jueves, 8 de abril de 2010

La escasa recaudación del impuesto inmobiliario en todas las provincias


Por Marcelo Zlotogwiazda

El catastro de Santiago del Estero tiene registradas 130.841 parcelas urbanas. Supongamos que de ese total, los 10.000 inmuebles más caros tienen un valor de mercado promedio de 300.000 pesos, o sea un valor conjunto de 3.000 millones de pesos. Sólo con que esas propiedades paguen de impuesto inmobiliario el 1 por ciento anual, la provincia recaudaría 30 millones. A lo que habría que agregar la recaudación correspondiente al 92 por ciento restante de las parcelas urbanas.

Además, el catastro de Santiago del Estero tiene registradas 56.829 parcelas rurales, donde, entre otras actividades, se cultiva soja en cerca de 1 millón de hectáreas. De acuerdo con las cotizaciones de la Compañía Argentina de Tierras S.A., el valor de la hectárea en grandes zonas de la provincia varía entre 1.000 y 5.000 dólares. Tomando el precio más bajo, toda la tierra santiagueña cultivada con soja valdría 1.000 millones de dólares. Si se tributara de impuesto inmobiliario rural el 1 por ciento anual, la provincia recaudaría casi 40 millones de pesos.

En suma, bajo esos supuestos muy conservadores la recaudación de ese impuesto no debería bajar de los 80 millones de pesos. Es el cuádruple de lo que efectivamente recauda.

El caso de Santiago del Estero no es el más grosero. Formosa recauda por Inmobiliario 2 millones anuales, La Rioja 4, y Catamarca 11. Esta última recauda más por Patente Automotor que por Inmobiliario, lo que es disparatado si se considera que hay mucho más patrimonio inmueble que rodante.

Estos datos sobre el Inmobiliario ilustran un aspecto de un fenómeno más general, que es la escasa recaudación provincial de impuestos, y por ende la altísima dependencia de los fondos procedentes de la Nación, ya sea a través de mecanismos automáticos como la coparticipación, o por otras transferencias que el poder central decide discrecionalmente.

El conjunto de las 24 provincias autogenera una tercera parte del total de recursos disponibles para gastar. Pero ese promedio esconde realidades muy distintas. Por encima del 33 por ciento de autofinanciamiento sólo se encuentran la ciudad de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires, con 83 y 49 por ciento, respectivamente. Todo el resto está por debajo del promedio, y en la mayoría de los casos muy por debajo.

Algunos ejemplos.

El Presupuesto del Chaco para este año prevé que la provincia contará con 4.600 millones de pesos de ingresos tributarios, de los cuales 4.000 millones surgirán de la coparticipación de impuestos que cobra la Nación, y sólo 600 millones de impuestos provinciales. Es decir que la recaudación propia representa nada más que 13 por ciento del total de ingresos tributarios.

Las proporciones son aún más desbalanceadas en Jujuy y en Catamarca. En la primera, según el Presupuesto 2010 apenas 11,5 de cada 100 pesos de ingresos corrientes se originarán en el cobro de impuestos provinciales. En Catamarca la cifra no llega al 8 por ciento. Y los números son incluso más bajos en La Rioja y Formosa.

El bajísimo nivel de autofinanciamiento que tiene la inmensa mayoría de las provincias es un tema que, una vez más, está quedando fuera de foco en medio de la intensa discusión que se está dando entre la Nación y las provincias por el reparto de los recursos fiscales.

La pulseada está ahora centrada en la manera en que se distribuye la recaudación del impuesto al cheque, y tiene como trasfondo la disputa por un nuevo diseño del régimen general de coparticipación, que es un cambio que está contemplado en el artículo 75 de la Constitución sancionada en 1994.

Las provincias se quejan de que de la torta de impuestos reciben menos que hace quince años y pretenden recuperar su porción. La Nación responde que si en el paquete se incluyen los planes de asistencia financiera y además se considera el aumento del gasto federal en las provincias, el resultado es bien distinto.

Pero ni la Nación ni las provincias hablan sobre lo poco que recaudan estas.

La baja recaudación provincial es en alguna medida consecuencia de un histórico comportamiento de sus gobernantes, que relajan el cobro de impuestos locales y negocian y mendigan asistencia con el poder central. Cabe señalar que esa política clientelar es claramente inequitativa, ya que los principales beneficiarios de la baja presión tributaria provincial son sus minorías de mayor patrimonio (son precisamente los dos impuestos patrimoniales –inmuebles y autos– los que más descuidados están).

Si bien Capital Federal y Buenos Aires son los distritos con mayor autonomía, sus estructuras tributarias también registran enormes debilidades, particularmente con el Inmobiliario. Por ejemplo, por ese concepto los bonaerenses pagaron el año pasado 1.400 millones de pesos, que representa aproximadamente el 0,2 por ciento de la valuación inmobiliaria total, cuando lo razonable, según los expertos, sería que esa proporción fuera el quíntuple. Se da el absurdo de que la provincia recauda lo mismo de Patentes que de Inmobiliario.

Y si se toman las cuatro de mayor capacidad económica (junto con Santa Fe y Córdoba) se verifica que desde el año 2003 hasta ahora su presión tributaria aumentó menos que el promedio del conjunto de las provincias.

Pese al mandato establecido en la Constitución, es poco probable que la Nación y las provincias se pongan de acuerdo rápidamente en un nuevo régimen de Coparticipación Federal. Al tratarse de una ley convenio, requiere de la aprobación de cada una de las legislaturas provinciales, lo cual anula la posibilidad de modificar el reparto entre las provincias ya que en ese juego de suma cero inevitablemente habría perjudicados. Y por ahora cuesta imaginar al gobierno nacional cediendo una parte para que distribuyan las provincias.

Mientras tanto la discusión continúa. Si bien hay consenso acerca de que el sistema de coparticipación debe tener como criterio rector la morigeración de las desigualdades entre provincias, las diferencias aparecen cuando se entra en detalle.

Pero cualquiera sea el nuevo esquema de reparto, el acuerdo sería más eficaz si incorporara pautas de mejoras en la recaudación de las provincias como condición, incentivo y premio para recibir una mejor tajada.

martes, 6 de abril de 2010

Estamos encerrados en la Oligarquía de los Privilegios


Por Alberto Medina Méndez

Una extraña casta se ha instalado para siempre entre nosotros. Es que los favorecidos conviven con los ciudadanos de a pie, con los contribuyentes, con los vecinos, con los votantes. Se trata de una nueva “clase social”, esa que incluye a todos aquellos que detentan los privilegios que derrama a su paso el poder de turno.

En esa peculiar oligarquía se enrolan muchos de los representantes del pueblo, que suponen, vaya a saber porque extraño mecanismo, que esa elección popular que los ungió con un deber ciudadano, también los dotó, casi con una varita mágica, de prerrogativas que les dan acceso a una extensa nómina de privilegios a disfrutar.

En realidad, debieran ser merecedores de una significativa carga de esfuerzos por las responsabilidades para las que se postularon de modo voluntario. Sin embargo, esos compromisos y la tarea, pueden esperar, frente al inmediato disfrute pleno de las “ventajas” que le otorga el poder mismo, desde el momento de su asunción en el puesto.

Engrosan esa lista, funcionarios del montón, politiqueros, técnicos devenidos en especialistas, también esos otros que sin siquiera ser electos por la sociedad, ocupan algún puesto de cierta relevancia en el escalafón estatal. Podrán ser secretarios de Estado, o simple funcionarios, o hasta secretarios de algún encumbrado personaje.

Uno y cada uno de ellos, también harán uso de ese obsceno despliegue de favores que parece venir adherido a la posición que suponen merecer. No faltará aquel, que además de usufructuar de las concesiones de la flamante situación, se ocupará de pavonearse para que no pase desapercibido el derecho especial que lo asiste.

El ejercicio de un cargo público, de una responsabilidad al frente de una oficina estatal, supone el necesario decoro de quien entiende calificar para dicha labor. Toda la actividad pública debiera estar embebida de una obsesiva austeridad, una sobriedad digna de ser imitada, que sea capaz de generar respeto por parte de la sociedad toda.

Es que el gasto público, ese del que disfruta el funcionario, no solo para el cumplimiento de su deber, sino incluso para caer en los excesos del mismo, se financia con dinero de los individuos. Los impuestos que paga el contribuyente, la emisión monetaria que terminan sufriendo los más débiles con inflación, el endeudamiento que permite cerrar las cuentas públicas comprometiendo el futuro de varias generaciones, son los medios centrales que alimentan el ineficiente aparato estatal.

Habrá que asumir con claridad, que todas las opciones son pésimas cuando de sostener económicamente al Estado se trata. Pero en la convicción de que estamos, entonces frente a lo que puede considerarse “el mal menor”, mas vale que, al menos, quienes usan esos recursos tengan el recato de ser mas que prudentes en su utilización.

Es que para financiar lo importante y también lo superfluo, primero tuvieron que ser esquilmados los esfuerzos de miles de trabajadores que dejaron de consumir, o de ahorrar, para respaldar los necesarios gastos del elefante estatal, pero también para solventar esas otras erogaciones que conforman el despilfarro obsceno de esta casta.

Con el paso de los años, los privilegios, no solo no declinaron, sino que se incrementaron significativamente, tornándose generosos y creativos. Autos oficiales, hasta con chofer a discreción, estacionamientos reservados, pases libres, vales de combustibles, viáticos desproporcionados, líneas de celulares con consumos ilimitados, tecnología de ultima generación disponible, gastos especiales autorizados, viajes nacionales e internacionales a eventos y una comitiva de colaboradores para todo servicio.

Más tiempo pasa, más se perfecciona la nómina y más clientelista se vuelve el formato del privilegio. Es que el funcionario ya no solo tiene prerrogativas para si, sino también para su entorno cercano, asistentes y hasta a veces familiares.

¿Es esperable que quienes gozan plenamente del disfrute de los privilegios, se ocupen de terminar con ellos, siquiera de minimizarlos?. Nada hace pensar que un ser humano, que lleva adelante su actividad política, sobrepasando en forma permanente distintos umbrales de dudosa moralidad en su cotidiana tarea, se tome la valiente atribución de dar un golpe letal a los privilegios que gozan él y su casta.

Resulta difícil imaginar a funcionarios que sean capaces de exterminar privilegios, erradicar supuestos derechos adquiridos, y mucho menos aún atentar contra los territorios ganados por sus pares, sean del mismo sector político o del otro. Después de todo, aunque fueran adversarios políticos, esa es una mera cuestión circunstancial.

En esto de los privilegios, son todos, de algún modo, engranajes de la misma oligarquía, y eliminar esas prebendas sería poco conveniente. No sea cosa que, alternancia mediante, volviera a tocarle en suerte ser parte del poder.

Estamos encerrados. Los privilegios están presentes. Algunos lo asumen incluso como un dato de la realidad, y por lo tanto, incuestionable. Otros, mas audaces por cierto, hasta lo justifican intentando comparar la actividad privada con la estatal. Y es que el problema es quien financia los privilegios.

Cuando en la actividad productiva, algún ejecutivo disfruta de esos beneficios, es parte de un acuerdo voluntario de partes, a veces incluso, forman parte de la oferta laboral del puesto y en todo caso, aún equivocados en la visión, se trata de una concesión que hace alguien que decide financiar con su propio dinero, ese gasto, independientemente de su sensatez.

Cuando esa misma situación se lleva al terreno estatal, no hay que olvidar que el que financia “la fiesta” es un contribuyente, alguien que entrega su esfuerzo en dinero, para que otros se apropien del mismo, y las más de las veces, serán los empobrecidos ciudadanos, quienes terminen solventando los “excesos” de la casta.

Es probable que haga falta, algún pionero que se anime a saltar el cerco, a patear el tablero. Tal vez, eso no suceda jamás, porque la casta tiene sus reglas tácitas. Pero es posible también que en la medida que los ciudadanos “naturalicemos”, aceptando con tanta displicencia, los desmanes del poder, incluso rindiéndole pleitesía, poco pueda cambiar esta actitud enquistada en una clase dirigencial, que se siente adictivamente estimulada por ser parte de la oligarquía de los privilegios.

domingo, 4 de abril de 2010

La política está perdiendo el tiempo imaginando cosas que nunca sucederán


Por Joaquín Morales Solá


La política está perdiendo el tiempo imaginando cosas que nunca sucederán. Carlos Reutemann no será candidato presidencial; Francisco de Narváez, tampoco. Néstor Kirchner no cederá a ningún vicario su candidatura en 2011. El Acuerdo Cívico y Social se dividirá en dos o más partes. Y las elecciones no se adelantarán mientras Cristina Kirchner y Julio Cobos sean la presidenta y el vicepresidente de la Nación.

Saber lo que no sucederá abrevia, por lo menos, la natural incertidumbre sobre lo que finalmente sucederá.

Reutemann es el peronista histórico mejor posicionado en las mediciones de opinión pública y el que más consenso convoca dentro de su propio partido. Sin embargo, el senador ya adelantó personalmente su decisión de apartarse de la campaña a Francisco de Narváez y a Felipe Solá. A Eduardo Duhalde se lo mandó a decir con la esposa de éste, la senadora Hilda de Duhalde, colega de Reutemann en el Senado. Trabajen tranquilos en sus proyectos presidenciales. Yo no seré candidato , les repitió a cada uno de ellos.

¿Qué lo llevó a Reutemann a hacer esas confesiones? En primer lugar escuchó a uno de ellos decir públicamente que él era un "tapón" para la carrera de los otros. Nadie puede ser candidato en serio mientras Reutemann esté indefinido , argumentó el otro peronista. No soy tapón, porque no soy candidato , les aclaró Reutemann.

¿Teme Reutemann una campaña sucia y larga? No me gustan esas campañas, pero sé que forman parte de las reglas del juego , responde. ¿Lo inquieta el país imprevisible que podría heredar el próximo presidente? La Argentina tiene una capacidad increíble para levantarse de sus caídas. Será un país difícil después de los Kirchner, pero tendrá solución , dice. Lo único que Reutemann detesta es el consejo que suelen darle algunos de sus amigos en el peronismo: Agarrá y después vemos , le sugieren. No, así no , replica en el acto.

Reutemann parece hecho de otra madera. Algunos dicen que yo sólo podría ser presidente de Suiza. No lo sé, pero lo cierto es que estamos en la Argentina , subraya. Todos esos elementos pudieron influir en su decisión, pero hay una cuestión de fondo más importante que ninguna otra: no siente la inspiración de la candidatura. Lo explica así: No me engancho con la candidatura. No la siento. Esa es la verdad. Y yo siempre me dejo llevar por mi intuición. Nunca voy contra ella . Las versiones sobre la candidatura de Reutemann han ido y han venido. Es hora ya de dejar de hablar de ella.

Otra cosa que no sucederá es la candidatura presidencial de De Narváez. No hay ningún juez en la Corte Suprema de Justicia que vea con simpatía la candidatura presidencial de un ciudadano nacido en el extranjero e hijo de extranjeros. La Constitución le exige al presidente el requisito de ser argentino nativo o hijo de argentinos nativos. Cada país elabora en su Constitución el contrato con las condiciones que debe tener su presidente. Ese es un acuerdo explícito que no se discute en ningún lugar del mundo.

Uno de los argumentos de De Narváez es que ese requisito pertenece a la Constitución de 1853, a la que, en la reforma de 1994, se le agregaron tratados de derechos humanos que lo beneficiarían a él. Sin embargo, el viejo artículo con las condiciones presidenciales no pasó inadvertido para la Asamblea Constituyente del 94. Se le extrajo, por ejemplo, el requisito de que el presidente argentino debía practicar la religión católica, apostólica, romana. Ese artículo fue reescrito durante la reforma.

De Narváez se vio con un solo miembro de la Corte Suprema para explicarle su caso. El juez le deslizó su escepticismo: Nosotros estamos para velar por la correcta aplicación de la letra y el espíritu de la Constitución , respondió el magistrado. No le dijo nada más. Pero otros miembros del máximo tribunal lo interpretaron de esta manera: Le aclaró que la Corte jamás le hará decir a la Constitución lo que la Constitución no dice .

De Narváez podría alargar su pleito si decidiera recurrir primero a un juez electoral, cuya decisión será, en cualquier caso, apelada. En algún momento, el diputado peronista que derrotó a Néstor Kirchner deberá vérselas con la Corte Suprema.

Duhalde, Solá y Kirchner son los candidatos que quedan en el peronismo. Solá adelantó que está dispuesto a negociar su posición en una mesa de peronistas; el gobernador de Chubut, Mario Das Neves, dice lo mismo sobre su candidatura.

Kirchner, en cambio, no delegará nada. Ultimamente se mencionó mucho la posibilidad de que la futura candidatura kirchnerista termine cayendo en manos de Daniel Scioli. Hasta se habló de una fórmula entre Scioli y el gobernador de San Juan, José Luis Gioja, bendecida por Kirchner como su sucesión consentida. Puras maniobras de Kirchner para mantener a esos gobernadores en el cada vez más desolado redil kirchnerista.

Un kirchnerista de pura raza responde con una pregunta socarrona cuando se le pregunta sobre esa posibilidad: ¿Alguien vio a Kirchner, alguna vez, delegar poder voluntariamente? , dice, y se responde: Jamás . Es cierto; ni siquiera le delegó el poder a su esposa cuando le transfirió el gobierno. La forma de ser se une con la necesidad política. Kirchner precisa de su candidatura para abroquelar al núcleo social de entre un 20 y un 25 por ciento del electorado (que va del progresismo suave a la izquierda dura) que no tendrá representación en ninguno de los otros candidatos.

Kirchner hasta podría entrar en la segunda vuelta electoral, aunque todos los analistas de opinión pública aseguran que terminará como Carlos Menem en 2003. Una aplastante mayoría rechazaría su regreso a la presidencia en un probable ballottage. Pruebas: en Mendoza, el oficialismo acaba de salir cuarto en las elecciones de la capital. El kirchnerismo no jugaba en desventaja en Mendoza; el gobernador de la provincia, Celso Jaque, es un kirchnerista fiel.

Duhalde mira ese horizonte y ratifica que no se bajará de la candidatura. Cree en el acuerdo que escribió con Rodolfo Terragno para instaurar un modelo de país homologable y permanente, al estilo de Brasil, Chile y Uruguay. Ya lo suscribieron todos los líderes radicales, muchos jefes peronistas y Mauricio Macri; también lo firmaría la Coalición Cívica como partido.

Pero la oferta de Duhalde es más amplia: se muestra como un político de hombros anchos para enfrentar la herencia de Kirchner, que incluirá la desmesurada influencia de dirigentes como Hugo Moyano y Luis D´Elía. En la otra orilla, Kirchner sobrevalora a esos caciques sociales en detrimento de los partidos políticos.

El acuerdo de los partidos no será suave , asegura Duhalde. ¿Qué significa no ser suave? Significa que debe comprender a los empresarios, pero no a los empresarios que se hicieron ricos con el kirchnerismo. Estos deberán ir presos. Y significa que los dirigentes gremiales no podrán tener más poder que la política , responde Duhalde. Los desbordes políticos del sindicalismo lo preocupan en los últimos tiempos.

Macri cree que, a pesar de todo, Duhalde podría cederle a él su candidatura. Macri, Duhalde y Elisa Carrió son los únicos, en rigor, que no temen decir cosas absolutamente opuestas a las verdades kirchneristas y al discurso único. La candidatura de Macri descansa sobre el proyecto de que contará con aliados peronistas. El jefe del gobierno porteño no tiene muchas salidas: comprobó que la gestión capitalina es imposible con un gobierno central en contra. ¿Para qué le serviría una reelección en el lugar donde está?

Otra cosa que no sucederá será la recreación del Acuerdo Cívico y Social tal como se lo conoció. Carrió no será candidata de ese espacio si debiera competir con Cobos en una interna del acuerdo. No está dispuesta a aceptar reglas del juego que sabe que luego no cumplirá ( por razones éticas , aclara). Esto es: Carrió nunca entrará a un cuarto oscuro a votar por Cobos como presidente de la Nación.

Cobos no es lo que era en las encuestas, pero todavía sigue siendo inevitable para el radicalismo. Ricardo Alfonsín le muerde los talones en esas mediciones, aunque el dirigente con mayor prestigio entre políticos y empresarios es el presidente del radicalismo, Ernesto Sanz; la carencia de éste es que la mayoría de los argentinos no lo conoce todavía. Carrió aspira, al revés de los radicales, a liderar una propuesta con peronistas incluidos.

Tampoco sucederá, por último, un adelantamiento de elecciones. No puede suceder. La Constitución estipula claramente (artículo 95) que las elecciones se efectuarán "dentro de los dos meses anteriores a la conclusión del mandato del presidente en ejercicio". Las próximas elecciones presidenciales no podrían ser nunca, por lo tanto, anteriores al 10 de octubre de 2011. Sólo si ocurrieran previamente las renuncias de Cristina Kirchner y de Cobos podrían adelantarse las elecciones.

Aun cuando electoralmente le conviniera, ¿la Presidenta aceptaría de hecho que no pudo concluir su mandato si renunciara sólo para adelantar las elecciones? Imposible, hasta donde llega la mirada. Sin embargo, a la política y a los políticos les gusta dar vueltas sobre lo que nunca sucederá.

sábado, 3 de abril de 2010

Barone y 678 se dedicaron a Clarín durante la dictadura, lo que no aclaró es que él trabajaba allí en ese momento


Por Darío Gallo

Soy un ferviente seguidor del programa 678, creado para ensuciar al periodismo argentino y a cualquiera que se digne a criticar al gobierno de los Kirchner.

Es indignante y a la vez divertido, ver como varias personas que alguna vez fueron periodistas atacar con saña y alevosía a la "corpo mediática".

Entre ellos, sobresale Orlando Barone, un escritor y periodista al que todos respetábamos, porque combinaba ironía, humor y crítica. Hasta que llegó a 678 y se convirtió en el emblema de un programa de tv que funciona con la técnica fascista del escrache hacia los críticos, sólo a veces disimulada por los bloques de alabanza sin pliegues al oficialismo..


En las últimas semanas, 678 y Barone se dedicaron a Clarín y a su papel durante la dictadura, para lo cual ponían una y otra vez en pantalla la tapa del día después del golpe del 24 de marzo de 1976.

Con razón, Barone y sus compinches, se reían del "Total normalidad" que precedía al título principal. Y de allí, pasaban a las "conexiones golpistas" de Clarín y los jueces que ahora conceden amparos que demoran la aplicación de la Ley de Medios, sancionada a instancias de los Kirchner, alejados ya del matutino luego de ser socios estratégicos durante el mandato de Néstor Kirchner.

Me llamaba la atención cierto mea culpa de Barone, tirado con disimulo entre garrotazo y garrotazo. Tal vez fue imperceptible, pero noté con claridad que el maduro periodista tenía algo clavado en la conciencia. "Uno tal vez no ha hecho todo lo que debía en esa época", decía como al pasar Barone, y luego seguían embistiendo contra Clarín, su directora, sus hijos "apropiados", sus periodistas -que viven callados por temor, etc.-

Pero no sólo a mí me producía inquietud este presente de Barone (y su pasado), también al periodista cordobés Sergio Carreras, de mi misma generación, quien escribió en su blog un post llamado "Mis amigos K":

"Qué capo ese Orlando Barone, me comentan y yo, que recorté y leí durante años las columnas de Puerto Libre que Barone publicaba en La Nación, me pregunto qué clase de lobotomía le tiene reservado el destino a los periodistas lúcidos cuando llegan a viejos, porque nunca se puede haber sido simulador tiempo completo."

Más allá de las suposiciones sobre qué le puede haber pasado a Barone, decidí rastrear un poco la historia de Orlando para saber por qué de a ratos dejaba advertir que ni él estaba conforme con su presente... o con su pasado. Fui a su página web a ver si había pistas de esa historia que parecía gotear entre escrache y escrache a medios, periodistas, la viuda de Noble o Clarín. Pero en su página no hay pasado, o sí. Pero no hay pasado periodístico, salvo un detalle desordenado de su estadía por algunas publicaciones:

"Director del diario El Cronista, y del diario Extra (1990/91)· Secretario de Redacción de la Director del diario El Cronista, y del diario Extra (1990/91)· Secretario de Redacción de larevista Expreso (1987), · Periodista y corresponsal del diario Ambito Financiero (1993/94) · Periodista y columnista del diario La Razón matutina dirigido por Jacobo Timerman ( 1984) · Director de la revista de Ciencia y Técnica de la Universidad de Buenos Aires ( 1992/93) · Fue redactor de Siete Días (1982/ 84), Crisis ( 1973), Mercado (1969/72), agencia DYN (1982/86), Agencia de Noticias TELAM (1994/96), revista 3 Puntos ( 2000/2003) y revista Noticias (1996/99)"

Si leen con detenimiento, en este currículum de su página, no figuran los años negros de la dictadura. ¿Qué pasó con Orlando esos años? ¿Se exilió? ¿Puso una pollería? Fíjense que los datos están tirados sin orden cronológico, pero si uno los ordena su último trabajo pregolpe fue en la revista crisis (1973) y luego reaparece en 1982 en la revista Siete días. ¿Y en el medio? ¿Qué hizo Barone durante 1976 y 1982?

La única solución al enigma era ir a la historia laboral de Barone asentada en el Anses, un organismo estatal que no puede merecer refutación de 678. Allí, en la ficha de José Orlando Barone, nacido el 5 de octubre de 1937, hay una parte de la respuesta que andábamos buscando. ¿Saben dónde trabajaba Barone cuando se publicó la tapa de Clarín que preside este post? Sí, en Clarín. Y no era un niño. En marzo de 1976, Orlando Barone tenía casi 39 años.

Según el cronograma de aportes jubilatorios del Anses, Barone ingresó en febrero de 1976, un mes antesl del golpe militar, en la sociedad dueña de Clarín llamada "Arte Gráfico Editorial Argentino (AGEA S.A.)", que en 1999 pasó a ser Grupo Clarín S.A.

¿Por qué ese dato no figura en su curriculum vitae? Tal vez porque trabajó hasta diciembre de ese año, cuando se fue para la revista Salimos, una publicación de ocio y tiempo libre.

Quizás alguno pueda pensar que si bien fue en el momento clave (febrero-diciembre de 1976), diez meses no justifican "ensuciar" una hoja de vida de una persona de 72 años. ¿Qué son 10 meses en alguien que ha vivido 850? Sin embargo, según el mismo informe del Anses, Barone volvió a Clarín en enero de 1978 y se quedó hasta diciembre de 1981.

¿Qué no estuvo todo el Proceso, sino que pudo salir del grupo en 1981? Bueno, podría ser un mérito. Pero desde el 83 al 85, ya con la democracia recuperada, Barone pasó a Diarios y Noticias, la agencia que también dominaba Clarín.

La negación de Orlando sobre su pasado en el Grupo Clarín, cuando ya era un hombre hecho y derecho, abre otros interrogantes. ¿Qué dirá de los Kirchner y de 678 en unos años? Supongamos en ocho, cuando él cumpla los 80.

Tal vez diga que el matrimonio que reinaba en el país se enriqueció en el poder y que había una manga de periodistas chupamedias que tapaban sus flaquezas con la sobreactuación y apropiación de la bandera de los derechos humanos. O que Gvirtz era un perverso ejecutor de las operaciones que ideaba en Olivos el dueño de todo. Podría ser. Como diría Orlando, luego de ver esos pomposos informes sobre el golpe del 24 de marzo, nada puede construirse si no respetamos la memoria.

Yo no juzgaría a Barone por lo que hizo o no hizo en el '76. Sólo me llama la atención su presente y me inquieta su futuro. Y creo suponer por qué borró de su pasado sus años en Clarín, y por qué su vida laboral "desapareció" durante el Proceso. No tengo dudas de que lo hizo para estar libre de culpas, y así poder arrojar la primera mierda.

viernes, 2 de abril de 2010

Plan Nacional de Inversiones Ferroviarias


Por Marcelo Zlotogwiazda

Lo había prometido en campaña y lo ratificó al año siguiente de asumir, cuando en febrero de 2004 presentó el Plan Nacional de Inversiones Ferroviarias. “Es una decisión irrevocable que la Argentina vuelva a tener un sistema de ferrocarriles al servicio de todos los argentinos (...) El tema de los ferrocarriles es central. Cualquier país del mundo que se quiera constituir como nación necesita un sistema de ferrocarriles que funcione, lo más moderno posible”, dijo Néstor Kirchner.

Agregó: “El Estado nacional está entrando a hacer lo que tiene que hacer; las empresas lo van a hacer cada día mejor para que el servicio sea el correspondiente. Seguramente va a tener el acompañamiento de los usuarios que tienen vocación de usar este servicio”.

La respuesta de los usuarios a la que aludió el ex presidente es un buen parámetro para evaluar el resultado de la política ferroviaria. Los números decepcionan bastante:

- El año pasado los trenes urbanos transportaron 439 millones de pasajeros, que si bien representa un alza del 17 por ciento respecto de 2003, el porcentaje es un tercio del crecimiento que registró la economía en el sexenio 2004-2009. La cantidad de usuarios actual está lejos del pico de 479 millones del año 1999.

- Los datos del servicio interurbano muestran un constante deterioro. En 2008 viajaron apenas 2,2 millones de personas, una cifra inferior a la de 2003 y más lejana aún de la de 1999.

- En el rubro cargas, mientras que la economía registraba su récord de crecimiento histórico, las toneladas por ferrocarril aumentaron nada más que un 10 por ciento.

El secretario de Transporte Juan Pablo Schiavi reconoce que esos pobres resultados son consecuencia de que “la oferta ferroviaria no es buena”, y enseguida enumera una serie de inversiones en ejecución o en estudio para mejorar el servicio: la electrificación del Roca, el soterramiento del Sarmiento, centenares de millones de dólares para el Belgrano Cargas, la circunvalación de Rosario, decenas de millones para construir pasos bajo nivel, etc., etc.

Para fundamentar la relación entre nivel de uso y calidad de servicio, ejemplifica con el Roca, donde efectivamente hubo más inversiones que en los restantes ramales y eso se tradujo en un aumento del 30 por ciento en la cantidad de pasajeros en relación a dos años atrás, a contramano del estancamiento o retroceso de las otras líneas.

El grueso de la mayor demanda de transporte urbano que se deriva de años de fuerte crecimiento fue absorbido en parte por el servicio de transporte automotor, y en gran medida por el mayor uso del auto particular, del taxi y del remise. Alberto Müller, docente e investigador de la UBA y uno de los pocos economistas especializados en estos temas, recuerda que mientras en 1970 menos de uno de cada cuatro viajes urbanos se realizaba en auto, actualmente es uno de cada dos.

Además de que la escasa inversión baja la calidad del servicio y espanta al usuario, Müller atribuye el bajísimo crecimiento de los trenes metropolitanos a la falta de planeamiento urbano en general y de política de transporte en particular. Señala como simple ejemplo que el enorme desarrollo de Nordelta en el Tigre no haya sido acompañado por una mejora en el Mitre que atrajera a sus habitantes a trasladarse a Capital Federal en tren en lugar de auto.

A principios de este año el famoso historiador Paul Kennedy sostuvo que “los servicios de trenes eficientes son una medida sutil pero contundente del nivel de civilización de un país”. Había quedado impactado por el extraordinario desarrollo de los trenes de alta velocidad en China, que él contrastaba con el atraso relativo que veía en Estados Unidos en relación con China pero también con Japón y Europa. Müller aclara que si bien es cierto que Estados Unidos no integra el pelotón de punta en transporte ferrocarril interurbano, su sistema de trenes de carga es importantísimo y está en la vanguardia mundial.

La Argentina está mal en cargas y pésimo en servicio interurbano de pasajeros. Para tener idea de lo primero, sólo el 4 por ciento de las toneladas/kilómetro transportadas el año pasado fueron por ferrocarril, mientras que casi el 95 por ciento fue por carretera.

Al respecto Müller acota que ya sea por distancia (corta) o por tipo de producto (combustible, por ej.) la mitad de la carga no es derivable al ferrocarril. A lo que agrega que “no está tan claro que el tren tenga ventaja tarifaria respecto del camión”.

Las dudas se despejan a favor del tren si se toma en cuenta su mayor eficiencia energética y si se le da crédito al argumento de los ferroviarios acerca de que el camión no paga adecuadamente el costo de la infraestructura que utiliza.

En interurbano de pasajeros la marcha es para atrás. El tren se usa cada vez menos porque hay muy pocos trayectos cubiertos, con frecuencias muy aisladas e irregulares, y a velocidades de tortuga. El “Gran Capitán” llega a Posadas en alrededor de 20 horas siempre y cuando no haya retraso en la partida ni se manque en el trayecto; el tren “experimental” a Mendoza tarda 24 horas; y el que une Buenos Aires con Tucumán suele demorar más de un día.

En este contexto, el proyecto (por ahora paralizado) de unir con un tren de alta velocidad Buenos Aires con Rosario primero, y luego con Córdoba, fue tomado por la mayoría de los expertos (Müller entre ellos) como una desmesura frente a la alternativa de apuntar a trenes de alta prestación que en lugar de circular a más de 200 kilómetros por hora circulen a más de 100.

Es obvio que la situación sería diferente si el tren de larga distancia no se hubiera visto desguazado por la política del menemismo que redujo los kilómetros de vías a la mitad. El kirchnerismo llegó con un discurso totalmente opuesto, pero transcurridos ya siete años los resultados están lejísimo de las palabras.

El que habla, es traidor


Por Ernesto Tenembaum

Imagino yo –es un imaginar, nomás– que el lector medio de esta revista (Veintitrés) es, o se considera, progre. Tiene una buena imagen de sí mismo. Se cree coherente. Seguramente no milita en nada, pero alguna vez lo habrá hecho y quizá sienta estos tiempos tan complejos como una especie de volver a vivir, una reivindicación módica de aquello que no fue.

Imagino –es un imaginar nomás– que se siente un poco kirchnerista pero que jamás lo reconocería en una discusión. Mirá que yo no soy K, eh..., pero sus enemigos me acercan, y la campaña que le están haciendo en contra, y el agropower, y los gorilas, y los periodistas seudoprogres que se vendieron, blablabla: total que –por contraste– termina cerca del Gobierno, pero le sirve decir no soy K para no explicar tantas cosas, tantísimas compañías, tanto dinero mal habido, tanto doble discurso.

Pues bien, si usted no es de esos, esta nota no le dará nada. Pero si lo es –e imagino, es un imaginar nomás, que sí lo es– le pido que haga un simple y didáctico ejercicio.

Imagínese que quien nos gobierna es Carlos Menem y estamos en la década del noventa. Que Menem odia a los periodistas, y a las empresas periodísticas, y que a veces emprende con discursos agresivos contra éstas, otras contra aquellos y otras confunde a los unos con las otras.

Imagine que además, Menem financia programas cloaca en la televisión oficial para escrachar una y otra vez, insistentemente, a periodistas no alineados, con la intención poco disimulada de generar una pequeña legión de fanáticos que los hostiguen.

Imagínese que cuenta con un grupo de periodistas de segunda línea, de esos miserables que siempre están dispuestos para hacer el trabajo sucio, de esos que ponen cara de malos, levantan el dedito y dicen siempre, pero siempre siempre siempre, lo que les mandan.

Frene aquí un momento.

No se ofenda tan rápido.

Le juro que no es para tanto.

No se olvide que estamos hablando de Menem.

Y trate de ser sincero con usted mismo. ¿Qué hubiera dicho? No sé usted, pero yo me acuerdo de esos tiempos. Como entonces, yo trabajaba de periodista y creía lo mismo que ahora: que los gobiernos tienen tantos, pero tantos recursos para hacer propaganda que el periodismo debe ejercer una función crítica, aun cuando sea injusta, aun cuando sea exagerada.

Periodismo a favor es igual a propaganda. Entonces, y ahora. Con aquel gobierno, con este, con el próximo. Y, entonces, como ahora, pienso que cuando ocurre todo eso junto –las agresiones discursivas, los escraches televisivos a disidentes en programas cloaca, los alcahuetes de segunda línea organizando campañas, algo tan típico del poder de todos los tiempos– se está generando un clima peligroso, pesadito, que transmite mensajes ambiguos para que sean interpretados libremente por tanta mano de obra que siempre hubo en este país. Eso hubiera pensado entonces. Y ahora.

Ahora demos una vuelta más, si no es pedirle demasiado. Imagínese –por favor, haga el esfuerzo, le juro que es importante– que en medio de todo esto, en una madrugada, alguien, algunos, queman en La Rioja, en una ciudad importante de esa provincia hipermenemista, el auto de una periodista que trabaja para uno de los pocos medios del lugar que no están alineados.

Naturalmente, sería injusto echarle la culpa de eso a Carlos Menem. Él no podía manejar todo. Pero sí repudiar inmediatamente lo ocurrido. Sí podría ejercer una presión pública insoportable para que las autoridades locales esclarezcan el hecho bien rapidito. Sí podría viajar y visitar a la víctima –tantas veces iba a La Rioja, tanto andaba por el mundo– para que quede claro, de una vez y para siempre, ante cualquiera que estuviera apenas expuesto a la duda, de que esos no son los métodos.

Ahora, imagine que pasan los minutos, las horas, los días, y Menem se hace el gil, mira para otro lado, habla del impuesto al cheque, del sexo de los ángeles y del bicentenario. Pero ni una palabra sobre el asunto.

Ahora volvamos a estos tiempos. Esta semana, en medio de un contexto agresivo contra el periodismo no alineado, manos anónimas quemaron el auto de Adela Gómez, una periodista de Caleta Olivia, que ya había recibido siete perdigonadas de goma en su cuerpo por parte de Gendarmería Nacional, sin que hubiera nadie condenado por ese episodio.

Gómez dice que tiene miedo, que duda sobre si seguir trabajando de periodista, porque se trata de una vocación de alto riesgo en su provincia, Santa Cruz. La situación de Adela Gómez es muy delicada.

Sólo las personas perseguidas por el poder saben lo que se siente: rápidamente, en los demás, se pone en marcha una serie de mecanismos que van desde el remanido “por algo será”, a la minimización de los hechos. Siempre ocurre. Sólo las víctimas saben lo que se siente cuando se es víctima de un escrache, de una persecución, de un atentado, que es lo que ocurrió en este caso.

Por suerte, hubo una manifestación masiva de repudio en Caleta Olivia. Gente de pueblo marchando. Así de simple. El silencio de tantas personas que, en otros tiempos, hubieran hecho fila para indignarse, mientras tanto, es muy llamativo.

Digo yo: ¿no hay demasiados silencios del lado de los buenos? Cuando un amigo de Néstor Kirchner pasa por encima con una cuatro por cuatro a una docente, cuando la Federal a cara descubierta reprime a chicos rockeros y –presumiblemente– asesina a uno de ellos, cuando se protege a un político aliado para que no pague costos por una tragedia que se llevó la vida de doscientos chicos, cuando se fugan los asesinos a sueldo que matan a un dirigente camionero por encargo de otro, cuando se financian barras bravas que asesinan personas, venden droga, son protegidos por la policía, digo yo: ¿no hay demasiado silencio del lado de los buenos?

Esto no tiene nada que ver con lo que cada cual puede opinar de un gobierno. Sólo que hay ciertas cosas que no se deberían dejar pasar nunca. Sea el gobierno la última coca cola del desierto –como indiscutiblemente lo es este– o, simplemente, como la mayoría de los gobiernos, apenas un gobierno, con sus cosas buenas, sus cosas malas y un balance a discutir. Pero hay cosas que no deberían dejarse pasar. Entre otras razones, para evitar daños mayores.

Hay momentos en que parece que algunas personas están jugando con fuego.

Y tanto lo hacen que un auto aparece quemado.

Justo el auto de una periodista disidente.

Disculpe usted que lo haya molestado. Si quiere, puede seguir sintiéndose progre, mire. Es que los enemigos son tan malos y tan poderosos, que mejor no decir nada. El que habla, es traidor. Para ser progre, es mejor callar. Uno se va a dormir tranquilo, con una buena imagen de sí mismo. Y después levanta el dedito contra los reaccionarios.

Qué raro que está todo, ¿no?

domingo, 28 de marzo de 2010

Montoneros - Crímenes sin castigo - Video Documental

Hablan: Mario Firmenich, Roberto Perdia, Ana Silva, Roberto Bascheti, Rodolfo Galimberti, Atilio López, Elvio Vitale, Leonardo Bettanin, Ernesto Jauretche, Silvia Walger, Chiqui Falcone, Topo Devoto, Susana Malacalza, Juan Carlos Ledes, Ernesto Martínez, Luis Mattini.
Opina: Jorge Lanata


viernes, 26 de marzo de 2010

La verdad que Víctor Hugo no cuenta


Por Pablo Dócimo


El tema "Víctor Hugo" daría para largo, ya que el polifacético locutor, que evidentemente es un talentoso relator de fútbol —el mejor a mi entender, sin dudas—, como periodista deja mucho que desear, puesto que, en temas de la vida cotidiana y sobre todo políticos, tiene una visión sesgada desde su óptica izquierdista, que lo transforma en uno de esos "progres" de hoy en día que nos pone muy nerviosos a los que tenemos otra visión del mundo, y sobre todo de nuestra Argentina contemporánea.

Hoy parecería ser que Víctor Hugo pasó de se ser una de las voces más críticas del kirchnerismo a uno de sus más destacados defensores; pero en realidad, esto no es así. El periodista no defiende a los Kirchner, sino que se defiende a sí mismo.

No es ninguna novedad, ni lo era cuando comenzó el debate por la nueva Ley de medios K, que el archi enemigo de Víctor Hugo es, desde hace muchos años, el Grupo Clarín, pero ¿de dónde proviene ese enfrentamiento tan agudo por su parte hacia el multimedio?

En el año 1980, cuando Radio Mitre trataba de competir con Radio Rivadavia y José María Muñoz, Julio Moyano, propietario de Moyano Producciones, encomendó a Fernando Niembro y Marcelo Araujo para que viajaran a Montevideo y tentaran a Víctor Hugo Morales, que en aquel entonces era el relator estrella en una radio de Montevideo, a incorporarse a Radio Mitre.

Así fue como comenzó a trabajar con Moyano Producciones en Mitre y formar parte del memorable programa deportivo Sport 80, junto a los periodistas: Néstor Ibarra, Fernando Niembro, Marcelo Araujo, Adrián Paenza, Alejandro Apo, Ricardo Ruiz y 'Tití' Fernández, entre otros.

Rápidamente, Sport 80 pasó a ser el programa insignia de la radio.

A partir de ese momento, el locutor uruguayo comenzó a hacerse famoso y destacarse con su excelente e impecable relato, que indudablemente, marcó un punto de inflexión en las transmisiones de fútbol argentinas.

Cuando se licitó Mitre, Moyano Producciones transfirió los contratos de Víctor Hugo, Bernardo Neustad y Juan Carlos Mareco a la sociedad que ganó la licitación.

Sin embargo, a fines de 1981, Morales había sido contratado por Radio Argentina en una cifra multimillonaria para, entre otros proyectos, relatar el Mundial de Fútbol que se jugó en España en 1982.

Aquella experiencia de Radio Argentina fue un desastre para muchos, incluyendo a Bernardo Neustadt y Mariano Grondona, quienes también fueron convocados para el fallido proyecto radial.

Simultáneamente, Víctor Hugo le inició un juicio a Radio Mitre porque afirmó que Julio Moyano no le permitió relatar el último partido de Boca Juniors del campeonato de 1981 por irse de Mitre sin negociar con la emisora una alternativa de continuidad en la misma, por lo que el relator esgrimió en el juicio “no haber podido beneficiarse económicamente con la venta de discos con los goles de Boca, que se consagró campeón, por no haber podido relatar el último encuentro.”.

Víctor Hugo ganó el juicio, que fue incorporado al precio de compra que pagó Clarín por la adquisición de Mitre.

Por lo tanto, el Grupo tuvo que indemnizar a Víctor Hugo con US$ 400.000, en concepto de sueldos, más dos pasajes por año a Europa y el valor de dos automóviles 0 Km. también anuales.

Evidentemente, en ese entonces, Víctor Hugo no imaginaba que el Grupo Clarín iba a manejar, entre otras cosas, el fútbol, su principal fuente de ingresos.

Lógicamente, luego de este episodio, Clarín le cerró las puertas al relator uruguayo. ¿Qué empresa contrataría a una persona que le haya hecho semejante juicio?

Y así, Morales comenzó a bombardear al grupo, invadido tal vez por un poco de celos y otro poco por envidia. Esta es, ni más ni menos, la verdad que Víctor Hugo no cuenta.

Lejos quedó ya aquella visión crítica e independiente del kirchnerismo, como cuando por orden del Gobierno Nacional lo echaron de Canal 7, como además parecen haber quedado, no sólo lejos, sino también en el olvido, aquellos reclamos cuando en agosto de 2008, mediante la Resolución 646, el interventor del entonces denominado ComFeR, Gabriel Mariotto, le había prohibido a Prisa transmitir la programación de su AM, Continental, en la FM 104.3.

En aquel entonces, Morales aparecía por cualquier medio que le fuera posible para decir que el gobierno tomaba represalias con Radio Continental, y con él en particular, por su postura en relación al conflicto con el campo.

Hoy, Víctor Hugo no defiende al kirchnerismo porque está convencido de que tanto la estatización de la televisación del fútbol como la nueva Ley de Medios K son beneficiosas para el país o la ciudadanía, defiende al kirchnerismo porque estas medidas perjudican a Clarín, y sobrepone su interés personal por sobre todas las cosas. Es simplemente eso.

jueves, 25 de marzo de 2010

A los Kirchner no les pasó nada: siempre fueron iguales


Por Jorge Fontevecchia

El director de la Editorial Sudamericana, Pablo Avelluto, me envió un mail que decía: “Te pido que le eches una mirada al libro de Ernesto Tenembaum que estamos publicando este mes. Se llama ¿Qué les pasó?

Me parece que tiene algunos elementos que te pueden llamar la atención: es el primer periodista que acepta públicamente haber creído en el kirchnerismo y haberse desengañado luego.

Plantea la historia de estos años desde la microhistoria, las rupturas con los amigos tras su incorporación a Radio Mitre, sus vivencias del conflicto entre el Grupo Clarín y el Gobierno y el modo en que se astilló la estructura comunicacional argentina”.

Ernesto Tenembaum me había enviado un ejemplar que vino con la siguiente nota: “Creo que este libro es un intento por entender qué nos pasó en estos años tan intensos, complejos y apasionados, para comprender el lío en el que estamos metidos. Ojalá sirva y te guste. He discutido mucho, mentalmente, con tus muy buenas contratapas. Alguna vez, quizá, lo hablemos personalmente”.


Leí su libro. Está muy bien escrito y lo disfruté mucho. Pero no pude –aunque me gustaría– coincidir con la tesis de que hubo dos Kirchner: uno en sus primeros años de gobierno, el que conquistó al autor y a muchos más, y otro diferente después: el actual. Desde ese punto de partida, Tenembaum se pregunta y trata de explicarse “qué les pasó” a Kirchner y a su esposa, que de aquellos “ángeles” se convirtieron en estos demonios.

Al revés, coincido con la posición que da Nelson Castro en la propia y honesta solapa del libro de Tenembaum: “La pregunta del título –¿Qué les pasó?– tiene varias respuestas. Algunos pensamos que a los Kirchner no les ocurrió nada: siempre fueron iguales. Ernesto da aquí su propia perspectiva en un texto, al mismo tiempo, descarnado, apasionante y revelador”.

Es cierto que a partir de 2003 Kirchner nombró la Corte Suprema de Justicia más independiente y valorada de muchas décadas y promovió nuevos juicios a los ex represores. Pero al mismo tiempo apoyaba al único grupo de medios que siguió defendiendo la memoria de la dictadura y algunos de sus legados militaristas, por entonces Radio 10 y Canal 9, conducidos por Daniel Hadad.

Aunque los fines fueran nobles, ¿podía enamorar alguien para quien el fin justifica los medios justo en un tema como el de los derechos humanos, donde la autoridad moral es más trascendente que la intelectual? (En la página 66 de su libro, Tenembaun escribe: “Durante 2004, Canal 9, de Daniel Hadad, multiplicó por diez la publicidad oficial, de 650 mil pesos a 6 millones y medio”).

Tenembaum también escribe: “Hay cazadores de brujas para los cuales es un pecado ser kirchnerista, o no serlo, o haberlo sido, o haberlos insultado con toda el alma. Fui un poco de todo eso, en distintos tiempos”. En ese sentido, el autor de ¿Qué les pasó? representa al argentino medio que simpatizó con Kirchner y luego lo repudió. Creo que eso es igual a equivocarse dos veces. Porque ni Kirchner fue un patriota que mereciera admiración en 2003 ni corresponde que hoy sea “insultado con toda el alma”.

En lugar de preguntarse qué les pasó a los Kirchner que cambiaron, lo correcto sería preguntarse qué les pasó a quienes creyeron que Kirchner era distinto de lo que era y ahora, o más precisamente desde mediados de 2008, tras el conflicto con el campo, cambiaron de opinión sobre los Kirchner.

La pregunta es aún más pertinente teniendo en cuenta que a muchos de ellos ya les pasó lo mismo con Menem, con De la Rúa y con Alfonsín, a quienes apoyaron jubilosamente y luego insultaron con ira. Si con ex presidentes de tan diferentes calidades personales e intelectuales se repite el ciclo donde quien comenzó aplaudido terminó maldecido, ¿no habría que pensar que algún problema también hay en quienes adhieren y luego rechazan?

Si se equivocaran dos veces, ¿no se recrea la situación para volver a caer en el mismo círculo donde el próximo presidente, por contraposición con el “diablo” que se deja atrás, también sea vitoreado al principio para, por exceso de ilusión inicial, nuevamente desembocar en otra desilusión enojosa?

Desde el periodismo son posibles otras posiciones. Por ejemplo, considerar la crítica continua aun de lo que está bien encaminado (y obviamente de lo que está mal) como una contribución a la mejora porque aun en lo bueno hay cosas malas que corregir.

El origen del problema se desarrolla justamente en el primer capítulo del libro de Tenembaum titulado “Los enemigos”. Allí cuenta qué le sucedió durante un reportaje a Jorge Rivas, el socialista ex vicejefe de Gabinete del gobierno de Kirchner, quien tuvo que dejar su cargo porque durante un robo recibió un golpe que lo dejó sin poder moverse ni hablar. El reportaje se hizo recién cuando pudo volver a comunicarse gracias a una computadora adecuada especialmente para mover el cursor en la misma dirección que Rivas movía su cabeza, de esta forma elegía letras que formaban palabras que luego se transformaban en sonidos emitidos por el parlante de la computadora.

Tenembaum le pregunta a Rivas a quién votó, y él responde:

—A Kirchner.

—¿Y qué es lo que más te entusiasma de él?

—Los enemigos.

El autor de ¿Qué les pasó? nos cuenta que luego, con la voz de metal de la computadora, repitió: “Los e-ne-mi-gos”, y Rivas agregó: “A mí también Clarín me pone nervioso”. Este final motivó la reflexión de Tenembaum porque a él mismo, hace seis años, los enemigos de Kirchner lo acercaron a Kirchner. Algo que ya, por lo menos parcialmente, no podía seguir haciendo porque trabaja para dos empresas del Grupo Clarín donde, justamente, iba a difundir ese reportaje.

En ¿Qué les pasó? se cuenta que no pocos eran los que sostenían que si “Kirchner estaba contra la Iglesia, contra los militares, contra Clarín y contra los Estados Unidos, no podía ser malo”. Equivocarse dos veces sería ahora decir que si “Redrado, Carrió, Reutemann, o quien fuere están en contra de Kirchner, no pueden ser malos”.

Y Tenembaum reproduce un párrafo del libro El juego del ángel, del español Carlos Zafón, que dice: “La mayoría de nosotros, nos demos cuenta o no, nos definimos por oposición a algo o a alguien más que a favor de algo o alguien (…) Nada aviva la fe y el celo del dogma como un buen antagonista. (…) Una de las funciones de nuestro villano debe ser permitirnos adoptar el papel de víctimas y reclamar nuestra superioridad moral. Proyectaremos en él todo lo que somos incapaces de reconocer en nosotros mismos y demonizamos de acuerdo a nuestros intereses. Basta convencer al santurrón que está libre de pecado para que empiece a tirar piedras”.

sábado, 20 de marzo de 2010

Como dijo el senador Luis Alberto Viana fue una "reunión social en la que sólo" habló la presidenta


Como en otros tiempos, hubo asado compartido por legisladores y funcionarios oficialistas en el Quincho de Olivos. Lo encabezó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, de quien sus invitados debieron escuchar un discurso de aproximadamente una hora en el que hubo, amén de algunas anécdotas sobre su pasado político, una renovada carga contra la oposición.


El encuentro fue, sobre todo, un asado de camaradería para mantener la unidad K en las Cámaras. Pero en su discurso, la presidenta no hizo mención a la estrategia legislativa –más allá de algún llamado al diálogo y a "evitar que la oposición choque el Parlamento"- ni a la coparticipación del impuesto al cheque que la oposición quiere modificar. En la reunión hubo un faltazo notorio, el del senador misionero Luis Alberto Viana, que avisó además que votará con la oposición en el impuesto al cheque.

En el quincho de la residencia de Olivos, Cristina sostuvo que el balance del Legislativo era "absolutamente positivo" cuando el kirchnerismo tenía la mayoría pero que eso cambió cuando "el grupo A (la oposición) llegó al Parlamento". "Nunca se vio una cosa igual a la que se está viendo en el Senado. Nunca se vio un escenario de gente que no sabe qué hacer. Y hay una razón sencilla: (los opositores) no son una mayoría política; tienen diferencias; tienen proyectos encontrados", atizó la Presidenta.

En más de un pasaje, hizo mención al pasado de los opositores por la Alianza que llevó al Gobierno de Fernando de la Rúa, aunque con una comparación negativa para los dirigentes actuales: el arco opositor actual, dijo, "es más heterogéneo, menos consistente, menos armónico que la Alianza". Sin nombrarlo, del jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, dijo que "no hace nada" y les echa la culpa a otros.

También abundó en los cuestionamientos a la jueza María José Sarmiento, que en enero falló dos veces contra el Gobierno en el marco del conflicto por las reservas y cuyo padre, el coronel retirado Luis Alberto Sarmiento, sufrió ayer una orden de detención luego revocada en el marco de una megacausa por Derechos Humanos que se sustancia en Misiones. Cristina aseguró que el Poder Ejecutivo no sabía que la Secretaría de Derechos Humanos "había querellado al padre de esta jueza" y que, de haberlo sabido, la hubieran recusado. Pero también resaltó que la situación era causal no sólo para la recusación sino también para "la excusación" por parte de la magistrada.

A los legisladores que la estaban escuchando, les agradeció "la pelea que dan todos los días" y los llamó a dar "mucho debate pero también mucha explicitación y relato público de lo que pasa". También elogió distintas medidas de su Gobierno, sostuvo que "la economía anda muy bien" y anticipó que pronto habrá novedades sobre el canje de deuda.

El de hoy fue el primer asado kirchnerista con los legisladores oficialistas, algo que era habitual en los gobiernos de Eduardo Duhalde y Carlos Menem. En la mesa presidencial -la de Cristina- estuvieron los jefes de las bancadas K en Diputados, Agustín Rossi, y el Senado, Miguel Pichetto; el vicepresidente provisional del Senado, José Pampuro; y el titular de la Cámara baja, Eduardo Fellner. Otra de las presencias centrales fue la del ex presidente y hoy diputado Néstor Kirchner.

El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, llegó a la quinta presidencial más bien tarde, alrededor de las 12:45. Otros llegaron antes del mediodía. Algunos llegaron con pequeños anuncios: el titular de la Comisión de Presupuesto y Hacienda de Diputados, Gustavo Marconatto, confirmó que el ministro de Economía Amado Boudou fue convocado para el jueves a las 18 al plenario de las comisiones de Presupuesto y Hacienda y Economía y Finanzas (era lo que pedía Boudou, que con la excusa de que iría de una vez a las dos comisiones había dejado plantados a los diputados de Finanzas que lo habían citado).

El que no apareció por la quinta fue el senador kirchnerista por Misiones Viana, quien, además, calificó al almuerzo como una "reunión social en la que sólo" hablaría la presidenta. Viana comenzó a tomar distancia del bloque al que pertenece (el K) al anticipar que votará junto con la oposición a favor de aumentar la parte coparticipable del impuesto al cheque, que hoy va mayormente a las arcas de la Nación. Con el gesto de hoy, parece haberse alejado un poco más.

Fuente: Clarín

viernes, 19 de marzo de 2010

China National Offshore Oil Corporation de la mano de Bridas llega a Argentina

Por Marcelo Zlotogwiazda


Los chinos vienen marchando

Con la adquisición de la mitad de Bridas a un precio de 3.100 millones de dólares por parte de la China National Offshore Oil Corporation (CNOOC), la segunda potencia mundial finalmente llega a la Argentina en su arrollador proceso de expansión en pos de asegurarse materias primas que le permitan mantener su extraordinario crecimiento.

Hace muchos años que los chinos emprendieron la misión estratégica de invertir en el extranjero para garantizarse fuentes de abastecimiento de insumos clave. El petróleo fue el objetivo prioritario, por su importancia fundamental en la producción y debido a que desde 1993 China pasó a ser un importador neto de crudo. Fue ahí cuando decidieron fortalecer, modernizar y financiar a las empresas del sector para salir a conquistar el mundo. A través de CNOOC, de China National Petroleum Company y de Sinopec, hoy disponen de yacimientos en varias partes del mundo. La compra del 50 por ciento de Bridas es un eslabón más de esa larga cadena.

La novedad no está dada por el petróleo. La novedad es que el capital chino logra pisar fuerte por primera vez en la Argentina, un país que hasta ahora había quedado bastante al margen de una expansión que ya tiene fuerte presencia en América latina:

- En Brasil los chinos están asociados a Petrobras y la financian con miles de millones de dólares para la exploración y explotación marítima, también trabajan junto con el conglomerado siderúrgico Vale Do Rio Doce, y comparten proyectos con la fábrica de aviones Embraer, por citar algunos ejemplos.

- En Chile, además del Tratado de Libre Comercio (TLC) que firmaron con Michelle Bachelet hace unos años, los chinos realizan inversiones junto con la estatal Codelco en el sector cuprífero, y tienen avanzados planes para desarrollar en el norte estructura portuaria que sea funcional a los flujos comerciales por el Océano Pacífico.

- Con Perú también firmaron un TLC, y además participan en negocios de extracción de minerales, de pescado y de petróleo. La CNPC pagó hace un tiempo 200 millones de dólares por la filial peruana de la argentina Pluspetrol. Perú Copper se vendió a la estatal china Aluminium Corp en alrededor de 800 millones de dólares.

- En Ecuador la china Andes Petroleum adquirió activos canadienses por 1.400 millones de dólares y en julio del año pasado el gobierno de Rafael Correa recibió un préstamo de 1.000 millones de dólares a cambio de petróleo.

- En Bolivia los chinos tienen comprometidas inversiones por más de 1.000 millones de dólares en petróleo y gas en sociedad con Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos.

- En la Venezuela de Hugo Chávez las inversiones rondan los 5.000 millones de dólares por año, sólo en el sector de hidrocarburos.

Con la Argentina era diferente. Si bien cinco años atrás, luego de una gira por China del entonces presidente Néstor Kirchner, se anunció que iban a llegar inversiones chinas por 20.000 millones de dólares destinadas a obras energéticas, vivienda, ferrocarriles (fue la primera vez que se habló de un tren de alta velocidad Buenos Aires-Córdoba), caminos, turismo, etc., nada de eso sucedió.

La relación económica continuó dominada por el intercambio comercial, que sí registró un vertiginoso incremento. El comercio bilateral subió un 120 por ciento en el cuatrienio 2003-2007, y en 2008 siguió aumentando hasta rozar los 14.000 millones de dólares: para entonces China se había convertido en el segundo comprador de la Argentina con 6.600 millones de dólares (casi un 10 por ciento del total de exportaciones), y en uno de los tres principales proveedores.

Claro que con una composición muy desbalanceada, ya que mientras el grueso de las ventas a China son materias primas y derivados oleaginosos, en las compras predominan bienes con mucho mayor valor agregado.

Pero en cuanto a inversiones productivas o adquisiciones de capital, el único antecedente significativo fue el infructuoso intento de CNOOC por comprarle a Repsol el 85 por ciento que conserva en YPF.

Recién a partir de este año se reactivó el interés. Durante la gira por China que en enero encabezó el canciller Jorge Taiana se firmaron acuerdos que incluyen compromisos de inversión en minería en el Norte, y muy fuertes desembolsos para aumentar considerablemente la capacidad de transporte del Belgrano Cargas. (Que en su expansión por la Argentina los chinos se interesen en los ferrocarriles parece un déjà-vu de la presencia imperial inglesa del siglo XIX.)

Cristina se bajó a último momento de ese viaje largamente programado con la excusa de que no quería dejarle el mando presidencial a Julio Cobos en medio del conflicto que se había desatado por el uso de reservas para pagar deuda.

Curiosamente, la crisis la había provocado Martín Redrado, quien había sido el gestor del único hecho concreto de relevancia en la relación bilateral del 2009: el swap entre pesos y yuanes por el equivalente a 10.000 millones de dólares, por el cual en medio de la crisis mundial el Banco Central argentino se aseguraba por un plazo de tres años el acceso contingente a ese monto de reservas en moneda china.

Si hay algo que no les falta a los chinos es dinero, reservas y financiamiento. Además de los fondos propios de sus corporaciones, el gobierno no cesa de acumular reservas que ya superan los 2 billones de dólares, a lo que se agrega la conformación de un Fondo Soberano que cuenta con cerca de 300.000 millones de dólares.

Con la compra de la mitad de Bridas, CNOOC toma control del 20 por ciento de Pan American Energy, una compañía donde British Petroleum posee el restante 60 por ciento. PAE es la segunda productora de petróleo y gas del país, cuenta con la mayor cantidad de reservas certificadas, y para su principal yacimiento (Golfo de San Jorge) consiguió que la concesión fuera extendida por el gobierno de Chubut a 40 años.

¿Es una buena o una mala noticia? Un elemento para tener en cuenta: en 2005 CNOOC ofreció 18.500 millones de dólares por la petrolera estadounidense Unocal, y la operación se abortó por el rechazo de demócratas y de republicanos.

Mis Gloriosos Hermanos


Por Ernesto Tenembaum


El poder de un libro

Hace pocos días, un gran amigo les regaló a mis hijos un libro que marcó mucho mi adolescencia. Se llama Mis gloriosos hermanos y su autor es el norteamericano Howard Fast. Se trata de un relato épico sobre la revuelta del pueblo judío contra el imperio asirio ocurrida un siglo y medio antes de Cristo. “Por espacio de tres décadas libraron una batalla que, como esfuerzo de resistencia y liberación, casi no tiene paralelo en la historia de la humanidad”, cuenta el autor, en la primera página.

Lo leí por primera vez hace unos treinta años y recuerdo que es una variante hermosa y turbulenta de la leyenda de David contra Goliat, el pequeño que enfrenta al gigante, el débil que enfrenta al fuerte, la cual se repite, cíclicamente, en distintos episodios de la historia del pueblo judío. Entrado el siglo XX, el relato de la rebelión del gueto de Varsovia, su lugar central en la autopercepción judía posterior al Holocausto tiene, quizás, el mismo sentido, la misma mística.

Otro amigo que, en estos mismos días, publicó un libro de su autoría, me decía: “No sé. Veo sobre la mesa un par de ejemplares de mi libro y no lo puedo creer. Me da vergüenza, pudor, orgullo, le reconozco al tema una importancia que sólo yo le doy. Sé que va a quedar en la historia de mi vida. Para siempre, lo voy a mirar en mi biblioteca... si es que en unas décadas las bibliotecas existen, y si es que los libros existen”.

¿Existirán los libros y las bibliotecas cuando mi amigo sea bisabuelo y, cada tanto, eche una mirada vanidosa a su propia –y pequeña, hay que decirlo– obra?

Mis gloriosos hermanos fue publicado por primera vez en 1948. “Fue, en cierto sentido –escribió Fast–, la primera lucha moderna por la libertad y estableció una pauta que siguieron muchos movimientos posteriores. Esa historia... es la que he tratado de narrar aquí, pues considero que en esta época problemática y amarga es útil y necesario recordar la antigua entereza del género humano.” El ejemplar que llegó a manos de mis hijos era el último que quedaba en la ciudad de La Plata y fue editado en 1995, es decir, hace quince años.

Yo no creo que los libros dejen de existir. Por alguna razón extraña, muchas personas creen que los avances tecnológicos desplazan a sus predecesores en lugar de superponerse a ellos como capas geológicas. ¿Quién iba a seguir leyendo diarios desde el momento en que apareció la radio? ¿Y quién seguiría escuchando radio luego de la aparición de la tele? ¿Para qué serviría ir al cine luego del descubrimiento del reproductor de video? ¿A quién se le va a ocurrir acumular libros si se podrá tener miles de esos libros archivados en una aparatito liviano y pequeño como una caja de fósforos? Tiene su lógica el razonamiento, pero algo hace que algunas cosas –como los diarios de papel, la radio, los libros– perduren.

Quizá las nuevas generaciones encuentren en el brillo de una pantallita la belleza que nosotros sentimos en ese olor a tinta que inunda cuando uno entierra la cara en un libro recién impreso, en la intimidad de la relación entre un lector y un libro –que no se produce con la dichosa pantallita–, en el tempo tan particular que significa sentarse con ese objeto y empezar a recorrerlo, y mirar con cierto orgullo, digno quizá de mejores causas, a medida que el señalador avanza y refleja el camino recorrido.

Hay otro motivo por el que, seguramente, los libros no dejarán de existir. Muchas personas les atribuyen un poder casi mágico, que obviamente no tienen. Grandes novelas tienen como protagonistas a libros poderosos, y es difícil que alguna vez en ellas aparezcan “ordenadores”, como dicen los gallegos, en un lugar tan mágico, misterioso, intrigante.

En el segundo tomo de Harry Potter, por ejemplo, es un libro el que expresa los designios del maléfico Voldemort. Y en El nombre de la rosa, el asesino mata a través de incitar a sus víctimas a la lectura de un libro maldito. “Huye de los profetas y de los que están dispuestos a morir por la verdad, porque antes suelen provocar también la muerte de muchos otros, a menudo antes que la propia y a veces en lugar de la propia...

Quizá la tarea del que ama a los hombres consiste en lograr que estos se rían da la verdad, lograr que la verdad ría, porque la única verdad consiste en liberarnos de la insana pasión por la verdad”, concluye, curiosamente, ese texto. ¿Se imaginan esas palabras en una pantalla tipo iphone? En El juego del ángel, de Carlos Ruiz Zafón, el diablo, disfrazado de editor de libros, intenta convencer a un autor –tamaña ingenuidad– para que escriba un libro fundante de una nueva religión.

Es raro, apenas se trata de objetos pero despiertan imaginación, paranoia, pasiones encontradas, como si no fueran sólo letras que se leen más o menos rápido, y se olvidan la mayoría de las veces. Los libros son leídos por una ínfima porción de una sociedad, y –en general– logran alguna trascendencia sólo si expresan un fenómeno social subyacente.

O sea: que no valen por sí mismos. Pero, a lo largo de la historia, dictadores, o gobernantes con algún costado fascistón, o sus amanuenses y alcahuetes, han quemado libros, los han prohibido, han perseguido a sus autores, los han obligado a retractarse o han orquestado campañas de difamación contra ellos, tan pequeñas como autodenigrantes.

Se los ha temido desde la izquierda y desde la derecha. Siempre, en la historia de los seres humanos, ha habido personajes menores dispuestos –curiosamente– a ensañarse con libros que no han leído, a defender a sus líderes atacando a quienes publican textos que puedan ofenderlos.



Y todo sin ningún sentido.



Howard Fast, el autor de Mis gloriosos hermanos, supo de ello porque –pese a haber sido leal a su país durante la Segunda Guerra– era un judío comunista que fue encarcelado durante el macartismo. Entre rejas escribió Espartaco, su novela más famosa, que trataba de una rebelión de esclavos en la Antigua Roma. Edgar Hoover hizo lo imposible para que el texto no se publicara –los libros, siempre los libros–. Pero fue derrotado. En 1960 se estrenó la película, interpretada en el cine por Kirk Douglas y Laurence Olivier. Parece que Fast era de esos tipos valiosos pero confundidos, que en 1953 recibió el premio Stalin de la paz, pero en 1956 dejó el comunismo por el espanto de la represión comunista en Hungría. Hubo muchos de ellos en aquellos tiempos.

En cualquier caso, dejó varios libros. Uno de ellos, mi preferido, es Mis gloriosos hermanos. Ojalá mis pibes dejen un rato de jugar a la wii, para poder leerlo de nuevo, ahora con ellos. Es una edición de tapa dura. En la dedicatoria dice: “A todos los hombres, judíos y gentiles, que dieron su vida en la antigua e inacabada lucha por la libertad y la dignidad humanas”.



Ustedes disculpen, pero los dejo. Creo que me voy a pasar un buen rato.

Para reflexionar, el problema está en nosotros

jueves, 18 de marzo de 2010

"El abuso de poder no lo hacen los dictadores como era antes y esto es inexcusable"


Enrique Pinti, el mejor humorista político de estos tiempos, se refiere al Bicentenario.

-Creo que nosotros por 200 años hemos pasado por pocas cosas. Primero Colonia, después República, después Anarquía, la guerra del Paraguay que la armamos nosotros, la Triple Alianza y la guerra de las Malvinas en 1982 que duró 2 meses. Me parece que tenemos una ventaja por sobre Europa del siglo XX que han pasado guerras, hambre, etc. Si nos ponemos a pensar desde esa perspectiva histórica, no nos ha pasado nada, sólo Gobiernos.



Todos los Gobiernos tienen como una especie de ácido lisérgico que es el poder, que les hace ver un país, no virtual solamente, una visión, como si usaran LSD. Entonces ven un país que no sólo es virtual sino fantasmagórica. Van pasando por una serie de etapas donde niegan la realidad porque mucha de esta gente que llega al poder no es la más capacitada.

Las instituciones están muy complicadas porque, como ahora hemos tenido veintipico de años de democracia, el abuso de poder no lo hacen los dictadores como era antes. Ahora las instituciones han empezado a funcionar, entonces el abuso de poder lo comete la gente que está en la democracia, esto es inexcusable. Por eso creo que las instituciones necesitan una limpieza a fondo. Yo eliminaría para siempre de la política a los punteros, para mi eso es un horror.

Siempre hay esperanza porque nosotros tenemos un país que sigue siendo potencialmente fantástico, hay que ponerlo en movimiento dejando rencores, estupideces y chicanas políticas de cuarta.

Tengo esperanza de que esta inmadurez va a terminar, a lo mejor una nueva generación de políticos que ya no tengan los rencores acumulados de tantos años atrás puedan hacer algo. Si nacieron como punteros y se vendieron al peor postor, no sirven para nada.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Los errores del pasado: ¿Por qué fracasó la Alianza?


Por Marcos Novaro

¿Por qué fracasó la Alianza? Es una pregunta que muchos se hacen hoy en día, Y que muchos más necesitan hacerse para no volver a cometer los errores del pasado. Y esto porque, contra lo que hasta hace muy poco parecía un parámetro irreversible de la política argentina (que "nunca más" habría un presidente radical ni una coalición gobernante que girara en torno al radicalismo) hoy se nos presenta como bastante probable la circunstancia de que esa "historia conocida" se repita, y con ella la oportunidad de que fracase por las mismas causas.

Para evitarlo hay que empezar por saber cuáles fueron. Al respecto hay unos cuantos debates económicos en curso. Pero los más importantes, y los que están más verdes, son los aspectos políticos del problema. Así lo ha revelado en estos días Elisa Carrió: creyendo que daba una buena explicación de los mismos, lo que en verdad hizo fue dar ejemplo de lo fácil que es ser víctima de ellos.

Veamos: su argumento fue que los "malos radicales" están en este momento tomando el control de ese partido, esto es, alejándolo de sus manos, las de Carrió, y que por ese camino terminarán por "repetir lo de la Alianza". Carrió puso en práctica así, tal vez sin saberlo, la misma pauta que imperó casi siempre en la relación entre quienes conducían la coalición UCR-Frepaso: la permanente disposición a "hacerle la interna" a los aliados, debilitar lo más posible su cohesión, para tratar de absorber sus sectores más afines y, finalmente, quedarse con sus bases electorales. En aquella época eso se llamaba "transversalidad".

Y es la misma fórmula que años después utilizaría, aún con más éxito y desenfado, el kirchnerismo para cooptar a los sectores afines de cada fuerza política existente en el convulsionado escenario post 2001. Así Kirchner creó una coalición "progresista" mucho más amplia y consistente que todo lo hasta entonces conocido. Y creyó, igual que antes había creído y ahora volvía a creer Carlos Alvarez, que podría disolver los tradicionales clivajes de la política argentina y reemplazarlos por otros nuevos, más representativos, más productivos, en suma, mejores.

La idea subyacente a esta pretensión es bastante más antigua que esos líderes. Es casi tan vieja como esos mismos partidos que se busca descomponer y recomponer en nuevas formaciones: parte del supuesto (que por cierto no carece de asidero), de que los intereses y las ideologías están mal agrupados dentro de los partidos argentinos (los obreros están con los conservadores, las clases medias acomodadas con los reformistas sociales y cosas por el estilo), y que esa es una causa fundamental de nuestra inestabilidad política. Para tener una mejor política, hay por tanto que empezar por agruparlos "bien", antes de empezar a preocuparse por cuestiones más instrumentales y secundarias, como el Estado, las políticas públicas, y cosas por el estilo.

Si uno pasa revista a nuestra historia reciente, puede ver que todos los gobiernos gastaron buena parte de sus energías en "hacerle la interna" a los otros, incluso a sus aliados. Lo hicieron los radicales frente al peronismo, pero también, como se ha visto con Kirchner, los peronistas con los radicales, e incluso los militares con todos ellos.

El resultado siempre fue decepcionante. A fines de los noventa, cuando "pareció" que la ambigüedad peronista había terminado y el PJ ya sólo podría representar intereses e ideas conservadores, muchos radicales y frepasistas creyeron que había llegado el momento de aclarar las cosas, y de formar una gran coalición progresista que absorbiera las banderas distribucionistas y los votos obreros.

Pero visto desde el Frepaso, hacerlo también exigía terminar con la "anomalía" radical, la que permitía que dentro de la coalición habitara un conservador como De la Rúa, y que Menem con sus políticas también había puesto en crisis. En tanto que para los radicales que soñaban todavía con una UCR socialdemócrata la solución era la inversa, reabsorber al progresismo que se había fugado hacia el Frepaso por las propias falencias, para lograr lo que ya había intentado Alfonsín sin éxito en los ochenta, ahora que las circunstancias eran favorables.

Es así como la Alianza se concibió, desde cada uno de los socios, como el camino más corto para arrebatarle al aliado su razón de ser, absorber sus sectores más afines y completar la tarea de "clarificación" que Menem había empezado. Por supuesto, no fue este el único inconveniente que tuvo la Alianza. Pero ayudó bastante a que sus dirigentes ocuparan gran parte de su atención en menesteres facciosos y se debilitara la confianza entre sus partes.

Y es que no existía ninguna predisposición a fortalecer a los aliados, todo lo contrario: el acuerdo se hizo con la inconfesable previsión de que pronto sería irrelevante, porque la contraparte estaría mucho más débil, o directamente habría sido absorbida como porción menor de la propia fuerza.

Algo que hemos visto se repitió en la experiencia reciente de la Concertación Plural. Y en alguna medida también ha signado la suerte de la Coalición Cívica: ninguno de ellos ha sido una auténtica coalición entre partidos, son fórmulas transversales orientadas a fusionar a las partes en un magma que luego se verá cómo se institucionaliza.

En suma, si la Alianza fracasó fue al menos en parte por lo mismo que han fracasado otros muchos experimentos políticos que en vez de consolidar las fuerzas políticas existentes apuntan a disolverlas para crear otras nuevas.

Estos experimentos en ocasiones logran hacer lo primero, pero recurrentemente fracasan en su promesa de "barajar y dar de nuevo", reordenar de raíz el sistema de partidos para terminar con la "vieja política".

Tal vez el mejor camino para no repetir los errores de entonces sea crear una verdadera coalición de partidos, fundada en el respeto de la conducción, la organización y las bases políticas de las contrapartes, y dedicarse a esos menesteres que entre nosotros suelen parecer secundarios, como es el desarrollar las mejores políticas públicas que sea posible.