martes, 24 de noviembre de 2009

Tal vez pertenece a la derecha pero todavía no se dio cuenta.

Por Rolando Hanglin


El señor González supo tener casa, mujer, auto e hijos. Después, el divorcio lo dejó en calzoncillos. Ahora vive solo en un departamento alquilado, donde sopla el viento de Siberia. Desde que le ocurrieron estas cosas, se ha convertido en un hombre de derecha.

Considera que el divorcio es una maldición. Las parejas duraban más y mejor cuando se comprometían para toda la vida. Los hijos se criaban felices y derechitos. Imperaba la obediencia. Resplandecía la familia. Los hijos respetaban a los padres.

En materia de trabajo y negocios, el señor González está un poco desilusionado porque fue esquilmado varias veces por el Estado argentino: le tocó sobrellevar el Rodrigazo, hiperinflación 1, hiperinflación 2, el corralito, el corralón...y hasta tuvo la mala suerte de que estatizaran las AFJP, justo cuando había depositado voluntariamente unos 100.000 dólares que nunca volverán. Ahora sólo confía en el trabajo duro y el ahorro en efectivo.

El señor González está muy angustiado por su seguridad y la de su familia. Tuvo una tienda en Flores: lo asaltaron tres veces y una de ellas le gatillaron el revólver en la sien. Por fortuna, la bala no salió. En distintos hechos le han robado de todo: el auto, el celular, la laptop, la billetera y hasta una bicicleta. En su círculo de amigos y parientes hay relatos diarios de asaltos, asesinatos, violaciones, secuestros.

Experimenta -como suele decirse ahora- una pavorosa "sensación de inseguridad". La misma que han de sentir los condenados ante el pelotón o las vacas, atropellándose por la manga hacia el matadero. Ha dejado atrás las ilusiones de su juventud (peronismo, socialismo, nacionalismo, radicalismo, marxismo, Flower Power) y ahora sólo anhela una Justicia rápida y severísima, una Policía de mano dura y un país provisto de cárceles. Grandes, espaciosas, civilizadas y sobre todo seguras, en el sentido que los criminales no puedan escapar hasta que hayan purgado sus condenas, que en delitos graves (asalto con armas, homicidio, violación) deberían ser de por vida.

A medida que pasan los años, el señor González ha ido elevando a un altar a todos aquellos hombres que han inspirado temor en los enemigos de la ley y el orden, a como dé lugar. Sin embargo no está incurso en el militarismo: tiene un primo desaparecido y perdió un hermano en la Guerra de las Malvinas, de manera que les bajó la persiana para siempre. Para él, las Fuerzas Armadas son "los milicos" y hace años que no cree en nada de lo que digan. Tampoco cree ni media palabra de los anuncios, proclamas, promesas y juramentos de ningún político.

Puede decirse que el país, con sus auges y decadencias, construyó paulatinamente las ideas de González: ahora piensa -incluso- que el derecho de huelga no debería existir para los gremios de estricto servicio público, como los docentes, los transportistas, los médicos, los policías, enfermeras.

González siente poca simpatía por las villas y los villeros. Cuando ve que el Estado se propone "urbanizar" las miserables barriadas, otorgando a cada ocupante el título de propiedad de una casa que no compró, siente el gusto de la bilis en la garganta. Todo vale. Todo cuesta. Todo se paga. ¿Cómo puede haber propietarios que no compraron lo suyo? Al señor González le parece injusto: piensa que equivale a alentar la usurpación, masiva y por la fuerza, de casas y tierras. A la larga, sospecha que el Estado otorgará un certificado legal por todos y cada uno de los bienes robados.

El señor González considera que ser homosexual no es un mérito. Sólo una condición humana (eterna, verificable en todo lugar y tiempo de la historia) por la cual nadie debe ser perseguido, pero tampoco premiado con medalla de oro. El señor González considera que la mayoría es normal, y usa la palabra "normal".

El señor González juzga que no es bueno encontrar las calles, las rutas y los puentes cortados por manifestantes con el rostro enmascarado y garrotes amenazadores. Considera que esos manifestantes son treinta gatos que no representan a nadie.

Debería concurrir la policía a barrerlos con un camión hidrante y, si se resisten, mal no les vendría una buena tunda. No el paredón de Fidel Castro y el Che Guevara, no: sólo un par de empujones para que salgan del paso. Los ciudadanos tienen el derecho esencial de circular libremente por el territorio argentino, para trabajar, para visitar al cuñado o para mirar el paisaje. Debe garantizarse ese derecho, opina González.

El señor Gonzalez está espantado por los homicidios, asaltos y violaciones que cometen muchachitos de 12, 13 y 14 años. Considera que se les debe dar un castigo igual al de los mayores, ya que sus crímenes son propios de adultos. Si la policía estuviera atenta y vigilante, actuando sin complejos y sin pactos oscuros en todas las cuadras de cada ciudad, estas desgracias no sucederían, suele decir González.

El señor González considera que los niños deben ir a la escuela todos los días.

El señor González opina que los adolescentes deben ser tratados con más rigor, en los colegios secundarios donde actualmente organizan "tomas revolucionarias", "campings solidarios", "viajes de egresados-alcohol-drogas", "jornadas de reflexión libres de todo estudio", o le prenden fuego al pelo de la profesora de Geometría.

El señor González estaría más contento si se pronunciaran menos palabrotas por radio, por televisión, en las revistas, y especialmente en boca de grandes referentes nacionales como Maradona o Reutemann.

El señor González admira la civilización americana, es decir el American Way of Life. Todo lo que inventaron los yanquis lo maravilla. El ascensor del señor Otis, la navajita del señor Gillette, los neumáticos del señor Goodyear, los autos del señor Ford, las películas de John Wayne, y le gusta ver a Marilyn Monroe cantando "Happy Birthday, Mr. President..."

El señor González no es partidario de la legalización del aborto, la despenalización de las drogas ni el matrimonio gay. Está lejos de aplaudir una guerra santa contra estas causas. Pero no le gustan. Ni un poquito.

El señor González no es muy creyente. Se crió en una familia católica, judía, o islámica. Pero la vida lo ha hecho un poco escéptico. Sin embargo, respeta a las iglesias. Todos los credos le parecen una forma de encaminar al hombre hacia los buenos instintos. Todos. Los umbanda, los pentecostales, los kabalistas, le parecen dignos del mayor respeto. Son también una expresión de autoridad espiritual, y el señor González añora la autoridad. Por eso prefiere la misa en latín.

González cree en los hombres de negocios, en los triunfadores, en los pioneros, en los jueces incorruptibles, en la ley y el orden, en el campo argentino y su capacidad inagotable, en el mérito de un trabajo bien hecho. Opina que los hombres pueden nacer en la miseria y criarse en la exclusión, para después alcanzar la fortuna y el éxito, a base de trabajo y ahorro.

En cuanto a Israel e Irán, el señor González no tiene dudas. Está a favor de Israel, de acá a la China. Primero, porque siempre admiró a esa nación valiente, progresista y culta. Segundo, porque Israel nunca nos puso ninguna bomba. Tercero, porque los judíos son parte constitutiva del tejido étnico argentino. González tiene amigos, compañeros de colegio, cuñados y médicos judíos. En cuanto a los iraníes, sólo los conoce por la tétrica imagen del Ayatollah Khomeini y dos atentados sangrientos. No se comportan como amigos.

El señor González cree firmemente en la propiedad privada.

Y usted, amigo lector: ¿Es como el señor González, un hombre de derecha? Tal vez pertenece a la derecha pero todavía no se dio cuenta...

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Panorama Nacional hacia el 2011



Néstor Kirchner tiene niveles de rechazo elevadísimos, que hacen casi imposible que pueda volver a ser presidente. En un eventual ballottage perdería con cualquier otro, como Menem hubiese perdido con él. ¿Pero y después quién?, es la pregunta más escuchada.

Las encuestas muestran a Julio Cobos como el dirigente de mayor aceptación. Sin embargo, son muy repetidos los comentarios de rechazo hacia el vicepresidente. Incluso de sectores que votarían a algún otro dirigente del Acuerdo Cívico y Social, que por ahora incluye a la UCR, el socialismo y la Coalición Cívica. Muchos de lo que votarían a Elisa Carrió o a Hermes Binner no votarían a Cobos, y viceversa. Quizás Binner es el que menos rechazo genera, pero también el que menos entusiasma.


En el peronismo el escenario tampoco es muy alentador. Son muchos los que esperan ver derrotado a Kirchner, pero pocos se animan a dar el paso adelante y plantarse como competidores. Felipe Solá lo hizo, pero no tiene el consenso necesario, Eduardo Duhalde también, pero la mayoría piensa que puede ser un buen articulador, pero no un buen candidato.

Francisco de Narváez se presenta como peronista, pero son pocos los peronistas que lo ven como uno propio. Mauricio Macri espera que el peronismo disidente lo vaya a buscar para que sea el candidato, pero tiene el mismo problema que De Narváez.

Mario Das Neves, gobernador de Chubut, ya se postula, pero como Solá no logra sumar voluntades. Hay varios gobernadores que podrían ser presidenciables, y tienen buena llegada en el PJ,  pero todavía no se pueden animar a distanciarse de Kirchner, por la necesidad de fondos que tienen, y por el manejo casi dictatorial que el ex presidente hace de los mismos.

El gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, también puede tener buenas aspiraciones, pero se prepara más para el 2015 que para el 2011.

Por último, el candidato más fuerte que tiene hoy el PJ es Carlos Reutemann. Pero el ex piloto de Fórmula Uno se toma su tiempo y no se decide: puede ser una movida inteligente, para no tener una largada en falso y después nunca poder recuperarse; pero también cuando decida arrancar puede llegar a ser demasiado tarde.


Por último, hay un tercer sector que aspira a luchar por la presidencia, o por lo menos ser los terceros en discordia. Es el sector conocido como el de "centroizquierda". Un espacio que está lejos de ser homogeneo y que tiene hoy a Fernando "Pino" Solanas y Martín Sabbatella como sus principales referentes. Pero entre ellos, y sus seguidores, tienen importantes diferencias, que no les permiten unir fuerzas.

Además, buscan ser la alternativa al peronismo y al radicalismo, en todas sus vertientes, pero cuentan con dos desventajas: la gran mayoría de esos dirigentes vienen de una u otra de las fuerzas mayoritarias y traen consigo algunas de las peores costumbres de esos partidos, y por otro lado, corren de atrás por no tener una estructura nacional que los respalde e impida que terminen siendo una fuerza testimonial.


Es cierto que el panorama aquí presentado no es el más alentador. Pero de todas formas hay ciertas cosas que la sociedad argentina y la dirigencia política tenemos que ir aprendiendo. Son más importantes las ideas, que las personas. Los liderazgos son necesarios, pero siempre y cuando detrás de ellos haya un sostén de ideas o principios, sino corren el riesgo que cuando los liderazgos pierdan fuerza, sus estructuras también.

Por ahora se sigue mirando nombres, y no partidos. La lista de nombres realizada en esta nota no es más que eso, nombres. Pero detrás de esos nombres hay que poder buscar otra cosa. Muchos de los aquí nombrados tienen un respaldo, pero en otros es una incógnita

Después de ocho años de kirchnerismo, que se tienen que cumplir aunque muchos no quieran, los diálogos y los consensos van a ser más que necesarios, casi obligatorios. Los que hoy están en la oposición aprendieron una lección, y saben que gran parte de la sociedad no queremos ver más a los políticos enfrentándose mientras las soluciones más importantes no llegan.


Me quedo con la idea de que 26 años de democracia es muy poco para poder decir que aprendimos. Me quedo con que las nuevas generaciones tienen que pensar en las cosas que unen, y no en las que separan, algo que a las viejas generaciones parece costarle demasiado.

Las últimas palabraas de Juan José Castelli  antes de morir: "Si ves al futuro, dile que no venga"
 
El futuro no es alentador, pero que venga.

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domingo, 22 de noviembre de 2009

Anibal Fernández, supremo sacerdote de la banalidad insultante

Por Pepe Eliaschev

Atascados en la noria de las regurgitaciones eternas, nada nos sorprende. Nuestros asombros son vaporosos y fugaces. El impacto emocional de hoy se diluye mañana en la atropellada semántica de otra tormenta emocional.

¿Acaso hay alguna palabra que se repita más que “escándalo” en los medios nacionales? No la hay, pero el chapoteo pornográfico en una cotidianidad escandalosa no la hace más virtuosa a la Argentina. Al contrario. Confortables en demasía que ya no sorprenden a nadie, habitamos el tiempo de los excesos convertidos en rutina. Las afrentas no duelen, las injurias no hieren, las mentiras no ofenden.

Supremo sacerdote de la banalidad insultante, la boca más grande y vociferante del Gobierno argentino compara a Nixon con Macri. La casi totalidad de quienes acceden a los medios no atinan a recordarle al incontinente jefe de Gabinete que ese presidente renunció a la Casa Blanca casi dos años después de que The Washington Post descubriera el affaire Watergate, pero sólo al cabo de una investigación del Congreso que lo conminaba al republicano a someterse a juicio político.
Aníbal Fernández, en cambio, quiere derrocarlo a Macri como resultado de las gestiones del espartaquista Norberto Oyarbide. Las tropelías fernandistas se consuman a la luz del día ante una sociedad que convive en resignado renunciamiento con los despropósitos más disparatados.

A las 10 de la mañana del jueves último, por ejemplo, ocho cuarentones ridículamente tocados con boinas de comandos militares cerraron la avenida Rivadavia a la altura del Congreso nacional. Decían ser “combatientes” de Malvinas, a los que no se les reconoce su supuesta participación en una guerra de hace 27 años.

Lo notable es la naturalidad del disparate. Eran ocho cortando la avenida y millares los vehículos que coincidían en aquel desbarajuste fenomenal, infinidad de gente atascada ante un piquete protegido por la Policía, adecuadamente adoctrinada para no “criminalizar la protesta”.

Lo más estremecedor es que a todo nos adecuamos: esas ocho personas cortaban la avenida mientras millares de seres humanos, afrentados y enloquecidos de furia, mirábamos con mansedumbre de vacas a los nuevos dueños del espacio, custodiados por una Federal con oficiales de relucientes y altas botas de cuero y rotundos patrulleros protegiendo el piquete malvinero.

Pocas veces un texto como el publicado por este diario la semana pasada y firmado por Adolfo Pérez Esquivel desparramó tamaña colección de prejuicios venenosos, afirmaciones expresivas de ridícula ignorancia y explícitas confesiones de judeofobia, como esa erupción de odio a propósito de una supuesta “masacre” hecha por los judíos de Israel contra los árabes palestinos.

Por lo pronto, pedregosa aunque imperdonable ignorancia: Pérez Esquivel admite ante el visitante presidente de Israel, Shimon Peres, que (¡15 años después!) “es imprescindible investigar y buscar a los responsables para reparar el daño a la comunidad judía”. O sea que los 85 asesinados del 18 de julio de 1994 fueron bajas judías, no víctimas de un ataque contra la Argentina. Para Pérez Esquivel los judíos deben ser extranjeros en la Argentina, huéspedes de sus anfitriones criollos.

Ese antisionismo de izquierda que se viste de ropaje progresista supera largamente la retórica de veteranos nacionalsocialistas. Coquetea con las expresiones más aviesas del antisemitismo reprimido. Eso explica que el venezolano Hugo Chávez y su régimen socialista sean socio principal de Majmud Ahmadinejad en América latina.

Pero si Cristina Kirchner le dice al presidente Peres que no le gusta que le elijan sus amigos porque ella no se los elige a nadie, ¿quiere decir que para este Gobierno es normal tener relaciones íntimas con alguien que, a su vez, está aliado a un régimen que proclama que Israel debe desaparecer del planeta?

Para Pérez Esquivel, claro, las responsabilidades sólo son israelíes y cuando las fuerzas militares de Hamas y Al Fátah se matan entre ellas en Gaza o en Cisjordania, no hay “masacre”, como tampoco la hubo en 1970, cuando el ejército del rey Hussein de Jordania aniquiló a las huestes de Arafat y expulsó a sangre y fuego a decenas de millares de palestinos.

Ausente ya la experiencia del asombro, en el tinglado nacional se perpetran alegremente hechos abusivos y enormidades retóricas. Pérez Esquivel, por ejemplo, escribe que en la Argentina hay una comunidad “israelí”. ¿Alguien le explicó que en el Estado de Israel hay dos millones de árabes y sólo cinco millones de judíos? ¿Alguien le informó que israelíes e israelitas no son la misma cosa?

Eso sí, coherente con los más rancios estereotipos antisemitas, el Nobel de la Paz de 1980 asegura que los judíos argentinos (220 mil en 40 millones) son “muy numerosos” y –sobre todo– “muy fuertes”. Nada de que alarmarse: en una crónica sobre la presencia de Peres en Buenos Aires, Clarín aseguró que el presidente israelí escuchó un recital en una tanguería del Abasto en la que se congregó “la mitad del PBI argentino”.

El sobredimensionamiento de la comunidad judía argentina no es inocente; es una política visceralmente compartida por todos los peronismos, desde el menemista al kirchnerista.

Como un estercolero de acceso libre, el escenario público que hoy exhibe este país es de deprimente vulgaridad. Iletrados funcionarios rebuznan superficialidades insultantes; saben que aquí todo sigue su curso y nada grave ocurre en una sociedad reacia a los castigos y embriagada de transgresiones.

¿Será el alba de un tiempo diferente? No de inmediato, ni mucho menos. Estos años de pacto con el abismo no producirán una reversión balsámica instantánea. Es bueno intuir que tras tanto abuso, tiempos más curativos vendrán. Pero hoy no hay razones sólidas para profesar optimismo, ni siquiera moderado.

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Los bochornos del Matrimonio Presidencial

Por Nelson Castro

La saga del espionaje porteño desgastó profundamente la imagen de Macri. El viaje de Colombi, fue otro bochorno sólo superado por las imágenes de Antonini Wilson en la Casa Rosada.





"Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio” dice la letra de la famosa canción de Joan Manuel Serrat. Y algo de eso deben haber pensado, en algún momento de la semana que pasó, varios de los protagonistas de la enmarañada vida política del país atravesada, ciertamente, por verdades que van de lo escandaloso a lo penoso.

La conferencia de prensa que dio Mauricio Macri en el mediodía del jueves fue lastimosa. No hubo una sola explicación que sonara verosímil sobre el escándalo de las escuchas ilegales ejecutadas por el enigmático Ciro James.

El jefe de Gobierno pretendió darle al episodio un aire de cosa ajena francamente insostenible. El grueso error que cometió Macri con el nombramiento del cuestionado comisario Jorge “Fino” Palacios como jefe de la futura Policía Metropolitana, no va a ser fácil de enmendar. “Creía ciegamente en él”, confiesa un funcionario del gabinete municipal de estrecha cercanía con el jefe de Gobierno.

“Cuesta creer tamaña torpeza; ante tantas advertencias, lo menos que hubiera correspondido era investigar un poco más o, directamente, elegir a otra persona” , opina un dirigente del PRO aún anonadado ante la cerril defensa que durante semanas hizo Macri del ahora detenido comisario.

Seguramente, a la desdicha de estos días, al jefe de Gobierno porteño se le deben estar agregando la de estas horas. En efecto, la difusión que se hizo sobre el texto de la renuncia de Palacios, ocurrida en agosto pasado, que fue enviada directamente al mail de Mauricio Macri, impacta.

Ahí, el ex jefe policial, además de denunciar tareas de espionaje desde los servicios de inteligencia de la Nación sobre parte del futuro personal de la Policía Metropolitana, decía que “a la fecha sólo se han adquirido 15 patrulleros, 15 motos y los uniformes de aula de los cursantes…

Debe tenerse presente la imposibilidad, en las circunstancias actuales, que la policía pueda entrar en operaciones, no ya en el mes octubre, sino en noviembre, ya que no se han podido comprar aún las armas reglamentarais y lo que es peor, tampoco las municiones de práctica”.

En la noche del viernes, voces encumbradas del PRO capitalino expresaban preocupación por el futuro de la relación entre las dos fuerzas policiales, indicando su temor porque “la puja va ser muy fuerte, ya que los sectores corruptos de la Federal de ninguna manera van a querer ceder terreno sobre el domino de la prostitución, el juego clandestino y la droga”.

Lo cierto es que el costo político que todo este hecho está teniendo para Macri – aumentado por aspectos de la interna familiar que se han colado en esta historia para darle un toque que parece salido de la película El Padrino– es enorme.

La situación del ministro de Seguridad, Guillermo Montenegro, es muy delicada. “En realidad está pagando por el error de Macri, porque él lo alertó de la inconveniencia de nombrar a Palacios.” Lo cierto es que, en público, la defensa que el ministro hizo de Palacios fue tan cerrada como la que hizo el jefe de Gobierno.

Quienes están en la mira y, al parecer, con los días contados son tres ministros: el de Educación, Mariano Narodowsky; el de Espacios Públicos, Juan Pablo Piccardo, azotado por los violentos procedimientos de la Unidad de Control del Espacio Público (UCEP); y el de Salud, Jorge Lemus, un sanitarista de prestigio pero sin peso político propio para enfrentar la conflictiva situación de su área en todo el ámbito de los hospitales públicos de la ciudad.

Paradojalmente, a Macri le dio aire la desmesurada reacción del jefe de Gabinete del gobierno nacional, Aníbal Fernández, quien dijo que por mucho menos Nixon debió renunciar a la presidencia de los Estados Unidos. Alguien, o tal vez el mismo Dr. Fernández, advirtió lo erróneo de esta apreciación.

El escándalo Watergate, por el que Nixon tuvo que demitir, fue un hecho de espionaje de enormes proporciones destinado a perjudicar la campaña de George McGovern, el candidato a la presidencia por el Partido Demócrata en las elecciones de 1972. No hay hasta aquí ninguna evidencia de que Macri haya ordenado ninguna de estas repudiables actividades de espionaje. Si las hubiera, su carrera política estaría liquidada.

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Hablando de bochorno, otro episodio relevante fue el que protagonizó el flamantemente electo gobernador de la provincia de Corrientes, Ricardo Colombi. Hay que recordar que en la caliente elección correntina, la contienda estuvo entre los primos Ricardo y Arturo, actual gobernador, tocados por una disputa familiar fenomenal. Ambos son radicales.

El candidato del Frente para la Victoria allí quedó lejos. Ricardo Colombi fue apoyado por el actual presidente de la Unión Cívica Radical, el senador Gerardo Morales, mientras que Arturo Colombi, lo fue por Julio Cobos. Por eso es que el anuncio del nuevo gobernador de apoyar el proyecto de reelección de Néstor Kirchner dejó al radicalismo colgando de un piolín. “Esto sí que no lo esperábamos”, reconoció un conspicuo hombre de la UCR.

Ricardo Colombi había bajado a Buenos Aires para negociar la ayuda de la Nación, sin la cual casi ninguna gestión provincial es viable. Lo malo no es la negociación en sí, sino sus términos.

En realidad, el acuerdo entre Colombi y los Kirchner se asemejó más a una capitulación que a una negociación. Esta manera aberrante de manejo de los fondos públicos que hace el matrimonio presidencial es propia de feudos y no de repúblicas. Y esto no habrá de cambiar en los dos años que restan del mandato de los Kirchner.

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Por eso es que el discurso de campaña, lleno de invocaciones a la concordia, al diálogo y la aceptación del disenso, pronunciado por el ex presidente en funciones en Comodoro Rivadavia tiene la credibilidad de la nada.

Tal vez el hecho más insólito de ese acto en Comodoro fue la presencia del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli. Verlo en ese palco a la misma hora que los vecinos de Wilde, impactados por el brutal asesinato de la arquitecta Renata Toscano, clamaban por mayor seguridad, fue una muestra de un monumental desatino político.

La situación del ministro de Seguridad provincial, Carlos Stornelli, está otra vez en la cuerda floja. Según con quien se hable dentro del gabinete de Scioli, el Dr. Stornelli está adentro o afuera, señal clara de que su gestión genera controversia no sólo en la población sino también dentro del mismo gobierno del que forma parte.

Los que hablan de la eyección del ministro de su poltrona, aseguran que Scioli estaría pensando en una figura de peso político propio para ocupar esa cartera; esa figura sería un intendente del Conurbano.

Con quien hubo contactos crecientes en los últimos días fue con el ex titular de la Agencia Recaudatoria de la provincia de Buenos Aires (ARBA), Santiago Montoya. Hubo un ofrecimiento para que volviera a ARBA, cosa que a Montoya no le interesa ni remotamente.

Hay que recordar que la situación del fisco bonaerense dista de ser buena ya que el presupuesto para el año 2010 tiene un déficit de 5.000 millones de pesos. De todos modos, la buena imagen de Montoya hace que Scioli lo siga teniendo en cuenta para ocupar un lugar en su gobierno.

Los datos de la economía comienzan a mostrar un bienvenido repunte. Ante la oportunidad que ello abre, es realmente penoso observar como el gobierno insiste en conductas que alejan la posibilidad de cualquier hecho que marque un acercamiento con la oposición. La última oportunidad perdida es el proyecto de ley de Reforma Política.

Son muchos los kirchneristas que, por lo bajo, reconocen que no entienden por qué tanto empecinamiento en que esto salga antes el 10 de diciembre, lo que, además, los deja mal parados. Ejemplo de esto es lo que le sucedió, la semana pasada, al senador José Pampuro, que es el presidente Provisional del Senado.

Dialogando con Julio Cobos a quien, a causa de un viaje que tiene que hacer en estos días a Portugal, Pampuro deberá reemplazar, le dijo que no había ningún ánimo por parte del oficialismo de forzar el tratamiento en el Senado del proyecto de ley de Reforma Política que cuenta con media sanción de la Cámara de Diputados antes del 10 de diciembre, ya que eso sería un despropósito y un mamarracho.

No habían pasado algunas horas de esa conversación, cuando se enteró que, desde Olivos, el matrimonio presidencial había bajado la orden de que la ley debía ser aprobada sí o sí antes del recambio legislativo.

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La inesperada aparición del video en el que se lo ve a Guido Alejandro Antonini Wilson en la Casa de Gobierno sacudió al oficialismo. Las imágenes en las que se lo observa claramente al valijero venezolano en el Salón Blanco de la Casa Rosada, durante el acto del lunes 6 de agosto de 2007 en el que habló Hugo Chávez, demolieron la pertinaz insistencia con la que distintos funcionarios quisieron negar esto.

La circunstancia, además, dejó muy mal parado al jefe de Gabinete, quien, con una obstinación digna de mejor causa, pretendió seguir tapando el sol con las manos. Es impresionante observar esta conducta inútil de querer poner peros ante la evidencia clara de la realidad. Para colmo de sus males, el origen de esas imágenes fue una filmación hecha por La Corte, que es la productora contratada para registrar todas las actividades públicas del matrimonio Kirchner, y archivada por Canal 7. De haber sido cualquier otro medio hubiera caído sobre él la ira K.

No es que hiciera falta el video para saber la verdad que ya constaba en el expediente judicial como producto de la detallada declaración de Victoria Bereziuk, la secretaria de Claudio Uberti, el ex titular del Organismo de Control de Concesiones Viales (OCCOVI) que era quien hacía negocios en Venezuela que algún día la justicia investigará con la decisión y la fuerza que hoy faltan a pesar del empeño de muchos fiscales y jueces honestos. Uberti fue quien hizo subir a Antonini Wilson al avión.

Más allá de que en algún otro país una situación como esta le costaría el puesto a Aníbal Fernández, bien le valdría recordar aquella famosa frase de Abraham Lincoln que dice así: “Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo".



VIDEO ANIBAL FERNANDEZ CON NELSON CASTRO
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sábado, 21 de noviembre de 2009

El matrimonio Kirchner se ha puesto un traje de amianto


Por Alfredo Leuco

El matrimonio Kirchner se ha puesto un traje de amianto que no les permite detectar los altísimos niveles de irritación social que han cosechado. Es el principal subproducto de su bulimia de poder. De esa carrera desenfrenada en círculos concéntricos cada vez más chicos que les hace perder el olfato político y la sensibilidad popular necesaria para poder discernir lo que es bueno o malo para ellos mismos.

Por eso han multiplicado los gestos autodestructivos y suicidas. Todas sus zancadillas y presuntas avivadas han logrado erosionar la confianza del ciudadano hacia la dirigencia política. Eso es muy peligroso porque astilla el valor de las instituciones republicanas. Y es una de las peores herencias que van a dejar: la sospecha permanente de que todos los políticos tienen precio.

El ejemplo mas caricaturesco fue el triste espectáculo boxístico que ofrecieron Aníbal Fernández y Mauricio Macri. Parecían escenas del viejo cine en blanco y negro donde dos grandotes parados en el centro del ring se intercambiaban mamporros cada vez mas fuertes esperando que el otro se caiga.

Una irresponsabilidad parecida a una ruleta rusa. Una lucha en el barro para ver quien es más destituyente. ¿El Watergate o Collor de Melo? ¿El espionaje o la corrupción?

La impericia del gobierno de Macri, la falta de iniciativa política que lo llevó a correr detrás de los acontecimientos para tapar agujeros , cierta ingenuidad imperdonable a esta altura y una gestión que no despega, le produjeron su mayor herida.

Néstor Kirchner, ni lerdo ni perezoso, olió sangre y como buen tiburón justicialista se le tiró a la yugular. Cree que Macri es el enemigo perfecto. Pero su gran problema es su propio desprestigio y la falta de credibilidad de su vocero, Aníbal Fernández. Ambos están entre los argentinos con mayor imagen negativa y Macri, todavía ocupa los primeros lugares en la consideración pública aunque la valoración de su gobierno viene cayendo.

El alquiler de conciencias o el tráfico de votos es un síntoma de una grave enfermedad social. Sincericida, Ricardo Colombi dijo “estas son las condiciones y hay que aceptarlas”. Esa actitud de resignación de la dignidad y sometimiento al poder central del dinero siempre existió. Coimas hubo siempre. Banelcos también. Pero fueron excepciones o emergentes de situaciones coyunturales.

Lo desesperanzador es que Néstor Kirchner las convirtió en políticas de estado, en un plan sistemático que, por ahora, funciona a la perfección. En un modelo de conducción. Varios quieren denunciarlo ante la justicia como un delito. Dicen que retener fondos de otros o ningunearlos es un abuso de poder y mucho mas si se ejerce desde el cargo de esposo en jefe. Prostituir la política es entrar en la lógica de los infames traidores a la patria. Por mas trajes de amianto que se pongan.

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viernes, 20 de noviembre de 2009

Fernandez: "Mauricio Macri debería renunciar"

Por Ernesto Tenembaum

El jefe de Gabinete, Anibal Fernández, sostuvo esta mañana que Mauricio Macri debería renunciar por el escándalo de las escuchas telefónicas.

Tengo cuatro observaciones que hacer al respecto:

1- Durante el último año y medio, el oficialismo sostiene que hay una campaña destituyente en contra de Cristina. Sin embargo, es difícil encontrar una declaración dónde un dirigente político de primera línea, como lo es Fernández, reclame que Cristina se vaya antes de tiempo. El que más se acercó creo que fue Biolcatti en aquel célebre reportaje de Grondona. La reacción general fue tan contundente que terminó pidiendo disculpas.

La declaración de Fernández cruza una línea: quienes pretenden instalar la idea de una renuncia anticipada de la presidenta podrán ampararse en que sus declaraciones son tan aceptables como las del jefe de Gabinete. Quizá por eso sería necesario que quienes se alarman ante cualquier insinuación en este sentido de la oposición, o de los dirigentes de la mesa de enlace, también hagan saber su rechazo a este tipo de bravuconadas.

2- Las declaraciones de Fernández, además, son claramente favorables a Macri, quien ahora tiene una herramienta clara para exponer en público que es víctima de una operación de la Casa Rosada. Es un favor increíble, porque hasta ahora estaba obligado a explicar sus propios horrores o complicidades con un hecho injustificable. Desde que apareció Fernández, podrá decir: “Escuchenlo a Anibal Fernández: ¿A alguien le cabe duda de que estoy siendo víctima de una conspiración kirchnerista?”. Y va a tener el Gobierno que explicarlo a Anibal en lugar de tener Macri, como corresponde, que aclarar lo que no puede aclarar.

3- Las declaraciones de Fernández, además, favorecen a Macri por otro motivo. En un gobierno muy desprestigiado, Fernández es una de las figuras que bate record de rechazo. En la Casa Rosada deberían pedirle a Braga Menendez que realice un focus Group. Eligen personas al azar, les pasan declaraciones de Anibal y expresan lo que piensan. Se van a sorprender. De hecho, me consta que los líderes de la oposición celebran cada vez que Anibal les pega. Un ataque verbal del locuaz jefe de Gabinete los hace subir inmediatamente un par de puntos en las encuestas de imagen, tenga o no razón en lo que dice.

4- Igual, las declaraciones de Fernández sobre el tema Macri no tienen ninguna gravedad si se las compara con su silencio –y el de tanta otra gente—frente a la represión de la Federal contra los chicos que hacía cola para ver a Viejas Locas. Hay un nenito en coma cerebral. Las policías siguen todos en funciones. Nadie se comunicó con la familia.

Es como si el tema no existiera. Como si a alguna gente –pobres, roqueritos—la policía le pudiera pegar y a otra cosa mariposa. Hace cuatro semanas, en Palabras más Palabras menos le dedicamos media hora del programa a los abusos de la UCEP de Macri.

Puedo imaginar lo que sería la reacción del progresismo K. en caso de que la Policía Metropolitana reprimiera como lo hizo la Federal y dejara a un chico en coma. En fin. El doble estándar, en estos casos, me da escalofríos.


PD: Antes que el coro empiece a decir: "eh, Tenembaum, lo estás defendiendo a Macri", pido por favor que vean el reportaje que le hicimos a Montenegro el martes, la cobertura de lo de la UCEP, la entrevista de veinte minutos que le hice hoy al fiscal Nissman. Digo: para no gastar tiempo en pavadas.




jueves, 19 de noviembre de 2009

Jorge Lanata con Ernesto Tenembaum y Reynaldo Sietecase

PANORAMA - NOVIEMBRE - LANATA-TENEMBAUM-SIETECASE

Imperdible! Tres de los mejores periodistas Argentinos hablan de absolutamente TODO, sin reparos. Lo mejor del año.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Encuesta-Presidenciables y futuros presidentes

Las encuestas de opinión son como el sol: aunque no las veamos, siempre están. Todavía no tiene “sentido político” hacerlas públicas (por eso no se difunden tanto), pero batallones de encuestadores trabajan para empresarios y políticos ávidos de saber qué va a pasar. Y en el caso de estos últimos, para saber además con quién armar posibles alianzas. El panorama al día de hoy puede sintetizarse así:

¿Quiénes son las figuras presidenciables?

Hay sólo tres figuras que empiezan a pisar fuerte en la carrera hacia el sillón: Kirchner (Néstor), Duhalde y Cobos.

¿Quiénes se “pincharon”?

Hay una fuerte y sostenida desintegración de Felipe Solá (mide mal). Por su parte, vienen subiendo mucho los aspectos negativos de la imagen de Macri (reducirlos era su gran desafío político), y Reutemann perdió el impulso inicial hasta desdibujarse. Los demás (por ejemplo, Lilita) no aplican.

¿Qué pasa con De Narváez?

De Narváez tiene un buen capital político. Sin embargo para el grueso de la población no es un presidenciable. De cara a las próximas elecciones su gran desafío será con quién formar alianza. Pinchado Solá y herido Macri, el camino lo dirige directamente hacia Duhalde o Cobos. Aunque una alianza con Cobos podría sonar descabellada, quizá resulte efectiva (la derrota de la vieja política). Pero lo más probable es que se incline por Duhalde y funcione a manera de “príncipe consorte”.

¿Cuáles son las debilidades y fortalezas de cada candidato?

- Duhalde: Sus chances son altísimas. Pero su estrategia es la más complicada de las tres. Duhalde es un candidato que crece en el conflicto (en el manejo de situaciones críticas la gente le reconoce virtudes). Por lo tanto, más que postularse, debe preparar el terreno para que “el pueblo reclame por él”. Necesita su 17 de octubre. Está obligado a hacerse desear. Salvo que la situación política y economica se vaya de madre, es el último de los candidatos que debe expresar su deseo de llegar a la presidencia.

¿Su gran fortaleza? Para la mayoría es el único que puede (y quiere) terminar definitivamente con los Kirchner.

- Cobos: La situación del mendocino es opuesta a la de Duhalde. Si bien es el “verdugo natural” de los Kirchner, debe demostrar rápidamente vocación presidencial (con todos los riesgos que implica ser el primero en decir “quiero” en política).

La mayor duda de las personas encuestadas es que no se convierta en una bisagra que si bien puede derrotar a los Kirchner, sea incapaz de manejar el país. Imaginan el siguiente escenario: CristinaCobosDuhalde. Gana pero hay caos.

- Néstor Kirchner: hasta ahora los otros candidatos en carrera lo ayudan. ¿Por qué? Duhalde es el pasado y Cobos una incógnita. Volver a Duhalde implicaría dar por “perdidos” estos años y entregarse a Cobos tiene sus incógnitas de peso. Podría llegar a ser el menos querido de los presidentes de la historia pero ganar porque no se le encuentra reemplazo.

Tiene la ventaja final de que no es él quien está en el poder (por más que la gente sabe que maneja los hilos). Además posee una brutal capacidad de revitalizarse.

Su punto más débil y contra el que deberá luchar es el siguiente: la gente sabe que si llega al poder el país quedará brutalmente dividido en dos, situación que no se da desde hace muchos años.

Fuente: Perfil.com

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domingo, 1 de noviembre de 2009

El matrimonio presidencial enhebra todas las semanas una ristra de anuncios vanidosos





El estilo imperativo de Cristina y Néstor Kirchner condiciona cualquier reacción opositora. La palabra oficial parece siempre bajo sospecha. La oposición arma un plan para diciembre. Crece el espionaje.

Cristina y Néstor Kirchner siguen gastando lo que no tienen. El Gobierno del matrimonio enhebra todas las semanas una ristra de anuncios vanidosos. Los últimos fueron el proyecto de reforma política que deberá debatir el Congreso y el decreto que impone la asignación universal por hijo para padres desocupados o subocupados.

Ninguna de esas decisiones, como sí lo fueron otras, podrían considerarse descomedidas. Figuran, incluso, en la agenda opositora y boyaban también en el ambiente con forma de demanda social. Pero las palabras y los gestos de los Kirchner, desde hace rato, sirven sólo para devaluar hasta las intenciones nobles. Pareciera existir hacia ellos una desconfianza profundizada desde la derrota electoral, que le imposibilitaría remontar cualquier cuesta.


El kirchnerismo no concedió en el Congreso ni una de las cuestiones que reclamaba la oposición. Impuso como quiso las facultades delegadas. Sancionó con un trámite plagado de turbulencias y rarezas la ley de medios. Hizo votar en Diputados, a libro cerrado, el Presupuesto para el 2010.


Ningún clima de diálogo se construye de un día para el otro. La confianza no se recupera con engaños. El matrimonio nunca creyó en aquel mecanismo y basta para corroborarlo con repasar su historia. Las determinaciones de Kirchner y Cristina, buenas y malas, acertadas o erróneas, siempre prescindieron de la opinión opositora e, incluso, de la de su propio Gobierno. ¿Cuántas veces los ministros se enteraron de las novedades por los medios de comunicación o, en el mejor de los casos, minutos antes de ser anunciadas?


Los Kirchner, además, acostumbran a confundir, deliberadamente o no, ciertas cosas. Cristina se suele empalagar aludiendo a las supuestas mejoras institucionales o democráticas por las medidas que anuncia, entre ellas la reforma política. Pero no habrá mejora súbita por el peso de ninguna ley.

Lo que deberían cambiar previamente -o al menos en simultáneo- serían las nociones medulares sobre la democracia y también muchas conductas y valores públicos de la clase dirigente. El concepto de acuerdo, diálogo y convivencia ha sido vaciado de los manuales oficialistas y opositores. Los Kirchner se han encargado estos años de dejar esas páginas en blanco.



¿Hacía falta imponer también por decreto la asignación universal a la niñez? ¿No hubiera resultado más sensato someterlo a una discusión generosa con la oposición? ¿No podría haberse encontrado en ese punto, como exige la Iglesia y pide la oposición, una base mínima de convergencia? No existe convergencia que pueda seducir a los Kirchner más que el oportunismo político.


El ex presidente termina impulsando una reforma política que pareciera favorecer, en principio, sólo a peronistas y radicales. Los dos grandes serían los únicos capaces de amoldarse a las exigencias que plantearía la ley sobre afiliaciones y base de voto electoral para ser reconocidos como partidos. El centroizquierda se vería en figurillas. El PRO, la Coalición y hasta los socialistas quedarían sobre un peligroso límite.


El mayor riesgo para Kirchner sería el de siempre, el mismo que padeció en junio último: el voto popular. Las internas serían obligatorias para todos los ciudadanos, afiliados o no a un partido. El encono que han generado los Kirchner podría disparar otro fenómeno, como sucedió con la victoria de De Narváez/Solá en Buenos Aires. Una fuerte corriente de votos, tal vez, a favor de su opositor interno, si lo hubiera. O un inesperado empinamiento de algún candidato opositor.


Eduardo Duhalde navega ahora entre sus sueños de un gran acuerdo político que ofrezca seguridades a la Argentina para después del 2011 y explicaría que hace lo que hace para despabilar a un peronismo sometido a Kirchner. Trataría de atizar la voluntad de algunos dirigentes para que se atrevan a colarse en la pelea. "Si aparece uno, yo me correría", promete.

No fue una casualidad el respaldo que Roberto Lavagna brindó a su candidatura. En diálogo con Alberto Fernández le pidió que tenga trato más frecuente con Lavagna. "No hay problema", contestó el ex jefe de gabinete de Kirchner . Pero no existiría entre ellos una visión parecida del presente y del futuro.

Alberto Fernández supondría dos cosas: que Kirchner, por su impopularidad, no podrá ser candidato en el 2011 y que todo lo que ahora deja circular, en ese sentido, apuntaría a preservar los dos años que le restan a Cristina; tampoco estima factible el retorno de Duhalde. "Si las alternativas fueran esas, Cobos será el próximo presidente", pronostica.

Las escuchas telefónicas ya causan alarma entre políticos, jueces, empresarios y periodistas. Esas conversaciones, aseguran, llegan siempre hasta las oficinas de Kirchner en Olivos. Se sabe que el ex presidente conoce, entre tantas cosas, cada palabra que pronuncian Agustín Rossi, el jefe de diputados oficialistas, Miguel Pichetto, el jefe de senadores y José Pampuro, vicepresidente del Senado.


Nada lo detiene. Aníbal Fernández, el jefe de Gabinete, obedeció la orden de retirar policías en la Capital por la deuda impaga del gobierno de Mauricio Macri. Importa más la riña política que la seguridad ciudadana.

¿Valdría una reforma política y una ayuda a la niñez en medio de un incipiente estado policial? ¿Podría una sociedad despegar en una Nación acechada por decisiones degradadas?



Por: Eduardo van der Kooy
Clarin.com

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viernes, 30 de octubre de 2009

jueves, 29 de octubre de 2009

Ley de Reforma Política-Dispone la caducidad de los partidos chicos


El miércoles pasado, Kirchner envió al senador santacruceño Nicolás Fernández a proponer a Ernesto Sanz un acuerdo con el radicalismo. Sanz es el jefe del bloque de ese partido en el Senado y presidirá, a partir de diciembre, su Comité Nacional. Sanz no tomó compromiso alguno (para variar como cualquier politico), pero prometió estudiar la propuesta con sus correligionarios.

Kirchner apuesta a una recuperación económica (?) que le permita mantener a sus pies a la estructura del PJ y por eso pretende que peronistas disidentes como Felipe Solá, Carlos Reutemann o Eduardo Duhalde se sometan a ella. Sueña que, si triunfara en una interna contra esos "descarriados", revertiría su declinación y ganaría las presidenciales de 2011 (Dios no lo permita!). Por eso, se propuso convertir las internas en obligatorias y complicar al extremo las posibilidades de los partidos pequeños. No quiere que le hagan lo que él le hizo a Menem en 2003. . .

El radicalismo empieza a observar la idea con interés. El nuevo esquema terminaría por someter a Julio Cobos a la estructura partidaria y llenaria de obstáculos la carrera de Elisa Carrió hacia la presidencia.

La oferta (aunque deberiamos ver la demanda, claro) de Kirchner consiste en restaurar, por la vía normativa, un orden bipartidista que potencie a quienes controlan los grandes aparatos territoriales en detrimento de quienes, en el PJ o la UCR, rompieron con ellos. Y puede ser una propuesta irresistible. . .

En la ingeniería con que fantasea el oficialismo hay algunas vigas maestras:

* El proyecto de ley que llegará a Diputados esta semana establece que las candidaturas nacionales surgirían de internas abiertas y simultáneas, obligatorias para los partidos y para los ciudadanos. Es decir: cada fuerza política debería realizar un gran esfuerzo de movilización para elegir sus candidatos, y otro, más tarde, para competir en los comicios generales. Por su parte, todos los ciudadanos del padrón tendrían que votar en la interna.

* No será posible colgar de una fórmula varias listas de diputados (colectoras). O que la misma lista postule varias fórmulas (lista espejo). Los gobernadores deberán atarse a la candidatura presidencial de su partido. Para Kirchner, la de él. Prohibido traicionar, entonces. . . (al mayor traidor le quieren contar en cuentito. . .)

* Otra clave del proyecto es que dispone la caducidad de los partidos que no posean un número de afiliados equivalente al cuatro por mil del padrón nacional (hoy serían 111.157 afiliados, afiliado mas, afiliado menos).

El PRO -que acaso no supere los 5000- o la Coalición Cívica no podrían presentar candidaturas presidenciales. . . (Punto para Neshtor).

Y tampoco varias fuerzas de izquierda lo cual implica menos competencia a la hora de las elecciones.

Estas disposiciones pretenden construir un desfiladero para Solá, Reutemann, Duhalde, Rodríguez Saá o cualquier otro peronista que quiera enfrentar a Kirchner sin participar de la interna partidaria ya que para hacerlo deberían renunciar al PJ, lo que supone un castigo simbólico. O práctico: Reutemann, por ejemplo, conduce esa fuerza en Santa Fe. Si esos dirigentes quisieran postularse en 2011 por una agrupación propia, deberían conseguir un número muy exigente de afiliados. O sumarse a Pro, donde Mauricio Macri necesitará una estructura de alcance nacional. En politica, señores, todo (TODO) es posible.

El Gobierno descubrió que el sistema de partidos está viciado por una fragmentación patológica que él mismo alimentó (K). Con la excusa de corregirla, Kirchner apunta a protagonizar un gran duelo dentro del PJ. Su hipótesis salta a la vista: nadie podría enfrentar en una interna a quien se sirve de los recursos estatales como si fueran propios.

Kirchner no se formula otra pregunta: ¿y si su pésima imagen fuera más fuerte que el aparato del Estado y Solá, Reutemann o cualquier otro le ganaran igual esa elección, que será abierta? Lo consiguió Solá con De Narváez el 28 de junio pasado a pesar del cambio de fecha y de las candidaturas testimoniales, no lo olvidemos.

Las armas, a veces, las carga el diablo. Y quizas el tiro a K le salga por la culata. . .

El plan del Gobierno encerraría a Julio Cobos en la UCR y complicaría a Carrió. De no enfrentar a Cobos en el seno del Acuerdo Cívico y Social, ella debería postularse con su Coalición Cívica, que no tiene demasiados afiliados y carece de alcance territorial. Los socialistas, en cambio, ya adelantaron su simpatía por esta reforma, inspirada en el régimen que rige en Santa Fe.

El nuevo sistema perjudicaría a líderes con gran popularidad pero escasa estructura (Macri, Carrió, De Narváez): si mostraran poco arrastre en la interna obligatoria, se les volvería más difícil hacer un gran papel después, en los comicios generales.

Aun asi, el proyecto que repasan algunos, tiene otras cuestiones relevantes:

* Permite votar en las elecciones nacionales a los extranjeros con dos años de residencia en el país. Es decir, seduce a muy extensas comunidades de inmigrantes necesitados de asistencia social. Lo cual hace ver que en realidad, se trataria de otra compra de votos. . .

* Una atracción principal de la propuesta es que liberaría a los partidos de los gastos de las campañas televisivas y radiales. El Estado se haría cargo de ellos y repartiría el 50% de la publicidad en cuotas iguales para todos los partidos, y el otro 50% según los votos obtenidos en las últimas elecciones de diputados. ¿Cómo se resolvería este aspecto durante las internas obligatorias? Nadie lo explica todavía. El proyecto, sin embargo, no aumenta demasiado la veda a la propaganda oficial durante el proselitismo. Randazzo dejó trascender que pasaría de 7 a 15 días previos a las elecciones. Esto hace ver que, quienes NO seamos candidatos ni pertenezcamos a ningún partido político, nos veremos obligados a "bancar" (pagar) las campañas de los partidos, sin importar nada. . .

* Otra trampa de la iniciativa es que prevé digitalizar los padrones y dejarlos bajo la administración del Ministerio del Interior. La injerencia del Poder Ejecutivo, en detrimento de la Cámara Nacional Electoral, haría ver que cualquier cosa que suceda, será plausible de dudas. Y grandes dudas, claro. . .

* El escrutinio de la elección bonaerense del 28 de junio todavía no terminó. Pero Kirchner sigue vetando el voto electrónico y rechaza la boleta única, donde figuraría la oferta completa de cada partido en un distrito. En cambio los documentos preliminares de la reforma insinúan que el Ministerio del Interior podría modificar el diseño de las circunscripciones.

La memoria vuela, inevitable, a 1952, cuando Juan Perón hizo un mapa a medida, para ganar donde antes perdía.

Y reitero: en política, señores. . . TODO ES POSIBLE. . .




Fuente: La Bronca

miércoles, 28 de octubre de 2009

Milagro Sala - El negocio del hambre


Nos levantamos un día cualquiera y de golpe nos enteramos de la existencia de Milagro Sala y su privilegio de recaudar 10 millones de pesos por mes.

Alegremente la cuñada de la presidenta, Alicia Kirchner facilita esos dineros para una extraña e ignota distribución de caudales públicos. La “beneficiaria” resulta ser un personaje sin los mejores antecedentes éticos ni judiciales. Háblase de violencias y robos, con retórica de guerrillera amenazante, ideologizada en los extremos y nada dulce en sus expresiones.

El poder de Milagrito Sala asusta más que diez Luis D´Elías juntos. Presuntamente esta “dirigente social” ayuda o beneficia a setenta mil personas pobres aliviándole los pesares de sus carencias. No podemos saber ni en qué forma se efectiviza y transforma esa descomunal suma mensual. Se habla de una corriente cooperativista que generaría construcciones de vivienda o un reparto de comida y bienes de acuerdo a los distintos ensayos ya intensamente anunciados por los Kirchner y fracasados.

Las construcciones de viviendas armadas en forma colectiva siempre han llevado a fiascos defraudatorios o terminado en esqueletos de edificios o casas barriales precozmente ruinosas. Las cooperativas han pasado a la vieja historia de todo lo que se corrompe en su esencia, en el tiempo y otras veces en su propia génesis. Casi todas las cooperativas K terminan en fortunas para los gerentes y promotores e indigencia para los socios.

La señora Milagro Sala, instituida por los Kirchner en la emperadora super-gerente de cooperativas y fundaciones de ayuda social, maneja fondos del Estado con el propósito de generar los más intangibles “certificados de pobreza eterna”. Sus beneficiados cautivos no podrán escapar jamás del cepo de la inopia y sometimiento a que los reduce el sistema.

Vivirán al día mientras se lo permitan los dineros fáciles, el humor y la necesidad de votos de los Kirchner y en tanto resulten útiles a los caprichosos designios de esta astuta pareja de las presidencias alternadas. Mientras tanto los Kirchner los armarán como fuerza de choque y de coacción. Todos los grandes totalitarios de la historia necesitaron milicias personales para ejercer un pretorianismo con mano de obra implacable y barata. Para ello Pol Pot llegó a utilizar niños y adolescentes sin límites de piedad y espeluznante sadismo.

Si bien las huestes enviadas por Milagrito para atacar al presidente de la UCR aplicaron una inusual violencia incluso para nuestras degradadas costumbres, tal vez no signifique eso el peor de los augurios, hay algo más grave e irreversible, los Kirchner están creando monstruos irredimibles a través de la pobreza como causa eficiente de todos los males, es la miseria imparable de setenta mil desgraciados sin esperanzas, bajo la batuta de Milagrito y necesitados día a día de la comida y lo elemental, he aquí la más grande injusticia y el peor de los castigos. El colmo del síndrome de Estocolmo, secuestrados para mantenerlos con la extorsión de calmarles el hambre del día a día y los infelices pobres agacharse sumisos y dar las gracias por eso.

Nuestra vecina Cuba y su realidad del día de hoy necesita importar el 80% de sus alimentos pues el régimen -tras medio siglo de cultura colectivista y subsidiadora- desde aquel tiempo logró sepultar sus estímulos de producción, progreso y desarrollo. Gigantesco ejemplo del destino adonde nos conducen Chávez, Evo Morales y los Kirchner. Los Castro ya ni cuentan, entraron en la agonía.

¿Como justifica Raúl Castro su desesperación ante la durísima realidad del hambre e indigencia de ese pueblo cubano con calidad de vida respetable hace más de medio siglo atrás…?

Más que añorar la época de la Unión Soviética donde su hermano Fidel vivió como un mega proxeneta de ambos pueblos sometidos, ahora a Raúl sólo se le ocurre la kirchnerista actitud de echarle la culpa a otro por la imposibilidad de explotar las feraces tierras de la inmensa isla ¿Y a quien responsabiliza Raúl por la falta de siembras, industrias, trabajo personal y desarrollo elemental….? Pues directamente se queja con amargura contra su propio pueblo paciente, maravilloso alegre y estoico: “no sienten la necesidad de trabajar…” osa decir el cínico burócrata.

Los acusa de poca disposición para el trabajo y el esfuerzo. Y lo peor es que tiene razón Raúl. Mientras sobreviva la vetustez y agonía del régimen y del tirano energúmeno …los castigados cubanos no podrán gozar de la libertad, la riqueza, el capital y la autenticidad de su alegría y su rumba, son los genuinos estímulos que se necesitan para producir y que el mundo capitalista los provee a través de la sana competencia y las diáfanas reglas de la oferta y la demanda.

Entre los Kirchner y las “milagritos evomoralistas”, millones de argentinos profundizaremos la escasez eterna derivada del cepo asfixiante de las dádivas, las regulaciones, las estatizaciones, la corrupción y la violencia si seguimos así.

De la libreta de racionamiento –estirada ya por más de medio siglo- no se han podido escapar los cubanos. Ahora Raúl se encuentra con que no puede satisfacer ni siquiera los mendrugos del racionamiento. Así terminarán los “certificados de pobreza eterna” emitidos por los Kirchner y endosados por Milagro Sala.

Por Ernesto Poblet epoblet@fibertel.com.ar

El autor es periodista e historiador.
Su último libro es DESENCUENTROS EN AMÉRICA. Un paseo con notables figuras de la Historia- OLMO Ediciones. Mayo 2009.


Otras Notas:

Los Kirchner deberían ir a juicio político por incumplimiento en sus deberes como funcionarios


“Los hombres y pueblos en decadencia viven acordándose de dónde vienen; los hombres geniales y pueblos fuertes sólo necesitan saber a dónde van” - José Ingenieros


Una vez más, se confirma que los temas devenidos en noticia están inexorablemente ligados a los imponderables que caracterizan a la política. Esto sucede, en primera instancia, porque vivimos en un país donde la estrategia de largo plazo escasea, el proyecto de país es una utopía, y la improvisación es la herramienta por antonomasia para la supervivencia de la dirigencia.

Los últimos acontecimientos muestran que la constante es la corrupción enquistada en el seno mismo del gobierno. Pese a este dato de la realidad, si hay que sintetizar la causal de los hechos, el término más preciso es otro: IMPUNIDAD.

Sin impunidad ni castigo, la corrupción no sería lo que hoy es: una obviedad.

A esta altura de las circunstancias, hay que admitir que lo corrupto, para la mayoría de la sociedad, se ha transformado a fuerza de reiteraciones sin pausa, en algo inherente al quehacer político, y hasta es considerado con naturalidad como una característica intrínseca del Gobierno Nacional.

Hasta el mismísimo periodismo ha caido en la rutina de la conformidad. No se ha llegado al fondo, ni se ha seguido de cerca temas de una gravedad extrema como lo han sido, sin ir más lejos, el caso Skanska, la bolsa de Felisa Miceli, el atropello de Daniel Varizat, los viajes de Claudio Uberti, los sobreprecios de Julio De Vido, o el incremento del patrimonio de los Kirchner que supera los 40 millones de pesos, por ejemplo.

Lo cierto es que no hay parangón cualitativo ni cuantitativo entre el modo de proceder del oficialismo y otros gobiernos que le precedieron, y aún así hay signos de insólita vitalidad reforzados incluso tras la derrota electoral. ¿Cómo se explica esta situación? Una de las respuestas puede que apunte al hartazgo que ha alcanzado la población, pero sin duda también, hay un acostumbramiento que se ha generado gracias a la implementación de un aparato comunicacional oficial capaz de barrer las noticias adversas con una velocidad extrema.

Ninguno de los escándalos que involucraran al matrimonio presidencial tuvieron un seguimiento consecuente con la gravedad de los mismos. Pareciera que la mafia de los medicamentos sucedió allá lejos y hace tiempo, lo mismo que la publicación de la foto del fiscal -encargado de investigar el patrimonio K-, con el juez de la causa. Todo se esfuma de las portadas, y consecuentemente de la mente del ciudadano común abocado a la supervivencia en un clima de tensión no resuelta.

Asimismo, esto pone de manifiesto hasta qué punto el “darse cuenta” de muchos medios ha sido – voluntaria o involuntariamente –tardío. No en vano ahora, Kirchner va por la televisión, la radio y los diarios. La ley de Medios fue, sin duda, uno de los pilares de su ‘resurrección’.

El oficialismo ha llegado a dónde se le ha dejado que llegue y seguirá avanzando hasta donde se le permita. Si no se acepta esa premisa, no hay forma de entender el por qué, en la historia universal, han caído de forma aparentemente abrupta tantos presidentes.


No se trata de grupos destituyentes ni mucho menos de golpes de Estado. Por el contrario, hay un interés -a veces inexplicable- por ayudar a los Kirchner a cumplir el mandato cuando la Constitución Nacional habla de la posibilidad de elevar a juicio político a un jefe de Estado por incumplimiento en sus deberes como funcionario.

En rigor, se trata de no dejar pasar los hechos que van socavando las bases mismas de la institucionalidad. Si el avión que se dispuso para que los funcionarios viajen a Montevideo, a presenciar la clasificación para el Mundial, se agota en un par de portadas, y en una explicación que no es sino una burla más hacia la sociedad, seguiremos presenciando acontecimientos de la misma naturaleza, y perdiendo sucesivamente la capacidad de asombro hasta convertir lo anormal en normal, y lo no común en parte de la cotidianeidad.

¿Cuánto falta para qué la gente considere natural verse sitiada por fuerzas armadas populares? ¿Cuánto durará el protagonismo que adquirió en estos días Milagro Sala? Las respuestas grafican hasta qué punto la ciudadanía está adormecida. Y es que la indignación es efímera y ello tiene una causal: la concepción de la corrupción como obviedad. Hoy por hoy, se suele escuchar que “los Kirchner van por todo”, o mismo sentenciar que “de esta gente cualquier cosa se puede esperar”. Ambas frases son, sin duda, reales pero también son delatoras del estado en que se halla la sociedad.

Esta especie de predestinación que aceptamos voluntariamente al no demandar investigación y seguimiento de los temas, aún cuando estos derivan en causas judiciales abiertas, es uno de los males que impiden el cambio. Posiblemente, la mayor demanda social debiera pasar más que por la política por la justicia. No es dable admitir que el Ejecutivo haya sojuzgado a los otros dos poderes del Estado para actuar a sus anchas, descontrolado.

En lugar de seguir la trama fellinezca de un Ciro James, que deriva en una interna funcional a la necesidad de tiempo que requiere el muerto para volver a “ser”, debería seguirse atentamente las causas jurídicas y la conducta de los jueces. La remoción de Faggionatto Márquez no es el final de la impunidad si como jueza subrogante asoma, en el escenario, la doctora Arroyo Salgado, brazo indiscutible del poder político oficial.

El cansancio está instalado. La inconformidad con un sistema que deja asomar pus por todos sus flancos pasa de boca en boca, sin necesidad de encausarse por los medios tradicionales. Sin embargo, con eso no basta. Pruebas al cántaro. La valija pasó sin pena ni gloria, la bolsa de la ministra de Economía es parte del anecdotario, Skanska suena más a capital de un país lejano que a causa penal, etc. Lo que queda, en definitiva, es la realidad sin disfraz. Es decir: la impunidad que permite que aquello condenable se torne, incluso, una conducta natural.

Mientras se dirime una interna entre el poder central y el gobierno de la ciudad, mientras se discute si los piqueteros están financiados por el gobierno, cuando desde el vamos se sabe que Néstor Kirchner los avaló en su actuar a punto tal de enviarlos a boicotear bocas de expendio, y les ofreciera despacho oficial, la costumbre a la impunidad y al atropello generalizado avanzan sin cesar. La mayoría de los hechos que hubiesen signado el final de cualquier gestión gubernamental en un país medianamente serio y equilibrado, se borran con inusitada rapidez de nuestro historial.

Es factible esperar que el caos avance conjuntamente con el grado de conflictividad por el vértigo que manipula el gobierno para que una maraña de hechos no admitan principio ni final. “A río revuelto, ganancia de pescadores” dice el refrán. Más revuelo, menos noción de adónde comienzan aquellos. Y allí está Néstor Kirchner con la reforma política y del clientelismo más obsceno esperando volver a agitar el avispero para hartarnos una vez más. La pregunta final no radica quizás en quién le sacará las armas a Milagro Sala sino más bien, en quién se atreverá a desarmar al artífice de toda esta calamidad.

Hasta ahora, el silencio va ganando y corroborando el verdadero nudo de la problemática nacional: la impunidad.


Fuente: Política y Desarrollo

martes, 20 de octubre de 2009

Diego y su fálica metáfora


Será imborrable para mi aquellas vivencias del estadio Centenario de Uruguay, el gesto de euforia saludable del auténtico Diego Maradona buscando el abrazo con los hinchas que deliraban en la tribuna después que la Argentina pasara a ganar un partido tenso desde lo emocional como pobre en los aspectos estéticos, asegurando su presencia en la próxima Copa del Mundo.

Esa empatía es la que prefiero subrayar que al menos por un instante, parece no haber expirado y deja abierta una ventana al futuro.Todo lo demás que se vincula a lo estrictamente deportivo dentro y fuera de un campo de juego, me ha provocado a lo largo de toda esta etapa (por no mencionar la palabra proceso con la cuál Diego arrancó esa exposición de groserías y resentimiento de la ya memorable conferencia de prensa) una sensación de desasosiego.

No ha sido fácil vivir desde Diego estos años frenéticos con una exposición mediática que se realimenta de todas partes; esa cornisa en la que definitivamente prefirió vivir lo público y lo privado, lo expone habitualmente a ese abismo al que evidentemente, no le teme.

En tiempos de sus hazañas futboleras esa enorme presión, la combatía con la pelota que en algún punto, también fue su espada en tanto provocador/provocado y aquellos resultados, se correspondieron con su talento infalible.

Hoy desde afuera y con menor influencia en el destino de cada partido pero con las mismas obligaciones frente a la opinión pública, no encuentra elementos que lo templen ni entorno que lo contenga adecuadamente.

Diego escoge vivir así o no sabe hacerlo de otra manera y al igual que sus dichos luego del encuentro ante Uruguay, “no hay vuelta atrás”.

A pesar de todos estos dislates, Argentina jugará en Sudáfrica evitando el tan temido repechaje o la oprobiosa eliminación, impresiones que no provenían de visiones apocalípticas sino de un pronóstico, que a poco del final del juego en el parque Batle, todavía se sostenía como una espada de Damocles.

Sobran interrogantes para el nuevo tiempo si obstinadamente, se insiste con éste método anacrónico del caudillismo, la carencia de una imprescindible revisión y de un estado permanente de confrontación y desborde.

Armar un plantel y potenciar a sus futbolistas será el desafío de Diego y de todo un equipo de trabajo al que también hay que reconstruir.

Por el momento un poco de moderación no vendría mal y aunque, nadie se haya ruborizado por aquella fálica metáfora y que sean otras agresiones más penosas en nuestro país las que debieran ser mucho más descalificadas, consentirlo a Diego en este incidente, es una manera de profundizar nuestra decadencia.