pobre juicio social

Dos ex presidentes que perdieron elecciones monopolizan la pelea en el peronismo. Exhiben además las debilidades partidarias. Todo, mientras el Gobierno de Cristina continúa con un rumbo errático. Si esa realidad se prolonga los planes opositores seguirán viento en popa.


Por Eduardo van der Kooy


Eduardo Duhalde puede haberle hecho a Julio Cobos el mejor regalo navideño que, tal vez, ni siquiera estén en aptitud de superar la magia de los Reyes que llegan cuando despunta enero.

El lanzamiento prematuro de la candidatura del ex presidente para el 2011 estaría demostrando, por lo menos, dos cosas: la debilidad del peronismo sometido al liderazgo férreo pero decadente de Néstor Kirchner; la ausencia de una clase dirigente capaz de fomentar una renovación, como acontenció luego de 1983 cuando Raúl Alfonsín propinó la primera derrota electoral de la historia al PJ.

La postulación de Duhalde, salvo quizás a Kirchner, no habría caído en principio nada bien en el casposo partido oficial. Ese malestar se incubó por múltiples razones: la vieja promesa del caudillo bonaerense de no volver a la política del poder; el ninguneo a varios dirigentes de primera línea que venían conversando con él; el indisimulado peso de las cuestiones personales y rencores contra el matrimonio presidencial por encima de los planes que apunten al enderezamiento de la Argentina.

Felipe Solá trató vanamente de convencerlo para que frenara su decisión. "Es un retroceso para el peronismo, Eduardo", le aconsejó. Alberto Fernández, el ex jefe de Gabinete del Gobierno, se encontró con un hombre de lenguaje duro, por momentos iracundo, malquistado con el eterno silencio de Carlos Reutemann y con la vaporosidad del gobernador de Salta, Juan Manuel Urutubey, crítico de los Kirchner pero que ha frecuentado Olivos las últimas semanas.

Como Solá, Alberto Fernández también pretendió detener a Duhalde. Pero el ex presidente pudo haber sido víctima del virus de la épica que acompaña este largo proceso de los Kirchner: "Hay que matar al caníbal", soltó el caudillo. El caníbal es ahora , a juicio suyo, Kirchner. Hasta hace pocas semanas lo apodaba simplemente "el loco". El ex jefe de Gabinete quedó convencido después de aquel diálogo que el destino del peronismo estaría en este trance en las peores manos.

El kirchnerismo es lo que se ve. Una tropa donde sobresalen, amén del matrimonio, Hugo Moyano, Guillermo Moreno, Luis D'Elía y, desde hace algún tiempo, Aníbal Fernández, el jefe de Gabinete. En un segundo plano atisba el viejo aparato del PJ bonaerense. Una maquinaria que empieza a disgregarse, según quedó en evidencia durante la cumbre partidaria que comandó Kirchner.

¿Qué representaría hoy el duhaldismo? Un compilado de ideas imprecisas que el ex presidente amontonó en los años de ocio, en ocasionales contactos con politólogos y sociólogos locales y extranjeros y en conversaciones con algunos mandatarios, en especial Lula da Silva. Un maquillaje que parecería desmoronarse cuando Duhalde aparece en público entornado por algunos dirigentes que se suponían ocultos en un sarcófago.

¿Le alcanzará a Kirchner con lo poquito que tiene para atreverse a pelear por la sucesión de Cristina? ¿Podrá Duhalde sólo con el reconocido recuerdo de su dificilísima gestión en la crisis presentar batalla seria? No hay halagos a la vista para ese par de hombres: según una encuesta nacional de la consultora Management & Fit, sobre 1.497 casos, los dos ex presidentes tienen los grados de aceptación social más bajos, compartidos con Cristina, que oscilan entre el 17% y el 20%.

Bien por encima de ellos figuran casi todos los que tendrían expectativas en el PJ. Francisco De Narváez, Reutemann, Solá y Daniel Scioli. Incluso Fernando Solanas asoma con muy buenos índices de aceptación, si se lo considerara potable para la geografía peronista.

Kirchner sigue empeñado en forzar las situaciones. En alguna época esa fórmula le arrojó buenos resultados. Pero ya no. Apenas una decena de intendentes del conurbano lo siguieron en el congreso del PJ bonaerense que consagró jefe distrital a su delfín, el diputado José María Díaz Bancalari.

Le fue peor en Santa Fe. La provincia que gobierna el socialismo tiene alrededor de 150 intendentes del PJ. Sesenta se animaron a firmar una solicitada de bienvenida al ex presidente para un acto que realizó en Rosario el 14 de diciembre. Pero al mitin asistieron sólo cuatro. La mayoría de aquellos intendentes reportan a Reutemann.

Kirchner tiene una seria desvantaja política respecto de Duhalde. Esa desventaja es el Gobierno que comparte con Cristina. La gestión anda a los bandazos en el intento desesperado por recuperar cuotas de confianza domésticas e internacionales. La Presidenta hizo un esfuerzo para congraciarse con los empresarios más poderosos del país, pero a esos empresarios los acechan las dudas sobre lo sucedido hasta ahora.

El Gobierno metió mano en las reservas del Banco Central para crear un Fondo del Bicentenario y asegurar el pago de los vencimientos externos en el 2010. La señal enfiló a desmostrar voluntad política, aunque exhibió también que el esqueleto de la economía no está tan sólido como pregona el matrimonio. Los observadores económicos internacionales marcan un punto capaz de hacer añicos la tarea de la reconstrucción de la confianza: Cristina arriba a la mitad de su mandato con un 20% menos de reservas respecto del 2007. En esos años, además, no se empezó a dar solución a varios de los problemas estructurales que acucian a la Argentina.

Todo eso, sin embargo, constituye un paisaje conocido. Pero ese paisaje se viene enrareciendo por otras malas pinceladas. La tensión del Gobierno con la Corte Suprema y otras instancias del Poder Judicial. La instalación de la corrupción en el poder como un problema cotidiano.

Kirchner estaba obsesionado por sacarlo de la escena. Sobre todo quería que la causa por supuesto enriquecimiento personal desapareciera. No va a desaparecer, porque la propia desarticulación política del oficialismo lo impedirá. Esas cosas vuelven en el país a la vuelta de cada esquina. Pero el juez Norberto Oyarbide le tendió una mano al matrimonio cuando la semana pasada dictó el sobreseimiento.

Oyarbide fue, desde siempre, un juez controvertido. Zafó por milagro en el 2001 de un juicio político. En los últimos tiempos acumuló causas de muchas resonancia, desde el espionaje que enredó a Mauricio Macri hasta la mafia de los remedios, que terminó con el legendario sindicalista Juan José Zanola entre rejas.

Esa decisión produjo y produce todavía conmoción. Le repuso a Oyarbide una dosis de credibilidad circunstancial de la que carecía que le permitió disparar el rápido sobreseímiento al matrimonio presidencial. ¿Acaso un cambio de favores?

La pregunta encierra sólo una conjetura. Pero nunca fueron conjeturas los encuentros reservados que Oyarbide mantuvo en los últimos tiempos con Juan Carlos Fábrega. Se trata del gerente general del Banco Nación, mendocino y bodeguero, que trabó relación primero con Julio De Vido y luego con Kirchner. Fábrega siguió personalmente la causa sobre supuesto enriquecimiento ilícito. Podría tener desde enero una recompensa: la presidencia del Banco Nación. La actual titular, Mercedes Marcó del Pont, habría dejado de contar con las simpatías de Cristina y de Kirchner.

Duhalde no sufre ninguno de esos problemas del poder, pero sufre los problemas de alguien que pasó varios años cerca del llano. No tiene la influencia que tuvo. Tampoco en el territorio bonaerense. Cada pequeño armado político le cuesta un perú.

Los hipotéticos presidenciables del PJ lo tratan en privado, varios lo aprecian, pero prefieren no mostrarse en público junto a él. El caso más notorio es el de Reutemann: el senador está harto de las presiones del ex presidente y de su esposa, Chiche. Y no le movió un pelo su lanzamiento.

Nunca se sabe el contenido de la introvertida personalidad del ex corredor. Pero los pocos que hablan con él dicen que dijo que el tema de su postulación presidencial no está, para nada, terminado.

Duhalde antes de lanzarse habló por teléfono con Cobos. El vicepresidente lo habría alentado a ese lanzamiento. La ecuación en su cabeza es sencilla: en el peronismo se acentuarán las peleas internas y las caras visibles de este tiempo serán Kirchner y Duhalde, dueños de un pobre juicio social; Mauricio Macri derrapa con sus escandaletes y su administración política; De Narváez quiere todo -¿la gobernación de Buenos Aires, la Presidencia?- pero no sabe por donde empezar. Su vínculo con Solá parece definitivamente roto.

El mayor dilema lo tiene el vicepresidente ahora en sus vecindades y no afuera. Ha recompuesto bien con el radicalismo que lo expulsó en el 2007. Logró un acercamiento con Margarita Stolbizer. Pero Elisa Carrió se alza como un obstáculo insalvable y el socialista Hermes Binner como un enigma. Carrió ha ganado moderación: lo refleja su relación renovada con Solá. Pero Cobos es para ella un límite a ese afán moderador.

El vicepresidente sabe que el 2010 será un año de refriegas con los Kirchner. Cada estocada del matrimonio le eleva la ponderación en el imaginario colectivo. Piensa seguir en su cargo hasta el inicio del 2011. Haciendo lo que hizo desde que aquel voto no positivo en el conflicto con el campo lo catapultó: palabras y gestos políticamente correctos. Aguardando también los imponderables golpes de la fortuna.

La suerte, sin dudas, ayuda. Pero la historia fresca de la política argentina enseña que, por sí misma, no decide ni es determinante.

Otras Notas:
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sábado, 26 de diciembre de 2009

La verborragia maníaca y la hiperpresencia de los Kirchner

Dijo Groucho Marx: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnostico falso y después aplicar los remedios equivocados”.


Por Alfredo Leuco

"Argentina no es Colombia”, dijo Néstor Kirchner a un milímetro de provocar un chisporroteo diplomático. “Vamos a luchar contra el narcotráfico… Pero la batalla a fondo va a ser contra todos los narcos, ¿eh?”, completó con una pausa teatral y subrayando el concepto “contra todos”.

La Jotapé recargada no dejaba de cantar al son de los redoblantes: “Soy argentino / soy soldado del Pingüino”. Enardecido y nostálgico de su juventud, Néstor Kirchner mostró muchas de sus cartas en los pliegues de sus discursos ante la agrupación fundada por su hijo, La Cámpora, en la Biblioteca Nacional y en Vicente López, durante el plenario del Movimiento Evita, que conduce Emilio Pérsico.


¿A quien se refería Néstor Kirchner con eso de “contra todos los narcos, eh”? Los camporistas lo tomaron para el lado de Eduardo Duhalde, en simultáneo con lo que Luis D’Elía expresó a la salida del despacho de la jueza María Servini de Cubría después de haber sido condenado a pagar una multa de 6 mil pesos por haber acusado a Duhalde de lo mismo que lo acusó minutos después: “Seré un gladiador sin cuartel para exterminar el flagelo de la droga y tengo la plena convicción de que Duhalde es un narcotraficante”.

Los "evitistas" interpretaron que el tiro por elevación de Kirchner había sido contra Héctor Magnetto. Es que el diputado por Buenos Aires y ex presidente por Santa Cruz no apeló a los eufemismos aquella noche: “Queremos que la Justicia avance en la investigación de un proceso de lavado de dinero donde está involucrado el señor Magnetto. Si les hubiéramos dado Telecom, estaría todo bien con nosotros”.

Los muchachos, entre las banderas rojinegras y la iconografía setentista y ante el asentimiento de Néstor, corearon: “Se va a acabar, se va a morir, el monopolio de Clarín”. El grupo mediático sospecha que Kirchner se refirió a una denuncia de Hernán Arbizu, “un banquero que se fugó rumbo a Nueva York con una lista de supuestos depositantes argentinos en el JP Morgan”.

El delicado y mortal tema del narcotráfico también está clavado en la columna vertebral de las relaciones comerciales entre el Gobierno, algunos gremios y los aportes a la campaña de Cristina.

Un jerarca sindical socio del kirchnerismo como Juan José Zanola seguirá preso durante un tiempo; su horizonte es tormentoso a medida que se acerca 2011 y el matrimonio K va perdiendo parte de su capacidad de presión. Los temores que esa situación despierta quedaron marcados en el trato de buen compañero y de “inocente hasta que se demuestre lo contrario” que le dio a Zanola su colega Antonio Caló, líder de la UOM y uno de los hombres mas próximos a Néstor Kirchner.

Andrés Meiszner, titular del RENAR e integrante de la flamante agrupación Casa Peronista-Aníbal Fernández Conducción, en lugar de refugiarse en un escueto comunicado debería ofrecer una conferencia de prensa y responder todos los interrogantes que surgen del permiso de portación para casi un centenar de armas que en un momento tuvo Martín Lanatta.

¿A nadie le pareció extraño? ¿Cuántas personas en la Argentina están autorizadas a portar tantas armas? ¿A qué se dedican? ¿Cómo se ganan la vida? ¿Qué extraña relación hay entre los aportantes directos e indirectos al Frente para la Victoria donde aparecen personajes como Martín Magallanes, el suicidado Ariel Vilán, el asesinado Sebastián Forza y Néstor Lorenzo, “el Yabrán de los medicamentos” según Graciela Ocaña.

Tiembla El Calafate cada vez que se especula hasta dónde puede salpicar la investigación si se concreta el llamado a declaración indagatoria a Héctor Capaccioli y Sebastián Gramajo, tesoreros porteños del riñón político de Alberto Fernández.

Quienes conocen la ausencia de culpa de los Kirchner temen que ante la desesperación puedan tirar abajo del camión a Alberto y responsabilizarlo de todos los males terrenales. Los más salvajes alientan esa posibilidad argumentando que se trata de un traidor como tantos. Los más racionales aseguran que una guerra de carpetas hasta hoy secretas dejaría al Gobierno colgado de un pincel.

El kirchnerismo está convencido de que no hizo las cosas mal. Que padeció y padece una campaña de difamación de la “derecha mediática” y que por eso parte de los millones de ciudadanos que los castigaron en las urnas votaron equivocadamente, creyendo algo que Néstor y Cristina no son.

En el máximo arrebato autocrítico suelen decir, otra vez, que no es malo lo que hicieron pero que, tal vez, fue malo cómo lo comunicaron. Por eso saltaron los tapones de Enrique Albistur, Miguel Núñez y Martín Granovsky y no los de los ministros que ejecutaron o pusieron la cara por las medidas tomadas. El ascenso a primera de Alfredo Scoccimarro y la incorporación a préstamo por dos años del joven y talentoso publicista Maximiliano López parecen haber parido los primeros cambios.

Cristina se muestra santa y republicana, administradora eficaz (en cada anuncio aclara que no se trata de la suerte ni del viento de cola, que todo es por su capacidad de gestión) y Néstor sigue ametrallando adversarios desde las tribunas partidarias.

Cristina muestra su recibo de sueldo y bromea con los periodistas. Dice que su sueldo limpio de 16 mil pesos “tampoco son 40 millones, un director de escuela de mi provincia gana más o menos eso, yo no cobro aguinaldo y hasta Kirchner, que está ahí y no hace nada, gana el doble”. La verborragia maníaca y la hiperpresencia a veces se convierte en una trampa para la Presidenta.

El pudor de barrio indica que “no se debe contar plata delante de los pobres”. Además, estuvo a un paso de recordar en la memoria colectiva aquellas tristes declaraciones de Domingo Cavallo cuando dijo que necesitaba 10 mil dólares por mes para vivir. No se trata de utilizar como argumento feroz a desocupados ni indigentes. No se trata de pedirle a Cristina un comportamiento demagógico, pero hoy la mitad de los argentinos que tienen la suerte de trabajar gana menos de 1.600 pesos.

Tal vez con la entrega del comprobante salarial y el silencio hubiera salido mejor parada de la situación. Es bienvenida su teoría de que “los ruidos de las protestas y los conflictos sindicales y sociales son ruidos propios de la democracia y son mil veces preferibles a los silencios de las dictaduras”. Para el trabajo y la mirada cuestionadora que está en el ADN del periodismo corren las mismas reglas. El ruido de un periodista investigando o criticando al poder también nutre a la democracia más que las omisiones o el ocultamiento que suelen hacer los medios paraoficiales.

Es positivo que la Presidenta se muestre en pleno ejercicio de su gobierno y que intente extirpar de su discurso cualquier concepto agresivo. Divisón del trabajo. El rol de castigador de los enemigos queda reservado exclusivamente a Néstor. Ya sea para darle como en bolsa a Arturo Valenzuela, “último pasajero del viaje al Obama peronista que hizo lo mismo que Néstor”, o para ordenar que a la cena de empresarios ni se les ocurra invitar a Héctor Méndez, Cristiano Rattazzi, Héctor Magnetto y demás “herejes”.

En el reparto de roles y cachetazos, a Hugo Moyano le toca atender al vicepresidente de la Nación, Julio Cobos. En 24 horas lo comparó con la travesti Zulma Lobato y con un “che pibe” sin dignidad. Que alguien que navega hace mucho por los últimos puestos de la tabla de posiciones de la imagen positiva y a punto de irse al descenso junto a Guillermo Moreno sea el encargado de esmerilar a quien encabeza la intención de voto desde la 125 es una inexplicable cabriola que suma sólo restas.

Como si fuera poco, la Nochebuena trajo malas nuevas para los Kirchner. No porque el lanzamiento de Eduardo Duhalde elimine de inmediato el alto nivel de rechazo que tienen los dos últimos ex presidentes de la Nación. Pero polariza ferozmente la pelea en el peronismo en general y en el bonaerense en particular.

Son dos pesos pesados que obligan al resto a tomar posiciones. Los gobernadores Mario Das Neves, Alberto Rodríguez Saá y Juan Manuel Urtubey van a despotricar con razón, igual que Felipe Solá, contra esa urgencia de decir de qué lado están. Pero van a tener que explicar a quién prefieren, más allá de que tal vez ninguno sea candidato a presidente.

La principal táctica de Duhalde (que pelotea su discurso con Eliseo Verón) es convocar a todos los argentinos a votar contra Néstor Kirchner en las internas abiertas y obligatorias de agosto de 2011. “Yo me encargo de llevarme al loco porque yo lo traje, pero ustedes me tienen que ayudar”, les dijo Duhalde a los intendentes que le prometieron apoyo más adelante, cuando no estén a tiro de la caja K.

Néstor Kirchner tiene una astucia y una voluntad casi sin antecedentes. Su nuevo lema es “Ni me retiro ni me rindo. Nos quieren demonizar y proscribir”, y les promete a los intendentes que si lo acompañan en 2011 “van a seguir profundizando el modelo”. Este es, precisamente, el punto conflictivo que los barones del Conurbano no se atreven a decirle de frente a Néstor. Que el problema no es la política ni el modelo económico. Que el problema es él y el nivel de resistencia que su figura despertó en amplios sectores de la población, que manifiestan su hartazgo y sus deseos de cambios.

Como se ve, no es nada navideño el espíritu que envuelve a la política de estas horas. Las acusaciones, sobre todo dentro del peronismo, han puesto el listón más alto. No conformes con descalificaciones paraideológicas como gorilas, destituyentes, trostko-leninistas, fascistas y stalinistas, ahora se han potenciado las denuncias sobre mafias y narcotraficantes.

Los expedientes judiciales son cada vez más utilizados como armas arrojadizas y eso convierte a los jueces en ángeles o demonios, según quién sea la víctima o el victimario. Son fuertes las versiones de que Norberto Oyarbide estuvo en Olivos y acordó garantizar tranquilidad al matrimonio, pero seguir la tempestad contra Zanola y Ricardo Jaime.

Fue una exageración de la ironía periodística premiar a Néstor Kirchner como “el empresario del año”, debido a que su genio financiero le permitió aumentar en 158% su patrimonio sólo en 365 días, conseguir intereses inéditos para sus colocaciones a plazo fijo en dólares y en pesos o por el pago de alquileres en medio del tsunami financiero internacional. Y encima, en sus ratos libres ayudó a su esposa a gobernar el país.

Esa actitud erosiona la credibilidad judicial hasta límites peligrosos. Ya se sabe por cuál ventana sale la política cuando entra por la puerta de los Tribunales. Muchos protagonistas centrales todavía no tienen delineado quiénes serán sus aliados, pero no tienen dudas acerca de quiénes son y serán sus enemigos.

Noche sin paz y sin amor, pero con un arbolito cargado de presentes griegos y de una enfermedad demasiado argentina: sólo tenemos muy claro lo que no queremos. O lo que odiamos. La palabra pública se devaluó en el medio de la belicosidad y en cualquier encuesta seria puede verse cómo repercute en la caída de la imagen positiva de casi todos los referentes políticos, de la Justicia y de los medios de comunicación en general.

Una luz de alerta debería poner freno a tanto misil dialéctico y recordar que la tragedia de 2001, entre otras cosas, puede explicarse como la ruptura de todos los contratos simbólicos de representación que llevaron directo a esa nefasta expresión del “que se vayan todos”.


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miércoles, 9 de diciembre de 2009

La trampa que plantearían Kirchner o Duhalde

Por Eduardo van der Kooy

Hay saturación. La cabriola que acaba de hacer Daniel Scioli con la reforma política en Buenos Aires está provocando un zarandeo en el PJ y ha acentuado el malhumor de no pocos intendentes.

Tres razones apuntalarían semejante descontento: la total falta de autonomía política del gobernador bonaerense respecto de Néstor Kirchner; la decisión de hacer indivisibles las internas abiertas y simultáneas en la Provincia y la Nación; la habilitación, otra vez, de las candidaturas testimoniales que resultaron un fiasco para el kirchnerismo y un lastre para aquellos intendentes en las legislativas de junio.

El peronismo bonaerense pareciera estar descubriendo a un Scioli desconocido. ¿Dónde está el equilibrista?, se interrogan dirigentes del PJ. El gobernador hizo su carrera, que inauguró en la década de los 90, colocando siempre un pie en la orilla de su jefe político circunstancial y otro en la de la sociedad. Así sobrevivió a Carlos Menem y a Eduardo Duhalde. Muchos pensaron que la historia se repetiría con Kirchner. Pero no.

Su acompañamiento como vicepresidente fue observando, en efecto, como el de aquel equilibrista. Su candidatura a gobernador resultó funcional -y mucho- a la victoria de Cristina Fernández en el 2007. Hasta ese momento la ola kirchnerista pareció en ascenso. Pero Scioli acompaña ahora las aguas de la rompiente, sin atinar a salir de ese curso casi fuera de control.

El gobernador había recogido las sugerencias del PJ provincial para que la reforma política tuviera alguna independencia de la sancionada a instancias de los Kirchner en el Congreso. También, para que aboliera las candidaturas testimoniales que provocó a la mayoría de los intendentes una fuga gruesa de votos. Bastó una advertencia del ex presidente y los consejos jurídicos y legales de Carlos Zannini, el secretario Legal y Técnico, para que esa tortilla se diera vuelta.

Asombra, de verdad, la obstinación. La de Scioli, quien nunca comulgó con las testimoniales aunque las aceptó sin remedio en junio. Luego de la derrota hizo una tímida autocrítica. También la de Kirchner, a quien todas esas argucias terminaron jugándole en contra y acicateando -en Buenos Aires y el país- la mala disposición popular.

Muchos intendentes suponen que esa dependencia ha llegado a un límite. Y que sus horizontes políticos empezarían a oscurecerse si no lograran tomar distancia, con premura, del seguidismo que Scioli hace con Kirchner. ¿Cuál sería la premura? Esperar, como máximo, hasta abril o mediados del 2010. "Hay que asegurarse mínimamente la gobernabilidad", explican. La gobernabilidad tiene relación con el flujo de dinero que, como si fuera una lotería, reparte Kirchner obviando los poderes del gobernador.

Existe un grupo de 14 intendentes bonaerenses peronistas que deliberan todas las semanas. No es todavía un número significativo y, menos aún, su composición: hay apenas tres o cuatro del conurbano. Los demás pertenecen al interior de la provincia, donde la influencia kirchnerista decreció ostensiblemente a partir del conflicto con el campo.

Uno de esos intendentes es Pablo Bruera, de La Plata. Un dirigente crucificado por Kirchner después del revés electoral de junio. Otro es Sergio Massa, de Tigre, que fue jefe de Gabinete de Cristina tras la renuncia de Alberto Fernández. Esos dos hombres y aquel lote de intendentes tienen a Kirchner y a Scioli en una sola mira.

La mayoría prefiere el anonimato porque temen las represalias del ex presidente. Massa ha intentado construir en Tigre una pequeña fortaleza que lo ponga a resguardo de las arbitrariedades del poder central. Termina de realizar una reforma impositiva que le permitirá a su municipio un grado de autonomía financiera del que carecen los demás. La autonomía financiera suele desmalezar los senderos de la política.

Tampoco aquel núcleo de intendentes están convocados sólo por un afán de oposición: creen que el PJ bonaerense requiere nuevos espacios desatados del kirchnerismo y sin los condicionamientos que establece también el duhaldismo residual.

Esa misma formulación están planteando desde hace tiempo un puñado de dirigentes peronistas que, en el plano nacional, renegarían de la polarización que intentan establecer Kirchner y Duhalde. Un representante de esa línea es Juan Manuel Urtubey. El gobernador de Salta suele ser interlocutor frecuente de Alberto Fernández.

Hace diez días aquellos trazos que la necesidad política va esbozando terminaron por encontrarse en un punto. Massa y Alberto Fernández cenaron en la casa que el intendente tiene en Tigre.

Fueron más de cinco horas que empezaron un día y concluyeron en la madrugada del otro. Los ocupó el presente pero también el pasado: boyaban ciertos resquemores y cuentas pendientes entre ellos. ¿Por qué razón? Massa sucedió a Alberto Fernández en la jefatura de Gabinete de Cristina. Fue una sucesión traumática por varios motivos. Las circunstancias políticas, con el conflicto del campo sin resolver y un ascendente malestar social. La fría relación de Massa con Kirchner, que complicó mucho su tarea con Cristina. El rencor que la Presidenta guardó siempre contra Alberto Fernández y que, conscientemente o no, se encargó de transmitir a Massa mientras el intendente estuvo en el Gobierno.

Superadas las viejas cuitas, se impuso la actualidad. Entre los ex jefes de Gabinete no hubo demasiadas discrepancias sobre lo que sucede ahora. Menos, todavía, cuando la conversación discurrió en torno a Guillermo Moreno, el secretario de Comercio. Tal vez la mayor sorpresa haya sido la ácida opinión de Massa sobre cosas que ocurren en la ANSeS, donde estuvo a cargo cinco años. Y el rumbo que tomaron algunos ex compañeros de ruta.

De ese encuentro no salió ningún acuerdo. Sólo la voluntad de Massa y de Alberto Fernández de buscar, cada uno por su cuenta y en distintos planos, las alternativas que no empujen al peronismo a la trampa que plantearían Kirchner o Duhalde.

El tiempo dirá si ese propósito hará historia o morirá como una anécdota.

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martes, 24 de noviembre de 2009

Panorama Nacional hacia el 2011



Néstor Kirchner tiene niveles de rechazo elevadísimos, que hacen casi imposible que pueda volver a ser presidente. En un eventual ballottage perdería con cualquier otro, como Menem hubiese perdido con él. ¿Pero y después quién?, es la pregunta más escuchada.

Las encuestas muestran a Julio Cobos como el dirigente de mayor aceptación. Sin embargo, son muy repetidos los comentarios de rechazo hacia el vicepresidente. Incluso de sectores que votarían a algún otro dirigente del Acuerdo Cívico y Social, que por ahora incluye a la UCR, el socialismo y la Coalición Cívica. Muchos de lo que votarían a Elisa Carrió o a Hermes Binner no votarían a Cobos, y viceversa. Quizás Binner es el que menos rechazo genera, pero también el que menos entusiasma.


En el peronismo el escenario tampoco es muy alentador. Son muchos los que esperan ver derrotado a Kirchner, pero pocos se animan a dar el paso adelante y plantarse como competidores. Felipe Solá lo hizo, pero no tiene el consenso necesario, Eduardo Duhalde también, pero la mayoría piensa que puede ser un buen articulador, pero no un buen candidato.

Francisco de Narváez se presenta como peronista, pero son pocos los peronistas que lo ven como uno propio. Mauricio Macri espera que el peronismo disidente lo vaya a buscar para que sea el candidato, pero tiene el mismo problema que De Narváez.

Mario Das Neves, gobernador de Chubut, ya se postula, pero como Solá no logra sumar voluntades. Hay varios gobernadores que podrían ser presidenciables, y tienen buena llegada en el PJ,  pero todavía no se pueden animar a distanciarse de Kirchner, por la necesidad de fondos que tienen, y por el manejo casi dictatorial que el ex presidente hace de los mismos.

El gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, también puede tener buenas aspiraciones, pero se prepara más para el 2015 que para el 2011.

Por último, el candidato más fuerte que tiene hoy el PJ es Carlos Reutemann. Pero el ex piloto de Fórmula Uno se toma su tiempo y no se decide: puede ser una movida inteligente, para no tener una largada en falso y después nunca poder recuperarse; pero también cuando decida arrancar puede llegar a ser demasiado tarde.


Por último, hay un tercer sector que aspira a luchar por la presidencia, o por lo menos ser los terceros en discordia. Es el sector conocido como el de "centroizquierda". Un espacio que está lejos de ser homogeneo y que tiene hoy a Fernando "Pino" Solanas y Martín Sabbatella como sus principales referentes. Pero entre ellos, y sus seguidores, tienen importantes diferencias, que no les permiten unir fuerzas.

Además, buscan ser la alternativa al peronismo y al radicalismo, en todas sus vertientes, pero cuentan con dos desventajas: la gran mayoría de esos dirigentes vienen de una u otra de las fuerzas mayoritarias y traen consigo algunas de las peores costumbres de esos partidos, y por otro lado, corren de atrás por no tener una estructura nacional que los respalde e impida que terminen siendo una fuerza testimonial.


Es cierto que el panorama aquí presentado no es el más alentador. Pero de todas formas hay ciertas cosas que la sociedad argentina y la dirigencia política tenemos que ir aprendiendo. Son más importantes las ideas, que las personas. Los liderazgos son necesarios, pero siempre y cuando detrás de ellos haya un sostén de ideas o principios, sino corren el riesgo que cuando los liderazgos pierdan fuerza, sus estructuras también.

Por ahora se sigue mirando nombres, y no partidos. La lista de nombres realizada en esta nota no es más que eso, nombres. Pero detrás de esos nombres hay que poder buscar otra cosa. Muchos de los aquí nombrados tienen un respaldo, pero en otros es una incógnita

Después de ocho años de kirchnerismo, que se tienen que cumplir aunque muchos no quieran, los diálogos y los consensos van a ser más que necesarios, casi obligatorios. Los que hoy están en la oposición aprendieron una lección, y saben que gran parte de la sociedad no queremos ver más a los políticos enfrentándose mientras las soluciones más importantes no llegan.


Me quedo con la idea de que 26 años de democracia es muy poco para poder decir que aprendimos. Me quedo con que las nuevas generaciones tienen que pensar en las cosas que unen, y no en las que separan, algo que a las viejas generaciones parece costarle demasiado.

Las últimas palabraas de Juan José Castelli  antes de morir: "Si ves al futuro, dile que no venga"
 
El futuro no es alentador, pero que venga.

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jueves, 5 de noviembre de 2009

Encuesta-Presidenciables y futuros presidentes

Las encuestas de opinión son como el sol: aunque no las veamos, siempre están. Todavía no tiene “sentido político” hacerlas públicas (por eso no se difunden tanto), pero batallones de encuestadores trabajan para empresarios y políticos ávidos de saber qué va a pasar. Y en el caso de estos últimos, para saber además con quién armar posibles alianzas. El panorama al día de hoy puede sintetizarse así:

¿Quiénes son las figuras presidenciables?

Hay sólo tres figuras que empiezan a pisar fuerte en la carrera hacia el sillón: Kirchner (Néstor), Duhalde y Cobos.

¿Quiénes se “pincharon”?

Hay una fuerte y sostenida desintegración de Felipe Solá (mide mal). Por su parte, vienen subiendo mucho los aspectos negativos de la imagen de Macri (reducirlos era su gran desafío político), y Reutemann perdió el impulso inicial hasta desdibujarse. Los demás (por ejemplo, Lilita) no aplican.

¿Qué pasa con De Narváez?

De Narváez tiene un buen capital político. Sin embargo para el grueso de la población no es un presidenciable. De cara a las próximas elecciones su gran desafío será con quién formar alianza. Pinchado Solá y herido Macri, el camino lo dirige directamente hacia Duhalde o Cobos. Aunque una alianza con Cobos podría sonar descabellada, quizá resulte efectiva (la derrota de la vieja política). Pero lo más probable es que se incline por Duhalde y funcione a manera de “príncipe consorte”.

¿Cuáles son las debilidades y fortalezas de cada candidato?

- Duhalde: Sus chances son altísimas. Pero su estrategia es la más complicada de las tres. Duhalde es un candidato que crece en el conflicto (en el manejo de situaciones críticas la gente le reconoce virtudes). Por lo tanto, más que postularse, debe preparar el terreno para que “el pueblo reclame por él”. Necesita su 17 de octubre. Está obligado a hacerse desear. Salvo que la situación política y economica se vaya de madre, es el último de los candidatos que debe expresar su deseo de llegar a la presidencia.

¿Su gran fortaleza? Para la mayoría es el único que puede (y quiere) terminar definitivamente con los Kirchner.

- Cobos: La situación del mendocino es opuesta a la de Duhalde. Si bien es el “verdugo natural” de los Kirchner, debe demostrar rápidamente vocación presidencial (con todos los riesgos que implica ser el primero en decir “quiero” en política).

La mayor duda de las personas encuestadas es que no se convierta en una bisagra que si bien puede derrotar a los Kirchner, sea incapaz de manejar el país. Imaginan el siguiente escenario: Cristina – Cobos – Duhalde. Gana pero hay caos.

- Néstor Kirchner: hasta ahora los otros candidatos en carrera lo ayudan. ¿Por qué? Duhalde es el pasado y Cobos una incógnita. Volver a Duhalde implicaría dar por “perdidos” estos años y entregarse a Cobos tiene sus incógnitas de peso. Podría llegar a ser el menos querido de los presidentes de la historia pero ganar porque no se le encuentra reemplazo.

Tiene la ventaja final de que no es él quien está en el poder (por más que la gente sabe que maneja los hilos). Además posee una brutal capacidad de revitalizarse.

Su punto más débil y contra el que deberá luchar es el siguiente: la gente sabe que si llega al poder el país quedará brutalmente dividido en dos, situación que no se da desde hace muchos años.

Fuente: Perfil.com

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domingo, 1 de noviembre de 2009

El matrimonio presidencial enhebra todas las semanas una ristra de anuncios vanidosos





El estilo imperativo de Cristina y Néstor Kirchner condiciona cualquier reacción opositora. La palabra oficial parece siempre bajo sospecha. La oposición arma un plan para diciembre. Crece el espionaje.

Cristina y Néstor Kirchner siguen gastando lo que no tienen. El Gobierno del matrimonio enhebra todas las semanas una ristra de anuncios vanidosos. Los últimos fueron el proyecto de reforma política que deberá debatir el Congreso y el decreto que impone la asignación universal por hijo para padres desocupados o subocupados.

Ninguna de esas decisiones, como sí lo fueron otras, podrían considerarse descomedidas. Figuran, incluso, en la agenda opositora y boyaban también en el ambiente con forma de demanda social. Pero las palabras y los gestos de los Kirchner, desde hace rato, sirven sólo para devaluar hasta las intenciones nobles. Pareciera existir hacia ellos una desconfianza profundizada desde la derrota electoral, que le imposibilitaría remontar cualquier cuesta.


El kirchnerismo no concedió en el Congreso ni una de las cuestiones que reclamaba la oposición. Impuso como quiso las facultades delegadas. Sancionó con un trámite plagado de turbulencias y rarezas la ley de medios. Hizo votar en Diputados, a libro cerrado, el Presupuesto para el 2010.


Ningún clima de diálogo se construye de un día para el otro. La confianza no se recupera con engaños. El matrimonio nunca creyó en aquel mecanismo y basta para corroborarlo con repasar su historia. Las determinaciones de Kirchner y Cristina, buenas y malas, acertadas o erróneas, siempre prescindieron de la opinión opositora e, incluso, de la de su propio Gobierno. ¿Cuántas veces los ministros se enteraron de las novedades por los medios de comunicación o, en el mejor de los casos, minutos antes de ser anunciadas?


Los Kirchner, además, acostumbran a confundir, deliberadamente o no, ciertas cosas. Cristina se suele empalagar aludiendo a las supuestas mejoras institucionales o democráticas por las medidas que anuncia, entre ellas la reforma política. Pero no habrá mejora súbita por el peso de ninguna ley.

Lo que deberían cambiar previamente -o al menos en simultáneo- serían las nociones medulares sobre la democracia y también muchas conductas y valores públicos de la clase dirigente. El concepto de acuerdo, diálogo y convivencia ha sido vaciado de los manuales oficialistas y opositores. Los Kirchner se han encargado estos años de dejar esas páginas en blanco.



¿Hacía falta imponer también por decreto la asignación universal a la niñez? ¿No hubiera resultado más sensato someterlo a una discusión generosa con la oposición? ¿No podría haberse encontrado en ese punto, como exige la Iglesia y pide la oposición, una base mínima de convergencia? No existe convergencia que pueda seducir a los Kirchner más que el oportunismo político.


El ex presidente termina impulsando una reforma política que pareciera favorecer, en principio, sólo a peronistas y radicales. Los dos grandes serían los únicos capaces de amoldarse a las exigencias que plantearía la ley sobre afiliaciones y base de voto electoral para ser reconocidos como partidos. El centroizquierda se vería en figurillas. El PRO, la Coalición y hasta los socialistas quedarían sobre un peligroso límite.


El mayor riesgo para Kirchner sería el de siempre, el mismo que padeció en junio último: el voto popular. Las internas serían obligatorias para todos los ciudadanos, afiliados o no a un partido. El encono que han generado los Kirchner podría disparar otro fenómeno, como sucedió con la victoria de De Narváez/Solá en Buenos Aires. Una fuerte corriente de votos, tal vez, a favor de su opositor interno, si lo hubiera. O un inesperado empinamiento de algún candidato opositor.


Eduardo Duhalde navega ahora entre sus sueños de un gran acuerdo político que ofrezca seguridades a la Argentina para después del 2011 y explicaría que hace lo que hace para despabilar a un peronismo sometido a Kirchner. Trataría de atizar la voluntad de algunos dirigentes para que se atrevan a colarse en la pelea. "Si aparece uno, yo me correría", promete.

No fue una casualidad el respaldo que Roberto Lavagna brindó a su candidatura. En diálogo con Alberto Fernández le pidió que tenga trato más frecuente con Lavagna. "No hay problema", contestó el ex jefe de gabinete de Kirchner . Pero no existiría entre ellos una visión parecida del presente y del futuro.

Alberto Fernández supondría dos cosas: que Kirchner, por su impopularidad, no podrá ser candidato en el 2011 y que todo lo que ahora deja circular, en ese sentido, apuntaría a preservar los dos años que le restan a Cristina; tampoco estima factible el retorno de Duhalde. "Si las alternativas fueran esas, Cobos será el próximo presidente", pronostica.

Las escuchas telefónicas ya causan alarma entre políticos, jueces, empresarios y periodistas. Esas conversaciones, aseguran, llegan siempre hasta las oficinas de Kirchner en Olivos. Se sabe que el ex presidente conoce, entre tantas cosas, cada palabra que pronuncian Agustín Rossi, el jefe de diputados oficialistas, Miguel Pichetto, el jefe de senadores y José Pampuro, vicepresidente del Senado.


Nada lo detiene. Aníbal Fernández, el jefe de Gabinete, obedeció la orden de retirar policías en la Capital por la deuda impaga del gobierno de Mauricio Macri. Importa más la riña política que la seguridad ciudadana.

¿Valdría una reforma política y una ayuda a la niñez en medio de un incipiente estado policial? ¿Podría una sociedad despegar en una Nación acechada por decisiones degradadas?



Por: Eduardo van der Kooy
Clarin.com

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